X.
Desahogarse.
Necesitaba meterme en el mar.
Salí a correr temprano.
Llegando al final de la playa me saqué la ropa y la dejé en las rocas.
Había pensado en ponerme el bañador, justo para el baño final.
No había nadie a esas horas.
Todo el mar y el silencio para mi.
Impensable a cualquier otra hora del día. O de la noche.
Me adentré en un mar en calma.
Me quedé flotando, con los ojos cerrados. Dios, qué paz!
Volví a la realidad y nadé hacia la orilla.
Me detuve y miré la playa. Qué minúsculos somos.
Salí del agua, tranquilamente, pausadamente.
Me sequé los pies con mi camiseta, para poder calzarme las bambas de nuevo.
Me puse los shorts encima del bañador mojado, que me sirvió de camiseta.
Caminé de regreso a mi casa.
Estaba siendo un mes muy movidito.
Acababa de llegar de Porto, después de lo de La Coruña y tenía que volver a salir.
Teníamos un encargo en Ponferrada.
Me tocaba a mi hacer la primera valoración.
En el trabajo, el oficial, teníamos unas conferencias opcionales, en León. Así que me pillaba cerca.
Lo malo, porque siempre tiene que haber un pero, es que o bien iba a León en tren, con todos los demás asistentes, o iba en coche, por mi cuenta.
El viaje a Ponferrada no era opcional, así es que decidí ir en coche. A pesar del palizón que eso suponía.
Me metí en la ducha.
Dejé que el agua cayera.
Lo bueno de traer el pelo corto es lo rápido que terminas de ducharte y peinarte.
Tenía la ropa preparada y no me molesté en secarme el cabello.
Mi bolsa de viaje estaba preparada en la entrada.
Mandé un mensaje a N para decirle que iba a salir justo en ese momento. Eran las 6:30 de la mañana, una hora genial, para iniciar el viajecito. Tenía previsto llegar a mediodía.
N me contestó con un "ok", que me pareció somnoliento, al tiempo que metía mi bolsa en el maletero.
Pillé carretera con la música del coche a tope. Tenía previsto cantar hasta llegar a Tudela. Más o menos la mitad del viaje. Pero a la media hora de viaje, recibí una llamada de R.
Ashhhh.
Desde la última vez que nos vimos, digamos que habíamos entablado una "amistad".
-Hoolaaa.
-Hola rubia, vas bien?
-Hace media hora que he salido, no he tenido tiempo de cansarme!
-Lo se, pero voy de regreso a casa y he pensado en ti.
Mira tu qué bien.
En la pantalla del coche salía su foto de contacto.
Joder, que guapo era.
-
He pensado, que podría acercarme....
¡Su ptmadre!
-¿Acercarte?
-A verte. ¿No te apetece?
Pregunta trampa, contestase lo que contestase me iba a ir mal.
Me apetecía, esa era la verdad.
-
A verrrr, ¿que has pensado?
-Bueno mañana, aprovechando que quieres ir al castillo de Ponferrada, y que solo está a dos horitas de mi casa...he pensado en alcanzarte ahí. Se que no tenías pensado pasar la noche, pero tal vez podrías hacer un pequeño cambio de planes....que sabría recompensar...
Me eché a reír.
Y el se rió también.
-¿Vas a invitarme a cenar no?
-También.
Me reí de nuevo, era evidente que la cena era lo que menos le apetecía.
-Va rubia, di que si.
-Ya sabes que si.
-Sabía que no podrías resistirte a mis encantos. Me avisas cuando llegues, ok?
-Yassss
La verdad era que habíamos congeniado bastante bien. Nos entendíamos.
Pero era poli. No podía olvidarlo.
El camino empezó a parecerme aburrido, justo pasar Zaragoza, pero me concentré en no detenerme antes de las 3 horas de viaje.
Fue un alivio bajar del coche.
Decidí comprar galletas o algo en la tienda y una cocacola, que necesitaba como si no hubiera un mañana.
N me llamó.
-Nena, cómo vas?
-Pues me he parado un rato, porque la verdad es que ya se me estaba haciendo pesado.
-Me hubieras llamado y hubiéramos charlado un rato.
-Bueno, he hablado con R .
-Bfbfbfbfbfbfff, el poli?
-Seeeee
-Hay buen rollo, no?
-Hay....feeling. Y lo sabe.
Visualicé a Julio Iglesias en uno de esos memes en el que me señalaba con un dedo. No pude evitar reírme y contagiar a N.
-Creo que vamos a vernos mañana.
-No pierdas de vista lo importante.
-Te voy a mandar una foto de R y vas a ver tu lo que es importante, no me jodas!
-Vaaaaleeeee. Me avisas cuando llegues.
-Que si.
Tenía que llegar a León sin ninguna parada más.
Me metí de nuevo en la carretera, pero sin música.
Me propuse ordenar mi mente.
Debía llegar y hacer el check in en el hotel. Recoger las acreditaciones, saludar sociabilizar y sonreir, para que todos se acordaran de mi, y salir cagando leches. Tenía que avanzar con lo de Ponferrada, porque al día siguiente con R no podría hacer bien el trabajo. Y quería quedar con R, vaya si quería.
Me costó un mundo no parar de nuevo. Se me hizo superpesado. Pero llegando al hotel todo fue como lo había planeado.
Sonrisas aquí y allá.
Dejé la bolsa en la habitación, me cambie de ropa , me lleve la mochila del trabajo y volví a salir tan campante. No sin antes mandar mensajes a tooodoooos para decir que ya había llegado, sana y salva a León.
Me detuve a poner gasolina en la gasolinera en la que ella trabajaba. Saqué la cámara de la mochila y saqué fotos del establecimiento y de ella, a la que veía a través de la cristalera.
Entré a pagar. Ella me cobró. Fue simpática. Amable.
Hice comentarios triviales sobre el tiempo lo que dio pie a poder tener una conversación.
-Muero por irme a casa, me queda media hora y hasta mañana. Le sonreí con complicidad fingida.
-Voy de camino a Ponferrada, quiero visitar el castillo.No se si me dará tiempo hoy.
-Ushh, qué va. Tienes que ir temprano. Pero Ponferrada te va a encantar.
-Pues entonces me acerco echo un ojo y mañana ya hago la visita oficial. Sonréimos las dos. Me despedí y regresé al coche.
Seguí hasta Ponferrada.
Siempre he sido una loca de las historias de los templarios. De todo ese halo de misterio que les acompaña. Ese castillo era de verdad un sitio al que quería ir.
Pero en su lugar fui hasta su calle. Hice fotos de la calle, de su casa y de las casas circundantes. Estaba atenta al reloj, para que ella no me pillara allí.
Aparqué más adelante.
Pero lo suficientemente cerca para que el objetivo de la cámara me permitiera fotografiarla al llegar.
Tardó poco en aparecer.
La fotografié saliendo del coche y entrando en su casa. Un perro salió a recibirla moviendo la cola de felicidad. Era un pastor alemán precioso.
Esperé 15 minutos antes de guardar la cámara y sentarme mirando al frente.
Qué hacía trabajando en una gasolinera alguien que podía permitirse vivir en esa casa y conducir un Audi cómo el suyo?
A simple vista era incongruente.
A simple vista.
Mi coche estaba en un lugar privilegiado, ninguno de los vecinos tenia entrada por ese lado de la calle. Eran las cocheras.
Solo ella entraba por esa calle.Nunca metía el coche.
Nadie se iba a percatar de mi presencia, al menos en una hora.
Saqué el portátil de la mochila y desbloqueé la contraseña del primer wifi que pesqué con buena señal. El de la casa de enfrente.
Metí la tarjeta de la cámara en el portátil y subí las imágenes a Wetransfer, para enviárselas a N.
Título: Venta casa, situación y exterior
Calibré mis opciones. Pero mi estómago tomó partido en el asunto. Tenía hambre.
Miré el reloj. Me daba tiempo de llegar al hotel,ducharme y arreglarme para llegar a la hora justa a la que estaba prevista la cena,de todos los participantes al congreso.
Me pareció lo mejor.
En el camino de regreso mi teléfono empezó a recibir mensajes. Sonaban por el altavoz y me molestaba que interrumpieran las canciones que venía cantando a pleno pulmón.
Paré en una entrada de una finca, con los 4 intermitentes y abrí el whats. Había 34 mensajes, pero 20 ya eran del último grupo que había creado. "C echa un polvo".
C fingía estar cabreada con nosotras por meternos con ella. Fingía, porque todo esto de los grupos de whats nos divertía a todas. Esta vez le había tocado a ella y punto.
-Hay que joderse C, has tardado un día entero en contestar. Este tío debe follar como Dios si te ha dejado fuera de circulación 24 horas!! Escribí, a sabiendas que C tiene por costumbre pasar de nosotras hasta que le da la realisima gana.
-Tengo una vida más allá del teléfono ehhh. C defendiendo lo indefendible.
-Vaaaaa, cuéntanos que SI folla como Dios, y que no te da tregua ni para contestar a los mensajes, aunque sea mentira, mujer, danos detalles.
Sonreí y pasé a otra conversación.
R me pasó un enlace con la reserva de una habitación de hotel. Joder, como me gusta complicarme la existencia.
Pero iba a complicarmela, era evidente.
La conversación con las chicas me llevó unos cuantos mensajes más. N no comentó nada de R y yo tampoco. No tenía fe en que esto no trascendiera, pero al menos iba a controlar esa información un día más.
Llegué al hotel con el tiempo justo.
Bajé al restaurante 45 minutos después. Me alegró ver que no era la última.
Me senté en la mesa asignada.
La charla fue amena y debo decir que agradable. No me importaban lo más mínimo y no tenía la mínima intención de tomarme nada con ellos más tarde. Pero fingí que si.
Hasta le hice ojitos al señor que tenía al lado. Del cual evidentemente no recordaba el nombre.
Por suerte todos llevábamos las credenciales colgando del cuello. Por suerte.
Odio llevar las credenciales colgando.
Sociabilicé, pero a las doce, cual Cenicienta desaparecí del salón.
Estaba cansadísima.Sin tener muy claro si de conducir o de toda esa gente.
Me dió tiempo a desnudarme y meterme en la cama. En cuanto mi cabeza tocó la almohada quedé ko.
A las dos horas desperté totalmente desubicada. Tardé un minuto en saber dónde estaba.
No había puesto a cargar el teléfono, así es que en algún momento me había quedado sin batería.
Lo puse a cargar y esperé a que se pusiera en marcha, para programar la alarma.
Puse la alarma a las 8 y revisé los mensajes.
R me había mandado un mensaje.
-Rubia, no me contestas. Nos vemos mañana.
No leí nada más.
Quería volver a dormir.
Pero si... íbamos a vernos al día siguiente.
La alarma me sacó de un sueño reparador.
Pero había descansado y me sentía bien.
Me metí en la ducha sin darme tiempo a quedarme dormida de nuevo.
Unos jeans, las converse, y una camisa lencera fresquita.
Desayuné con las credenciales colgando y con toda esa troupe.
Me limité a asentir y sonreir sin dar mucha más conversación.
Lo máximo que acerté a decir fue:
-Creo que me pasé con los gyns.
Lo cuál hizo que la gran mayoría asintiera. Menudos resacones llevaban todos.
Me deslicé sin disimulo hacia la salida.
Llegué a Ponferrada temprano.
R todavía tardaría una hora. Localicé un centro comercial y me metí en el parquing.
Había olvidado deliveradamente llevar ropa de recambio. Me pareció mucho mejor comprarme algo nuevo.
Soy rápida comprando, una camiseta de Frida Kalho, una camisa negra y unos chinos negros.
Ropa interior adecuada para la ocasión y unos zapatos negros de taconazo.
Por último compré utensilios de higiene personal y un perfume.
Los jeans y las sudaderas son lo mejor del mundo mundial, pero una tiene que impresionar de vez en cuando.
Salí del centro comercial dispuesta a comerme el mundo...bueno, al policía para ser más concreta.
Me dirigí al castillo. Habíamos quedado para visitarlo juntos. Había contratado a un guía, no quería perderme nada. Estaba emocionada, no lo niego.
Ese castillo impone.
Aparqué al lado de su coche. No sabía que coche tenía, pero estaba plantado a su lado. Revisando el teléfono.
Sonrió al verme.
-Rubia!
-Morenasoo!
Nos abrazamos y nos dimos un beso.
-¿Vamos?
-Yes
Debo decir que disfruté un montón la historia, el paseo, las vistas y de su compañía. R pareció disfrutar tanto como yo. La verdad es que la historia es fascinante.
Pero a las 3 un hambre canina apareció en escena.
Decidimos ir al hotel. Nos sobraba un coche e ir cada uno con el suyo se nos hacía un poco raro.
Nada más llegar al hotel encontré un parquing justo al lado. Así es que el suyo entraría en el aparcamiento del hotel.
Decidimos hacer el check in, para dejar su bolsa y mis cosas.
La habitación era amplia y luminosa. Pero justo entrar R recibió una llamada.
-
Tengo que contestar.
-Te importa si me ducho mientras hablas?
-Perfecto!
El recorrido por el castillo me había dejado acalorada y además se me habían quemado los hombros y los brazos.
La ducha me venía de perlas. Fui rápida y cuando apagué el agua conseguí escuchar a R de fondo, que seguía hablando. No pude entender de qué hablaba, pero por el tono entendí que era trabajo.
Me puse crema hidratante y me coloqué la ropa interior, digna de D, no digo más.
Mi brillante mente no me avisó de que no había entrado la bolsa de la ropa. Sólo la ropa interior. Estupendo. Dejaba clara la situación, eso si.
Seguía al teléfono cuando abrí la puerta del baño.
Se dio la vuelta justo cuando crucé el marco de la puerta.
-JODER. Soltó sin darse cuenta de que lo dijo demasiado fuerte.
Nada, nada, me he golpeado con una mesa. Evidentemente su interlocutor no entendió a que venía ese joder.
Reí.
Me tumbé en la cama, boca abajo y me puse a revisar la carta del servicio de habitaciones.
-Señor, me quedo con los datos y en cuánto empiece mi turno me pongo de nuevo a ello. (...)
si señor, ahora más que nada necesito una ducha....(...)
Le tengo al corriente. Adiós.
Se acercó a la cama y se descalzó.
Seguí mirando la carta.
-Rubia...
-Si...
Aparté la mirada de la carta para dedicarle una sonrisa pretenciosa al tiempo que me ponía en pie.
Era un poquito más alto que yo.
Me coloqué demasiado cerca como para mantener una conversación.
Le besé. Me besó. Mientras sus manos me atrajeron hacia él.
-Vale...necesito una ducha. Dijo separándose solo un poco de mi.
-Va a ser que si...
-¿Me estás llamando guarro? Y soltó una risa sincera.
-Pues mira, si. Me reí con ganas.
Pero eres un guarro que me gusta mucho. Lo dije mientras dos de mis dedos se metieron en la cintura de su pantalón y lo atrajeron hacia mi.
Dejó de besarme para susurrar de nuevo:
-X, deja me ducho, no? Dos minutos, no te muevas de aquí.
-Listo. No más de dos minutos.
Desapareció en un flash.
No tuve más tiempo que para repasar mi imagen en el espejo y colocar en el sitio correcto mi ropa interior y mi cabello.
Descorrí las cortinas.
R fue lo suficientemente sigiloso, como para colocarse tras de mi, sin que yo me diera cuenta.
Puso sus manos en mi cintura y me acarició en sentido descendiente.
Metió las manos dentro de mi ropa interior para tocar mi piel.
Sus dedos me acariciaron suavemente pero sus manos me atrajeron hacia él con fuerza.
Hizo que nuestras pieles se tocaran.
Eché la cabeza hacia atrás para poder besarle.
Nos besamos con deseo, al tiempo que una de sus manos se metía en mi sujetador.
Me dio la vuelta. Le acaricié las nalgas mientras nos besábamos.
La ventana tenía un pequeño alfeizar en el que me apoyé. Esperé que desde la calle nadie estuviera mirando hacia arriba. Mi culo sería todo lo que vería.
R levantó mis piernas y yo las crucé en su espalda. Mis manos se entrelazaron en su cuello para acercarlo a mis pechos. Su lengua los acarició mientras sentí como se deslizaba dentro de mi. Lanzé un pequeño gemido.
Su boca regresó a la mía.
Mientras sus manos me sostenían y con la ayuda del alfeizar, nuestros cuerpos permanecieron pegados el uno al otro.
Sentí su respiración entrecortada. Me separé de él y me di la vuelta, subiendo las rodillas al alfeizar.
Una de sus manos acarició mi espalda y bajo hasta mis nalgas.
Con la otra me acercó a él, para volver a entrar en mi. Me apoyé en el cristal con las dos manos para aguantar las envestidas.
Con sus manos en mis pechos y los dientes apretados alcanzó a decirme:
-X no aguanto más....avísame...
Me dejé llevar y tras dos gemidos solté:
- Si... ahora ... R...
Terminamos al mismo tiempo, con mi cuerpo pegado a la ventana. Eso si había sido un espectáculo y no lo del Cirque du soleil.
Me besó los hombros antes de separarnos.
Pillé la camiseta de Frida que había comprado y me la puse.
R se tumbó en la cama y yo fui a buscar mi teléfono que no había dejado de vibrar desde que el show había empezado.
Eran mensajes de N.
Necesitaba las imágenes de la casa de la suegra.
!Ptmadre!
Me adjuntaba localización e indicaciones.
Decidí aparcar el teléfono y centrarme con lo que tenía entre manos. Nunca mejor dicho.
Me tumbé en la cama al lado de R.
Se acercó y pasó su brazo por encima de mi.
-Rubia, no te vayas muy lejos... Dame 10 minutos...
-No pensaba irme a ningún sitio.
De momento.
De momento... tenía pensado dejar que ese policía, me sometiera a un registro en toda regla.