jueves, 25 de octubre de 2018

Capítulo 18

D
Maybe I maybe you.


El delantal ensangrentado reiteraba lo de mi "descentramiento".
Miguel estaba sentado en el suelo. Debajo de él empezaba a dibujarse un cerco de sangre. Su sangre, que emanaba de las dos heridas que le había infligido.
Había necesitado dos.
Estaba claro que necesitaba parar, tomar distancia, centrarme de nuevo.

Vale, si miraba el lado positivo, que por sorprendente que pareciera existía, no había señales de mi en esa casa ni en el individuo.
Tenía que salir como había entrado, sin tocar nada, sin dejar rastro.
Sin el delantal.
A pesar de la proximidad de Halloween, no creí que fuera buena idea pasearse a lo Carrie, cubierta de sangre.

Había llamado a la puerta de Miguel, vestida cual ama de casa de los cincuenta. Un poco pin up, que evidentemente era el rollo que le iba a Miguel.
Llevaba puestos unos guantes, un bol lleno de masa apoyado en mi cadera y unas varillas con las que movía la masa, como si estuviera haciendo algo con ella.
Tardó un poco en abrir la puerta, creo que no quería hacerlo, hasta que vio a la mujer de sus sueños como batía huevos en el rellano de su puerta. Eso claramente anima a abrirla.

-Hola.Sonrió.Pobre.
-Owww, holaaa. Ante todo vas a tener que disculparme por llamar a tu puerta con el bol en mano, pero si dejo de batir se baja. Emití una risita tonta.
-Ya veo. Dime, ¿en que te puedo ayudar?
-¿Tienes azúcar? Asintió al tiempo que me hacía pasar y cerraba la puerta tras de mi.
-Tu casa es tan...moderna...
-A pesar de que prefiero lo clásico, lo "moderno" como tu lo llamas, me parece más funcional.
Dejé el bol en la mesa de la entrada y acorté la distancia que nos separaba. Cuando se detuvo frente al armario de la cocina mi cuerpo se pegó al suyo, cuchillo en mano y aprovechando la estupefacción del hombre, se lo clavé en el cuello.
Mi cuerpo no inmovilizó el suyo, él tenía más fuerza y alcanzó a darse la vuelta. De ahí la segunda herida, en la ingle.
Me aparté y su cuerpo resbaló hasta quedar sentado en el suelo de su cocina, con una mano en la ingle y otra en el cuello. Casi poético.

Me quedé viéndolo.
Agonizando.
Sus últimos alientos de vida.
La sangre casi llegaba a mis pies. Me aparté un poco más. Mis huellas no debían estar ahí.
Volví a la realidad y caminé hacia donde había dejado la masa de ese pastel ficticio.

Sumergí el cuchillo en la masa.
Me saqué el delantal y con la parte posterior me limpié la cara, las manos y los brazos. Hice una bola con él y lo anudé, dejándolo lo más pequeño posible.
Lo metí en el bol, dentro de la masa.
Sorprendentemente la masa había crecido. No pude evitar reírme de ello.
Me quedaban los guantes, pero repasé todo con un barrido general. No quería dejar rastro.
Me convencí a mi misma de que todo estaba en orden.
Me saqué los guantes que por supuesto, fueron a parar al mismo sitio que el resto de pruebas.
Coloqué el bol en la cadera y usé la falda para no tocar el pomo de la puerta con la mano.

Ninguno de los dos vecinos podía verme desde sus casas, estaban todos fuera.
Así, con tranquilidad me dirigí hasta la puerta de entrada de la propiedad, donde había dejado mi bolsa.
Joder, iba a tener que sacrificar la bolsa. Era de Bimba y Lola, e iba a pasar a ser inservible, desde ya.

Ptm
Saqué las gafas de sol, me las coloqué, cogí las llaves del coche, aparcado cuatro calles más allá y no pude evitar suspirar antes de tirar el bol dentro de la bolsa.
A tomar por culo la bolsa.
La colgué en mi hombro y salí tan campante.
No había nadie en las calles.
Horario laboral en ciudad dormitorio.
Todo controlado.

Llegando al coche metí la bolsa en el maletero y recuperé mi teléfono, guardado con la rueda de recambio.
Me senté y le mandé un ok a N, obviando el resto de conversaciones que reclamaban mi atención.
Su respuesta fue un pulgar levantado.
Tiré el Iphone en el asiento del copiloto y me fui de allí lo más rápido que pude.
Tenía que regresar a casa evitando peajes y dando trescientas vueltas a esa ciudad, para evitar las zonas que tenían cámaras.
Lo tenía memorizado.
Salí según lo previsto, pero con dos horas de retraso según lo planeado.
A ver como iba a explicar que me quedé plantada frente a ese hombre, viendo como se desangraba.
Joder.

Le di a la lista de reproducción y me dispuse a darlo todo cantando.
El teléfono recibió una llamada y al estar sincronizado con el coche, en la pantalla me indicó que era H.
Bua.
Contesté.
-Holaaaa, ¿he olvidado una cita con usted,doctor?
-Pues no, la última vez que la revisé estaba usted más sana que una manzana. Una manzana deliciosa, dicho sea de paso.
-Oww, doctor, es usted un adulador. Voy a pensar que esta llamada es porque desea usted pedirme algo.
-Sin duda acertaría en lo de desear. Usted me hace conjugar ese verbo en primera persona.
-Jajajajajajajajajajaja. 
-¿Vas conduciendo?
-Mmmmsiii, he ido a ver a mi madre. Tenía papeles suyos y esta mañana, sin pensarlo mucho me he escapado.
-Vaya, yo que iba a preguntarte sin querías comer conmigo.
Bua, corriendo igual llegaba a la hora de la cena.
-Pues va a ser que no....pero cenamos?....si quieres...
-Termino tarde, me esperas?
-Mmmm, bueno, ceno con los niños, te espero, no prometo que despierta....pero puedes despertarme con un  haagen dazs de cheesecake en la mano,  please...y con eso tienes asegurado un éxito bastante rotundo.
-¿Qué tal si lo cambio por el de café?
-Bfff, pues no se que decirte, jajajajajaja.... está bieeeen, el de café!
-Listo, tenemos una cita. Te quiero, conduce con cuidado.
-Yessss, don't worry. Besos.

Al colgar,  la música reanudó  desde el punto en el que se había quedado, sobresaltándome, porque el volumen estaba a tope.
Pero no lo bajé, o no.
Cantar mientras conduzco me encanta y me quedaba un largo viaje por delante.

"...You look up to the sky
With all those questions in mind
All you need is to hear
The voice of your heart
In a world full of pain
Someone's calling your name
Why don't we make it true
Maybe I, maybe you...."

Scorpions, ¿por qué no?














martes, 25 de septiembre de 2018

Capítulo 17

A
Felinos.


No recordaba la última vez que había estado sentada tranquilamente haciendo un ramo.
Todo eran carreras. Había pasado a dedicarme prácticamente a las bodas y no había manera de bajar la media de 5 bodas semanales. Estaba empezando a odiar un poco a las novias, novios y familiares varios.
En cambio ese martes me había tomado un pequeño break. Estaba todo bastante controlado, así es que me senté a hacer los ramos de una clienta habitual, con total tranquilidad.
Tengo la capacidad de concentrarme en las flores y la composición y olvidarme del resto del mundo.
Debo confesar que por regla general, el resto del mundo me importa más bien poco.
Puse el teléfono en silencio y le di a reproducir a una playlist de spotify: Hoy no es lunes. Me pareció un título tan genial, que no pude más que darle play.

Me pase media mañana desconectada de todo.
Pero con la mirada de alguien en mi cabeza.
Hasta que mi ayudante golpeó la puerta y me sacó de mi ensimismamiento.
-N está afuera...le digo que pase?
-Claro.

N entró en mi guarida y se dejó caer en uno de los taburetes.
-Valeeeee....qué pasa? No había más que verla, para saber que pasaba algo.
Suspiró.
Ibamos mal.
Me saqué los guantes y los tiré al cubo de basura. Me senté en el taburete que estaba más cerca de ella.
-Suéltalooooo
-Pareces la de Frozen.
-¿Quién?
-Joder A, en serio, sal del mundo bodorrio de vez en cuando.
Vale, un poco de razón si tenía.
Se colocó un mechón de cabello detrás de la oreja y levantó la mirada.
-Me asustas. No recuerdo haberte visto nunca tan callada. Lo flipo.  ¿Qué?
- D llegó ayer, apenas he hablado con ella, pero tiene un lío mental importante.
- Es D, los soluciona rápido, luego hablo con ella.
-X, con todo lo que es ella, no se quita al poli de la cabeza, y eso no es bueno.
-X sabe perfectamente qué hacer, en casi todas las ocasiones. No te veo preocupándote por ninguna de las dos. Qué te pasa exactamente?
-Vale, el llanero solitario me gusta más de lo que me gustaría que me gustase.
Estallé de risa.
-¿Me gusta más de lo que me gustaría que me gustase? ¿En serio? Me meo. Y de verdad no conseguía dejar de reírme.
-Joder tía! Se levantó y empezó a polular por el taller.
-Vale, vale...voy a dejar de reírme. 

Desde el imbécil de Javi, N no había tenido ninguna relación seria. Estaba claro que el vaquero la traía loca.
Me puse seria, porque  N necesitaba que alguien le dijera lo que ella ya sabía. Las mujeres estamos completamente locas, es una realidad.

-Qué te preocupa de Jordi. Me parece un tío genial. Es divertido, inteligente, guapo, parece sincero....sé que le has aplicado un tercer grado, porque sino no le habrías dejado acercarse tanto...así es que...cuál es el problema real?
-Tengo miedo. Es eso, verdad?
-Si, creo que si. Pero también creo que es bastante lógico.
Me abrazó.
-Me voy tía, tengo miles de cosas que hacer. Quedamos esta noche?
-Mmmm, creo que no. Necesito una cura de sueño.
-Valeeeeee. Lo dijo en el marco la puerta cuando ya estaba de salida.

No necesitaba dormir.
El día anterior me había cruzado con S, siempre según sus palabras, por casualidad.
S me contrató para encargarme de todo lo referente a la decoración floral de su boda.
Boda que no llegó a celebrarse, porque además eramos las encargadas de matar a la novia.
Las casualidades existen , claro que si...pero no tenía claro que ese encuentro fuera fortuito.
No le había dicho nada a N, porque no necesitaba más mierdas mentales.
Pero llamé a C justo cuando me separé de él.
Le pedí que investigara si eso había sido una casualidad, o era algo más peliagudo.
Según la información que recopiló C, S estaba ahí por algo referente a uno de sus hoteles. Nada relacionado con nosotras. Y seguro que era verdad, pero la mirada intensa de S me traspasaba. Lo noté desde el principio. Pero nunca pensé en volver a verlo. Ni casualmente.
Toma zasca del destino.

Otra llamadita a la puerta me devolvió a la realidad.
-¿Ahora quién?
-Pues alguien quiere hablar contigo sobre las flores para un evento.
-Asi, sin más, sin haber quedado antes ni nada, no?
-Exactamente.
-Está bieeeeen. Demasiado tranquila estaba yo. Pásale al despacho, please.
Me saqué el delantal y me cambié el polo de trabajo por una camisa negra.
No tenía ganas de adquirir más compromisos, pero así eran los negocios.

Me puse la mejor de las sonrisas y entré a mi despacho.
-Buenos dias.
Zasca
Joder
#hostiaputa
S en todo su esplendor.
Ahí sentado en mi despacho.
-Hola A. Vayaaa, estaba sonriendo profidentemente!
-Hola! Qué sorpresa! #sptmadre
-Bueno, necesito una florista. Tu me pareces perfecta.
-Como florista quieres decir....
-También.
Hay que joderse.
Le clavé la mirada con una sonrisa falsa.
-Voy a confesarte que ayer al verte, quise invitarte a tomar algo, a charlar...pero no se muy bien por que, no lo hice.
-¿Y has venido a invitarme a comer?
-Pues si sigo con la sinceridad...la excusa de las flores me ha venido genial para venir hasta aquí...
-Mmmm ya veo...
-No tienes ni idea. Me gustas. Demasiado para dejar pasar la oportunidad.
JODER
A ver, parfavar.
Que yo seguía con cara de poker, una artistaza es lo que soy, pero se me habían descolocado diez piezas internas, por lo menos.
No quería perder de vista el hecho de que ese hombre había pagado para matar a alguien.
Pero haciendo acopio de sinceridad...la vista no me estaba respondiendo. Osea, nublado, nitidez 0.
-¿Te has quedado muda?
- No.  No se, de pronto te he visto salvando la distancia que nos separa cual felino.
Su mirada me dijo que no me equivocaba y que era de felinos de lo que estábamos hablando.
-¿Me ves como un felino depredador? Sonrió.
-ERES un felino depredador. Afirmé con rotundidad al mismo tiempo que me levanté a limpiar la mesa.
Me miró mientras sacaba muestras y papeles de mi mesa.
-¿Entonces a ti te toca el papel de gacela? ¿Quieres que te ayude?
-Si, plis, pones todo lo de la mesa en esa repisa?
Me miró sorprendido. Más bien estaba flipando.
Cogí mi agenda que era lo último que quedaba encima de la mesa y me quedé de pie frente a él. Alargué la mano para dejar la agenda en la silla dónde antes estaba sentado él.
-Verás, felino, alguna vez fui presa, pero de eso hace mucho tiempo. 
La que salvó la distancia fui yo. Le agarré del cuello de la camisa y lo acerqué a mi. Felinos a mi...pf.
Le besé, con deseo a lo que él respondió por igual.
Nos movimos 10 centímetros con lo que él quedo apoyado en mi mesa.
-¿Por eso has limpiado la mesa? Levantó una ceja al preguntarme y me pareció algo gracioso, como impropio de esa cara.
-Claro. Y me pegué a él mientras le desabrochaba la camisa.
Él empezó a desabrocharme la mía sin dejar de mirarme.
Me quedé en medio de sus piernas, con nuestros cuerpos pegados y sus manos en mis nalgas.
Casi me da un paro cuando escuché los golpecitos en la puerta.
Joder.
Nos quedamos quietos, pero en nuestras posiciones.
-Si?
-D está aquí.
-Ahhh....mmmm...voy.

Me separé de S y empecé a colocar la ropa en su sitio. S al verme hizo lo mismo y se sentó en la silla.
Me acerqué a abrir la puerta.
-Hola.
-Hola D, me ha pasado el tiempo volando y no me había dado cuenta de la hora que era....Estábamos.... terminando, verdad?
S se levantó de la silla y me dió la mano.
-Un placer A, como siempre. Hablamos?
-Claro!Luego concretamos por whatsapp.
-Estupendo! Sras...

Si D fuera normal no se habría dado cuenta de nada. Pero para que mentirnos? no somos normales.
-¿Qué? Ahí estaba la otra felina.
-¿Qué de qué?
-Ah si, claro tu has de pensar que tengo un retraso mental o algo.
-Nadaaaaa, no jodassss. A ver si vas a pensar que me tiro a todos los que entran en mi despacho.
-A todos no, pero a este casi te lo tiras. Es S verdad?
Mierda.
-C te ha pasado el parte?
-Claro, que pensabas? Que te iba a dejar con el culo al aire?
No, tendría que haber informado al menos a dos de ellas. C había hecho lo correcto.
Joder.
-Cuéntame. Qué quería?
A mi.
-En teoría nada. Flores para un evento. Pero... le gusto...y ya sabes....

-Vamos a comer y a hablar mientras comemos que yo tengo hambre canina y tu necesitas visualizar esta situación. 
Amén.
-Está bieeeen, está biennnn y tu me cuentas tus pajareras mentales, no? ¿O hacemos ver que Nacho no estaba contigo en el quinto pino?
-Bua, para eso hay que beber también, sólo con comer no nos sirve.
Nos reímos juntas.

No me había tirado a S y eso era, seguro, algo bueno. No?
Ahora iba a darle todas las vueltas posibles y D me repetiría el enorme error que sería tirarme a ese hombre, y probablemente tuviera más razón que un sabio.
Pero.
Ow si.
Ese puto pero ondeaba en lo más alto y seguiría ahí en el podium, por mucho que habláramos D y yo.

Visualice a Félix Rodríguez de la Fuente y tarareé la canción de cabecera de "El hombre y la Tierra".
-Joder! Soltó D que se volteó escrutándome. ¿La cosa va de animales?
-De felinos, la cosa va de felinos....

















lunes, 17 de septiembre de 2018

Capítulo 16

D
Bariloche
15/09

Hacía frío, no uno glaciar, pero comparado con los 27 grados que había dejado en casa, mi cuerpo sintió el frío de Bariloche más, tal vez, de lo que era en realidad.

Adoro esta parte de Argentina, pero este viaje no estaba siendo de mi agrado.
Estaba de malas.
Y si tuviera que explicar el por que, no hallaría razón.
O si.
Estaba enfadada conmigo misma.
Me había estado olvidándo de disfrutar de las pequeñas cosas.
Demasiado trabajo. Demasiados viajes.
Necesitaba poner en orden mi cabeza.
Pero en lugar de eso, de tomarme un tiempo, había viajado hasta el otro lado del mundo, para liquidar a Matias.

Esa mañana al sentarme a desayunar, uno de esos chocolates que tan típicos son de esta región, el periódico local me recordó que estábamos a quince de septiembre.
Joder.
15 días para mi cumpleaños.
El tiempo pasa demasiado rápido.
Mis cumpleaños después del número 39 no hacían más que recordarme el paso inexorable del tiempo.
El puto reloj de arena, con la arena escurriéndose sin freno alguno.

Sentada con el periódico en las manos, pero pensando en lo efímero de la vida, le vi pasar con su tabla al cuello.
Iba a practicar snowboard.
Tal y como tenía previsto.
Solo estaba ahí para asegurarme de que todo seguía el plan establecido.
Me terminé el chocolate al tiempo que él se dirigía a las pistas.

Me monté en el 4x4 que tenía alquilado y fuí hacia el parque Nahuel Huapi.
Diego era el guarda que me ayudaba en mi reportaje.
Si, era una afamada fotografa, haciendo un reportaje del parque. El parque es una maravilla.
Pero mis dotes como fotógrafa no iban a engrandecer su fama.
Estaba claro.
Pero Diego, estaba siendo de mucha ayuda. Su acceso a la radio de las emergencias de la zona, también.
Iba a pasar todo el día con él, y su radio. Tenía que saber que Matías sufría el accidente previsto.

Las fotos de ese día eran del punto en el que el lago, del mismo nombre que el parque, se junta con el río Negro.
La naturaleza de la zona es deslumbrante.
La verdad es que no soy una gran fotógrafa pero fijar la vista en todo ese paisaje me ayudaba a desenfocar mi mente, a liberar un poquito del estrés, que había en  ella.
Una cosa tenía clara, iba a volver.
Tal vez con H.
Joder.
H.
Nunca hablábamos de nuestra relación, pero últimamente mi grandiosa mente sociopata, había colocado a H , solo, en mi vida real.
Le había obviado en mis otras identidades.
H no formaba parte de ese mundo.
Pero si otros hombres.
Era infiel en mayúsculas.
No iba a explicarle nada que no necesitara saber.
Porque no, no creo que me entendiera.
Ptm.
Necesitaba centrarme.


Diego era un acompañante maravilloso.
Era silencioso.
No me daba conversación.
Tan solo conversábamos cuando yo lo iniciaba.
Era el oro de los compañeros.
-Diego, nos tomamos un café?
-Un mate?
-Vaaa, cada uno a lo suyo?
Odio el mate, no digo más.
Nos sonreimos
Nos sentamos juntos en su camioneta, a resguardarnos un poco del aire mientras nos tomábamos nuestras bebidas.
-Cuánto llevas trabajando en el parque?
-10 años.
-Wala, te sabes cada rincón de este paraje?
-¡Para nada! A veces me sorprende una ave, o un árbol, un rincón...
Asentí silenciosamente.
Fijamos la vista al frente.
Mi reloj marcaba las 13.24

La radio hizo ruido.
Alguien habló al otro lado.
Diego ajustó para que escucháramos que decían.
Accidente mortal.
Un hombre.
37 años.
Probablemente debido a un fijador de la tabla que estaba mal fijado.

Diego y yo nos miramos.
-Qué lástima! 
Asentí con la cabeza mientras me tomaba mi café.
-¿Volvemos?
Ahora fue él quien asintió silenciosamente.
Pasamos las siguientes dos horas en silencio. Tan solo el click de mis cámaras lo rompían.
-Diego, mañana haremos las fotos del otro lado. Necesitaremos el arnés de seguridad y la ropa para meterme en el agua.
-Si Ana, lo tendré preparado.
-Gracias. Terminamos por hoy!

Regresé al hotel. Confieso que cansada.
Andar arriba y abajo del parque , al final del día, resultaba agotador.
Mandé mi ok a N.
No tenía ganas de hablar más de Matías. Trabajo hecho. Punto.
Contesté los mensajes de mis hijos.
Medié en sus disputas y amenacé a cada uno de ellos con el castigo más idóneo.
Tenía un par de mensajes de H.
Pero no abrí la conversación.
No estaba preparada para lidiar con la culpa.

Me di una merecida ducha y juro que iba a meterme en la cama.
Pero mi mente no paraba de acecharme.
Pensé que era mucho mejor inundarla con alcohol.
Con la cabeza divagando y sin perder de vista el número de mi próximo cumpleaños me dispuse a tomarme un gintonic... o dos...o tres...Nada que me hiciera perder el control de la situación, pero algo que entumeciera mi mente inquieta.

Me senté en la barra, dispuesta a no moverme hasta que la vocecilla dejara de hablarme.
-¿D?
No me moví.
-¿D? Y sentí como alguien tocaba mi brazo.
Joder
-Si? Casi susurre al tiempo que me daba la vuelta.
-Me ha costado reconocerte. Tienes el cabello diferente, pero sabía que eras tu...
¿Qué haces en este lado del mundo?
En ese momento morirme.
-Nacho! Por Dios, que sorpresa! Qué haces por aquí? También me ha costado reconocerte! Cuánto hacía que no nos veíamos?
#mecagoenlaputadeoros
-Mil años. Pero te veo estupenda! El pelirrojo te sienta estupendo. ¿Dime, que se te ha perdido aquí?
La suerte, la vida, joder que se yo, pero francamente en ese momento lo que menos necesitaba era encontrarme a un conocido y para más INRI a Nacho.
-Pues voy a escribir un libro de recetas. Y ya sabes que el chocolate de la zona es mítico. Añadí Bariloche a mi viaje, para hacerme una idea de si podía integrarlo en el libro. Así es que ya ves....investigación.
¿Y Tu, dónde vas tan trajeado? 
Sonrió
-Vengo. A veces los inversores programan reuniones en sitios como estos. Esquían, van a los spa, se relajan, y cierran acuerdos desde alguno de estos lugares, como este, privilegiados. Así es que vengo de una reunión, por eso el traje.
-En eso tienes razón, el lugar es maravilloso. Bueno, el traje te queda como un guante.
Pero él ya lo sabía.
-Cuéntame, que tal mi hermanita? Es más, vamos a hacernos una foto, para que vea que estamos juntos.
Joder.
C iba a hiperventilar.
-Owww siii, deja se la mando yo. Más que nada para explicarle la trola que le había soltado.
Quedamos muy bien en la foto, que mandé a C, con : Mira a quién me he encontrado! Yo trabajando en mi libro de recetas y él cerrando acuerdos internacionales! Y un puto corazón para adornarlo.
C tardó en contestar, porque creo que pasó la información al grupo antes de asimilarlo.
N me mandó un mensaje:
-¿Tienes la situación controlada?
-No jodas tía! Es Nacho, yo tengo un lío mental de tres pares, voy de pelirroja Xdios, y me acabo de inventar no se qué mierdas de no se qué libro. ¿Quieres volver a preguntarme si tengo la situación controlada?
-Aguanta. Tu puedes.
-Amén hermana.

C escribió a Nacho directamente, que me mostró el mensaje sonriendo felizmente.
-Bro!! Estás con la pelirroja más guapa del mundo. Pasadlo bien!
Tu dale ideas a este hombre!
Apuré ese gintonic que tenía que salvarme de mi misma.
-Diría que necesitas otro.
Y si, me pidió otro.
El problema era que con Nacho, no podía tener la mente entumecida. Con la mente entumecida no podría decirle que no y él era de los que negocian sin rendición. Y yo, yo soy de las que no saben decir que no a un Nacho trajeado.
-Dime que la tercera copa puede ser en tu habitación.
Si claaaro, con las cámaras, los objetivos, ibas a flipar guapo.
-Va a ser que no.
-¿Vas a decirme que no? ¿Después de no habernos visto en años?
-Convenceme. 

Enya sonaba de fondo.
Había dos opciones claras. Me dormía sobre la barra de ese bar con la música que me acunaba.
O me dejaba acunar por Nacho.
Y ahí mi mente, esa que se había pasado todo el día dando por culo con la culpabilidad, se quedó callada. Enmudeció.
 Recordé mi próximo cumpleaños y en mi mente sonó un:
- Quemequitenlobailao

Pero en la recámara, cual proyectil esperando se quedó un: D eres tu, esto no es una identidad falsa.


San Carlos de Bariloche, 
sábado 15 de Septiembre
20.03
-2ºC
























viernes, 3 de agosto de 2018

Capítulo 15

X.

Desahogarse.

Necesitaba meterme en el mar.
Salí a correr temprano.
Llegando al final de la playa me saqué la ropa y la dejé en las rocas.
Había pensado en ponerme el bañador, justo para el baño final.
No había nadie a esas horas.
Todo el mar y el silencio para mi.
Impensable a cualquier otra hora del día. O de la noche.
Me adentré en un mar en calma.
Me quedé flotando, con los ojos cerrados. Dios, qué paz!
Volví a la realidad y nadé hacia la orilla.
Me detuve y miré la playa. Qué minúsculos somos.
Salí del agua, tranquilamente, pausadamente.
Me sequé los pies con mi camiseta, para poder calzarme las bambas de nuevo.
Me puse los shorts encima del bañador mojado, que me sirvió de camiseta.

Caminé de regreso a mi casa.
Estaba siendo un mes muy movidito.
Acababa de llegar de Porto, después de lo de La Coruña y tenía que volver a salir.
Teníamos un encargo en Ponferrada.
Me tocaba a mi hacer la primera valoración.
En el trabajo, el oficial, teníamos unas conferencias opcionales, en León. Así que me pillaba cerca.
Lo malo, porque siempre tiene que haber un pero, es que o bien iba a León en tren, con todos los demás asistentes, o iba en coche, por mi cuenta.
El viaje a Ponferrada no era opcional, así es que decidí ir en coche. A pesar del palizón que eso suponía.

Me metí en la ducha.
Dejé que el agua cayera.
Lo bueno de traer el pelo corto es lo rápido que terminas de ducharte y peinarte.
Tenía la ropa preparada y no me molesté en secarme el cabello.
Mi bolsa de viaje estaba preparada en la entrada.
Mandé un mensaje a N para decirle que iba a salir justo en ese momento. Eran las 6:30 de la mañana, una hora genial, para iniciar el viajecito. Tenía previsto llegar a mediodía.
N me contestó con un "ok", que me pareció somnoliento, al tiempo que metía mi bolsa en el maletero.

Pillé carretera con la música del coche a tope. Tenía previsto cantar hasta llegar a Tudela. Más o menos la mitad del viaje. Pero a la media hora de viaje, recibí una llamada de R.
Ashhhh.
Desde la última vez que nos vimos, digamos que habíamos entablado una "amistad".
-Hoolaaa.
-Hola rubia, vas bien?
-Hace media hora que he salido, no he tenido tiempo de cansarme!
-Lo se, pero voy de regreso a casa y he pensado en ti.
Mira tu qué bien.
En la pantalla del coche salía su foto de contacto.
Joder, que guapo era.
-He pensado, que podría acercarme....
¡Su ptmadre!
-¿Acercarte? 
-A verte. ¿No te apetece?
Pregunta trampa, contestase lo que contestase me iba a ir mal.
Me apetecía, esa era la verdad.
-A verrrr, ¿que has pensado?
-Bueno mañana, aprovechando que quieres ir al castillo de Ponferrada, y que solo está a dos horitas de mi casa...he pensado en alcanzarte ahí. Se que no tenías pensado pasar la noche, pero tal vez podrías hacer un pequeño cambio de planes....que sabría recompensar...
Me eché a reír.
Y el se rió también.
-¿Vas a invitarme a cenar no?
-También.
Me reí de nuevo, era evidente que la cena era lo que menos le apetecía.
-Va rubia, di que si.
-Ya sabes que si.
-Sabía que no podrías resistirte a mis encantos. Me avisas cuando llegues, ok?
-Yassss
La verdad era que habíamos congeniado bastante bien. Nos entendíamos.
Pero era poli. No podía olvidarlo.

El camino empezó a parecerme aburrido, justo pasar Zaragoza, pero me concentré en no detenerme antes de las 3 horas de viaje.
Fue un alivio bajar del coche.
Decidí comprar galletas o algo en la tienda y una cocacola, que necesitaba como si no hubiera un mañana.

N me llamó.
-Nena, cómo vas?
-Pues me he parado un rato, porque la verdad es que ya se me estaba haciendo pesado. 
-Me hubieras llamado y hubiéramos charlado un rato.
-Bueno, he hablado con R .
-Bfbfbfbfbfbfff, el poli?
-Seeeee
-Hay buen rollo, no?
-Hay....feeling. Y lo sabe.
Visualicé a Julio Iglesias en uno de esos memes en el que me señalaba con un dedo. No pude evitar reírme y contagiar a N.
-Creo que vamos a vernos mañana.
-No pierdas de vista lo importante.
-Te voy a mandar una foto de R y vas a ver tu lo que es importante, no me jodas!
-Vaaaaleeeee. Me avisas cuando llegues.
-Que si.

Tenía que llegar a León sin ninguna parada más.
Me metí de nuevo en la carretera, pero sin música.
Me propuse ordenar mi mente.
Debía llegar y hacer el check in en el hotel. Recoger las acreditaciones, saludar sociabilizar y sonreir, para que todos se acordaran de mi, y salir cagando leches. Tenía que  avanzar con lo de Ponferrada, porque al día siguiente con R no podría hacer bien el trabajo. Y quería quedar con R, vaya si quería.

Me costó un mundo no parar de nuevo. Se me hizo superpesado. Pero llegando al hotel todo fue como lo había planeado.
Sonrisas aquí y allá.
Dejé la bolsa en la habitación, me cambie de ropa , me lleve la mochila del trabajo y volví a salir tan campante. No sin antes mandar mensajes a tooodoooos para decir que ya había llegado, sana y salva a León.

Me detuve a poner gasolina en la gasolinera en la que ella trabajaba. Saqué la cámara de la mochila y saqué fotos del establecimiento y de ella, a la que veía a través de la cristalera.
Entré a pagar. Ella me cobró. Fue simpática. Amable.
Hice comentarios triviales sobre el tiempo lo que dio pie a poder tener una conversación.
-Muero por irme a casa, me queda media hora y hasta mañana. Le sonreí con complicidad fingida.
-Voy de camino a Ponferrada, quiero visitar el castillo.No se si me dará tiempo hoy.
-Ushh, qué va. Tienes que ir temprano. Pero Ponferrada te va a encantar.
-Pues entonces me acerco echo un ojo y mañana ya hago la visita oficial. Sonréimos las dos. Me despedí y regresé al coche.
Seguí hasta Ponferrada.
Siempre he sido una loca de las historias de los templarios. De todo ese halo de misterio que les acompaña. Ese castillo era de verdad un sitio al que quería ir.
Pero en su lugar fui hasta su calle. Hice fotos de la calle, de su casa y de las casas circundantes. Estaba atenta al reloj, para que ella no me pillara allí.
Aparqué más adelante.
Pero lo suficientemente cerca para que el objetivo de la cámara me permitiera fotografiarla al llegar.
Tardó poco en aparecer.
La fotografié saliendo del coche y entrando en su casa. Un perro salió a recibirla moviendo la cola de felicidad. Era un pastor alemán precioso.
Esperé 15 minutos antes de guardar la cámara y sentarme mirando al frente.
Qué hacía trabajando en una gasolinera alguien que podía permitirse vivir en esa casa y conducir un Audi cómo el suyo?
A simple vista era incongruente.
A simple vista.

Mi coche estaba en un lugar privilegiado, ninguno de los vecinos tenia entrada por ese lado de la calle. Eran las cocheras.
Solo ella entraba por esa calle.Nunca metía el coche.
Nadie se iba a percatar de mi presencia, al menos en una hora.
Saqué el portátil de la mochila y desbloqueé la contraseña del primer wifi que pesqué con buena señal. El de la casa de enfrente.
Metí la tarjeta de la cámara en el portátil y subí las imágenes a Wetransfer, para enviárselas a N.
Título: Venta casa, situación y exterior

Calibré mis opciones. Pero mi estómago tomó partido en el asunto. Tenía hambre.
Miré el reloj. Me daba tiempo de llegar al hotel,ducharme y arreglarme para llegar a la hora justa a la que estaba prevista la cena,de todos los participantes al congreso.
Me pareció lo mejor.

En el camino de regreso mi teléfono empezó a recibir mensajes. Sonaban por el altavoz y me molestaba que interrumpieran las canciones que venía cantando a pleno pulmón.
Paré en una entrada de una finca, con los 4 intermitentes y abrí el whats. Había 34 mensajes, pero 20 ya eran del último grupo que había creado. "C echa un polvo".
C fingía estar cabreada con nosotras por meternos con ella. Fingía, porque todo esto de los grupos de whats nos divertía a todas. Esta vez le había tocado a ella y punto.
-Hay que joderse C, has tardado un día entero en contestar. Este tío debe follar como Dios si te ha dejado fuera de circulación 24 horas!! Escribí, a sabiendas que C tiene por costumbre pasar de nosotras hasta que le da la realisima gana.
-Tengo una vida más allá del teléfono ehhh. C defendiendo lo indefendible.
-Vaaaaa, cuéntanos que SI folla como Dios, y que no te da tregua ni para contestar a los mensajes, aunque sea mentira, mujer, danos detalles.
Sonreí y pasé a otra conversación.
R me pasó un enlace con la reserva de una habitación de hotel. Joder, como me gusta complicarme la existencia.
Pero iba a complicarmela, era evidente.
La conversación con las chicas me llevó unos cuantos mensajes más. N no comentó nada de R y yo tampoco. No tenía fe en que esto no trascendiera, pero al menos iba a controlar esa información un día más.

Llegué al hotel con el tiempo justo.
Bajé al restaurante 45 minutos después. Me alegró ver que no era la última.
Me senté en la mesa asignada.
La charla fue amena y debo decir que agradable. No me importaban lo más mínimo y no tenía la mínima intención de tomarme nada con ellos más tarde. Pero fingí que si.
Hasta le hice ojitos al señor que tenía al lado. Del cual evidentemente no recordaba el nombre.
Por suerte todos llevábamos las credenciales colgando del cuello. Por suerte.
Odio llevar las credenciales colgando.

Sociabilicé, pero a las doce, cual Cenicienta desaparecí del salón.
Estaba cansadísima.Sin tener muy claro si de conducir o de toda esa gente.
 Me dió tiempo a desnudarme y meterme en la cama. En cuanto mi cabeza tocó la almohada quedé ko.
A las dos horas desperté totalmente desubicada. Tardé un minuto en saber dónde estaba.
No había puesto a cargar el teléfono, así es que en algún momento me había quedado sin batería.
Lo puse a cargar y esperé a que se pusiera en marcha, para programar la alarma.
Puse la alarma a las 8 y revisé los mensajes.
R me había mandado un mensaje.
-Rubia, no me contestas. Nos vemos mañana.
No leí nada más.
Quería volver a dormir.
Pero si... íbamos a vernos al día siguiente.

La alarma me sacó de un sueño reparador.
Pero había descansado y me sentía bien.
Me metí en la ducha sin darme tiempo a quedarme dormida de nuevo.
Unos jeans, las converse, y una camisa lencera fresquita.
Desayuné con las credenciales colgando y con toda esa troupe.
Me limité a asentir y sonreir sin dar mucha más conversación.
Lo máximo que acerté a decir fue:
-Creo que me pasé con los gyns. 
Lo cuál hizo que la gran mayoría asintiera. Menudos resacones llevaban todos.

Me deslicé sin disimulo hacia la salida.
Llegué a Ponferrada temprano.
R todavía tardaría una hora. Localicé un centro comercial y me metí en el parquing.
Había olvidado deliveradamente llevar ropa de recambio. Me pareció mucho mejor comprarme algo nuevo.
Soy rápida comprando, una camiseta de Frida Kalho, una camisa negra y unos chinos negros.
Ropa interior adecuada para la ocasión y unos zapatos negros de taconazo.
Por último compré utensilios de higiene personal y un perfume.
Los jeans y las sudaderas son lo mejor del mundo mundial, pero una tiene que impresionar de vez en cuando.

Salí del centro comercial dispuesta a comerme el mundo...bueno, al policía para ser más concreta.
Me dirigí al castillo. Habíamos quedado para visitarlo juntos. Había contratado a un guía, no quería perderme nada. Estaba emocionada, no lo niego.
Ese castillo impone.

Aparqué al lado de su coche. No sabía que coche tenía, pero estaba plantado a su lado. Revisando el teléfono.
Sonrió al verme.
-Rubia!
-Morenasoo!
Nos abrazamos y nos dimos un beso.
-¿Vamos?
-Yes

Debo decir que disfruté un montón la historia, el paseo, las vistas y de su compañía. R pareció disfrutar tanto como yo. La verdad es que la historia es fascinante.
Pero a las 3 un hambre canina apareció en escena.
Decidimos ir al hotel. Nos sobraba un coche e ir cada uno con el suyo se nos hacía un poco raro.
Nada más llegar al hotel encontré un parquing justo al lado. Así es que el suyo entraría en el aparcamiento del hotel.
Decidimos hacer el check in, para dejar su bolsa y mis cosas.

La habitación era amplia y luminosa. Pero justo entrar R recibió una llamada.
-Tengo que contestar.
-Te importa si me ducho mientras hablas?
-Perfecto!
El recorrido por el castillo me había dejado acalorada y además se me habían quemado los hombros y los brazos.
La ducha me venía de perlas. Fui rápida y cuando apagué el agua conseguí escuchar a R de fondo, que seguía hablando. No pude entender de qué hablaba, pero por el tono entendí que era trabajo.

Me puse crema hidratante y me coloqué la ropa interior, digna de D, no digo más.
Mi brillante mente no me avisó de que no había entrado la bolsa de la ropa. Sólo la ropa interior. Estupendo. Dejaba clara la situación, eso si.
Seguía al teléfono cuando abrí la puerta del baño.
Se dio la vuelta justo cuando crucé el marco de la puerta.
-JODER. Soltó sin darse cuenta de que lo dijo demasiado fuerte. Nada, nada, me he golpeado con una mesa. Evidentemente su interlocutor no entendió a que venía ese joder.
Reí.
Me tumbé en la cama, boca abajo y me puse a revisar la carta del servicio de habitaciones.
-Señor, me quedo con los datos y en cuánto empiece mi turno me pongo de nuevo a ello. (...) si señor, ahora más que nada necesito una ducha....(...) Le tengo al corriente. Adiós.
Se acercó a la cama y se descalzó.
Seguí mirando la carta.
-Rubia...
-Si...
Aparté la mirada de la carta para dedicarle una sonrisa pretenciosa al tiempo que me ponía en pie.
Era un poquito más alto que yo.
Me coloqué demasiado cerca como para mantener una conversación.
Le besé. Me besó. Mientras sus manos me atrajeron hacia él.
-Vale...necesito una ducha. Dijo separándose solo un poco de mi.
-Va a ser que si...
-¿Me estás llamando guarro? Y soltó una risa sincera.
-Pues mira, si. Me reí con ganas. Pero eres un guarro que me gusta mucho. Lo dije mientras dos de mis dedos se metieron en la cintura de su pantalón y lo atrajeron hacia mi.
Dejó de besarme para susurrar de nuevo: -X, deja me ducho, no? Dos minutos, no te muevas de aquí.
-Listo. No más de dos minutos.
Desapareció en un flash.

No tuve más tiempo que para repasar mi imagen en el espejo y colocar en el sitio correcto mi ropa interior y mi cabello.
Descorrí las cortinas.
R fue lo suficientemente sigiloso, como para colocarse tras de mi, sin que yo me diera cuenta.
Puso sus manos en mi cintura y me acarició en sentido descendiente.
Metió las manos dentro de mi ropa interior para tocar mi piel.
Sus dedos me acariciaron suavemente pero sus manos me atrajeron hacia él con fuerza.
Hizo que nuestras pieles se tocaran.
Eché la cabeza hacia atrás para poder besarle.
Nos besamos con deseo, al tiempo que una de sus manos se metía en mi sujetador.
Me dio la vuelta. Le acaricié las nalgas mientras nos besábamos.
La ventana tenía un pequeño alfeizar en el que me apoyé. Esperé que desde la calle nadie estuviera mirando hacia arriba. Mi culo sería todo lo que vería.
R levantó mis piernas y yo las crucé en su espalda. Mis manos se entrelazaron en su cuello para acercarlo a mis pechos. Su lengua los acarició mientras sentí como se deslizaba dentro de mi. Lanzé un pequeño gemido.
Su boca regresó a la mía.
Mientras sus manos me sostenían y con la ayuda del alfeizar, nuestros cuerpos permanecieron pegados el uno al otro.
Sentí su respiración entrecortada. Me separé de él  y me di la vuelta, subiendo las rodillas al alfeizar.
Una de sus manos acarició mi espalda y bajo hasta mis nalgas.
Con la otra me acercó a él, para volver a entrar en mi. Me apoyé en el cristal con las dos manos para aguantar las envestidas.
Con sus manos en mis pechos y los dientes apretados alcanzó a decirme:
-X no aguanto más....avísame...
Me dejé llevar y tras dos gemidos solté:
- Si... ahora ... R...
Terminamos al mismo tiempo, con mi cuerpo pegado a la ventana. Eso si había sido un espectáculo y no lo del Cirque du soleil.
Me besó los hombros antes de separarnos.

Pillé la camiseta de Frida que había comprado y me la puse.
R se tumbó en la cama y yo fui a buscar mi teléfono que no había dejado de vibrar desde que el show había empezado.
Eran mensajes de N.
Necesitaba las imágenes de la casa de la suegra.
!Ptmadre!
Me adjuntaba localización e indicaciones.
Decidí aparcar el teléfono y centrarme con lo que tenía entre manos. Nunca mejor dicho.
Me tumbé en la cama al lado de R.
Se acercó y pasó su brazo por encima de mi.
-Rubia, no te vayas muy lejos... Dame 10 minutos...
-No pensaba irme a ningún sitio.

De momento.
De momento... tenía pensado dejar que ese policía, me sometiera a un registro en toda regla.











































































miércoles, 25 de julio de 2018

Capítulo 14

C

Clases de baile

Al principio fue por buscar algo nuevo.
Algo que me pareciera interesante.
Pasaba por una fase de esas de tedio absoluto.
Si digo la verdad, no pensé que durara más de un mes.
Pero ahí estaba, dos meses después y me gustaba.

Hubo un tiempo en el que pensé que ser ama de casa y madre abnegada era lo mejor. Que mis hijos serían felices con tenerme ahí para ellos, siempre.
Pues no. Básicamente no.
De pronto y sin previo aviso, me di cuenta que la que no era feliz era yo.

Rafa me hizo dar una vuelta completa y me sacó de mi ensimismamiento.
Le sonreí.
Y puse atención al baile, porque evidentemente no lo estaba haciendo. Bailábamos bachata, que no es uno de mis bailes preferidos
Así que en medio del lío mental que yo tenía, lo de jugar a los movimientos sexis, no me estaba saliendo bien.

Rafa se acercó a mi oído:
-¿Estás bien? bueno, mejor pregunto dónde estás, porque juraría que aquí no.
-Perdóname. Creo que mejor me voy.
-Ven, vamos a tomarnos algo y hablamos.
Nos retiramos de la pista de baile.

-Va, cuéntame dónde está tu cabeza...
-Pues...exactamente en ningún sitio... tal vez estoy un pelín melancólica. Los niños se van con su padre el próximo viernes. Voy a estar bien, no es que vaya a llorar por las esquinas de la casa, pero me da una punzadita de tristeza estar sin ellos.
-Vamos C, eso lo tienes superado. 
Joder.
Superadisimo.

-Vale mira. Acopio de sinceridad. He decidido hacer un viaje. Quiero irme, lejos. 
Y no me da pena dejar a los niños o a mis amigas...no quiero dejarte a ti. ¿Vienes conmigo?
Se quedó estupefacto.
-A ver, osea, no tienes con quien ir y has pensado en mi?
-No. Me iría sola. Sin ningún problema. Pero voy a echarte menos. Me parece una idea genial que vengas conmigo, o mejor dicho, que vayamos juntos.
-Vale...podríamos ir juntos de viaje, claro...noté como se recomponía...tienes pensado dónde quieres ir?
-Thailandia.
-¡Joder!
Sonreí, sabía que moría de ganas por ir.
-Sabes lo mucho que deseo ir....
-Lo seeeee. Di que si.
-Habrás pensado en los días que me quedan de vacaciones, verdad? Has pensado en todo antes de contármelo... cuánto llevas dándole vueltas al tema?
-Mmmm, unos quince días.
Desde dónde estaba casi podía escuchar los engranajes de su cerebro.
-Antes o después del día que te besé?
-Después. Confesé.

No pensé en tener nada con Rafa hasta el día que me besó. No me lo esperaba. Me estampó un beso al que evidentemente respondí, pero que no entendí.
Mi radar no había pillado ningún interés por parte de él. Éramos amigos, nada más.
Pero me besó, nos besamos. Nos liamos, y de pronto me vi en un coche a punto de tirarme a un tío al que ni tan siquiera había pensando besar.
Así que le paré. Le dije que no me lo iba a tirar en un coche y que apreciaba nuestra amistad, lo suficiente como para detenerme a pensar en eso.

Chorradas.
Desde ese día no hice otra cosa más que pensar en por qué no me lo había tirado, y en por que no me abalanzada sobre él. O en todo caso por qué o en nombre de que deidad él no se abalanzaba sobre mi, de nuevo.

Entonces pensé en salir de nuestra rutina. En vernos fuera del marco que teníamos establecido.
El viaje me pareció una idea genial.
A me ayudó a cuadrar mi agenda.
Se iba a ocupar ella de un par de cuestiones, para que yo pudiera ir a Thailandia. Si, somos unas zorras desalmadas, pero no entre nosotras, faltaría más.

Así que ahí estaba yo, plantada frente a Rafa, esperando.
Joder, qué mal se me da esto de esperar a que alguien mueva ficha.
La clase había terminado. Estábamos en medio del paso. Sonreímos y saludamos, pero continuamos uno frente al otro.
-Vamonos. 
Cogimos nuestras cosas y salimos, como siempre. Pero mudos.
-He venido en moto. ¿Dónde está tu coche?
-Por aquí.

De camino al coche ya no pude más y empecé a decir gilipolleces, del tipo, si no quieres venir, lo entiendo, sé que no te lo esperabas, blablabla. Seguí con mi verborrea, sin darme cuenta que Rafa venía pegado tras de mi, hasta la puerta del conductor.
Al darme la vuelta me choqué con él.
Dio dos pasos hasta acorralarme contra la puerta del coche.
Me besó. Y me besó. Así, redundantemente.
-Oye, no quiero pedirte que pares....pero...
-C, si me dices que no de nuevo, me matas.
-Vale, dame media hora. Voy a tu casa. Déjame llamar a la canguro para avisar que llego tarde y nos vemos allí.
Su respuesta fue besarme de nuevo.
-Media hora. Y se  fue hacia su moto.

Joder, joder, joder.
El Corte Inglés era mi salvación.
Metí el coche en el parking.
Cómo si me fuera la vida en ello, compré toallitas, desodorante, y ropa interior. Odio a D por crearme ese tipo de necesidades.
Pero debo confesar que no iba preparada para un fast and furious.
Pagué y me arreglé como pude en el baño.
Me miré al espejo y me dije: -Ahora si.

Al sacar el coche del parquing y recuperar la cobertura le marqué a Miriam, mi canguro.
No tuvo inconveniente en quedarse tardara lo que yo tardara.
Y tenía previsto tardar.
Porque después del Fast and Furious tenía previsto repetir, menos fast y menos furious...

Iba a llamar a Rafa para poder meter el coche en su parquing, justo cuando me sonó el teléfono.
Era X.
-¿Qué pasa?
-¿Qué pasa? Pues nada, ¿no puedo llamarte para charlar? ¿Qué te pasa a ti que te noto atacada?
-Estoy atacada. Estoy a punto de meter el coche en el parquing de Rafa.
-Aja. Vale. Y eso te pone nerviosa...poorqueee....
-Gilipollas eres. Que nos hemos liado, joder. Que me está esperando.
-Ahhhhhh, que vas a echar un polvo! Se partía de risa. Hay que ver lo que te cuesta ser clara. Pues ala, te dejo, ya hablamos luego y me cuentas!
Le colgué y encontré aparcamiento en la misma calle.

Mi teléfono vibró y le eché un ojo mientras caminaba hacia el portal.
X había creado un grupo de whats..."C echa un polvo"...iba a matarla, lo juro.
Menos de un minuto y 16 mensajes.
Ya les contestaría luego, después de dedicarles 50 insultos a cada una.

Me abrió casi sin dejar sonar el timbre.
Subí al segundo por las escaleras, para tranquilizarme.
No lo conseguí.
La puerta estaba abierta.
Rafa apareció tras la puerta.
-Has tardado.
-Lo bueno se hace esperar, ¿sirve como excusa?
-Cualquier cosa que dijeras serviría, tengo intención de perdonártelo todo.
Nos besamos mientras él cerraba la puerta con el pie.
Me dejé guiar hasta el sofá mientras los besos y las manos de Rafa no me daban tregua.
Una imagen mental me despistó.
No pude mas que echarme a reír.
-¿Te ríes?
-No puedo evitarlo. 
Me miraba sonriente, pero no perdió la meta de vista.
Además de bailar bien tiene unas manos casi celestiales.
Tanto como para conseguir sacarme de la cabeza a Vin Diesel echándome un Fast and Furious.

¿Cómo no iba a reírme?

































viernes, 20 de julio de 2018

capítulo 13

D


Estaba pensando en ti.
Eso fue lo que me dijo a las 3 de la mañana.
Si alguien te llama solo para decirte eso, ha de haber alguna cláusula implícita que te obligue a quererle, si o si.
No quería nada más ( y nada menos).

Cuando llegué al hotel llevaba una sonrisa estúpida pintada en los labios.
La noche estuvo genial.
Me reí un montón.
Moría de sueño, eso si.
Había quedado con X el día siguiente.
Necesitaba deshacerme del cuchillo.

Joder, moría de sueño, pero me obligué a desmaquillarme y a lavarme los dientes.
Me quité la ropa y me metí en la cama. Creo que me quedé dormida en apenas un minuto. Porque en un abrir y cerrar de ojos era de día.
Me habría quedado en esa cama como mínimo dos horas más.
Pero quería desayunar fuera y pasear por las calles de la ciudad.
Pasear sin ningún motivo, sin ir a ningún sitio, solo caminar.

Me metí en la ducha, y me deleité con una de esas duchas largas.
Es uno de esos placeres que pocas veces puedo darme.
Me sequé y esa misma toalla me la enrollé en la cabeza para sacar la humedad de mi cabello.
Mientras contestaba a los mensajes de mis hijos, me puse la ropa interior.
X golpeó mi puerta.
Sabía que era ella, es como un relojito suizo.
Le abrí la puerta en ropa interior.

-La tía con la ropa interior más sexi del planeta... lo dijo partiéndose de risa.
-Y la más cara, joder, qué vicios tengo!
-Pero, nena eso levanta a un muerto!
-Mamona!

Pasé de ella que se tiró en el sofá con el mando a distancia del televisor, mientras yo regresaba al baño, para terminar de arreglarme.
Miré mi imagen en el espejo. Tenía que cortarme el cabello. Lo llevaba demasiado largo. Meter una cabellera en una peluca era siempre un reto.
Perdí poco tiempo en peinarme y quedé lista con unos jeans y una camiseta.

-Venga vamos, que muero de hambre. 
Recuperé el cuchillo y lo metí en la mochila de nuevo.
-Vamos, exagerada. ¿Buscamos una pelu?
-Siiiii. 
Siempre lleva el pelo corto, si le crece creo que el resto de mortales no lo percibimos, pero al parecer también necesitaba una peluquería.

Justo salir a la calle y respirar aire fresco, me contagié del buen humor de X.
-Vamos a hacernos un selfie con los azulejos de esa casa, esa, ya sabes cual quiero decir...bueno pues con esos azulejos de fondoooooo.
Paseamos animadamente haciendo fotos aquí y allá.
Casi se me había olvidado el desayuno, hasta que la pobre criatura desfallecida por inanición chilló de emoción a ver una super pastelería justo enfrente.
Puta loca.
Pero me hizo reir.
Soy de risa fácil, para qué engañarnos.

Entramos, porque la criatura moría de hambre, y no podía esperar ni un minuto más, evidentemente.
Era una pastelería-cafetería preciosa.
Decorada con un aire retro, que la hacía encantadora.
Y al hacer un barrido visual...zas... joder, el llanero solitario.
Qué pasaba con ese hombre? En serio. Era como Dios, estaba en todas partes.
Nos saludo levantando la mano y con una sonrisa.
-Ei!! Dije al acercarnos a su mesa.
Porque lo de que estaba pensando que era como una deidad no me pareció un buen saludo.

-Hola! Sois las únicas que habéis despertado temprano, verdad? Las otras dos deben estar roncando.
-Pues si, pero si hubiera tenido que apostar, hubiera apostado a que tu también seguías entre las sábanas...
-Ojalá y me sonrío pícaramente. Tenía una reunión temprano. Marcos, ellas son  X y D.
-Encantada! Y X le plantó dos sonoros besos.
-Hola Marcos, qué tal?
-Bien, bien, desayunáis con nosotros? 
Tenía un acento portugués ....y unos ojos verdes de impresión.
Que mentiría si dijera que su acento fue lo que más me llamó la atención.
A mi los aires portugueses no me sentaban bien. Todos me parecían atractivos.
-Siiii, claarooo. 
Pues yo iba a decir que no, que blablabla, pero X se me adelantó y me guiñó un ojo.
-D, qué quieres?
- Un té negro, con leche y algo con nata.
Me senté con ellos.
-D, te gusta mi ciudad?
La has comprado?
El borderio me sale naturalmente.
Pero me controlé y le hablé sonriendo.
-Siii, es una de mis ciudades preferidas.
-Vienes mucho?
Siempre que hay que matar a alguien.
-Bueno....tal vez una vez al año.
-Me parece poco....seguro que te falta mucho por ver. Otra puta sonrisa profident.
Seguro era yo, porque ese tipo me acababa de conocer,no me estaba tirando los trastos. Estaba siendo amable y yo paranoica.

X llegó a la mesa con desayuno para un regimiento.
Esos pobres hombres la miraron estupefactos.
Yo no, esta mujer come lo que quiere y todo le sienta fenomenal.
Les contó que íbamos a la pelu, que nos compraríamos algo en alguna tienda, qué probablemente en mi caso serían unos zapatos.
Tenía razón, los zapatos y los bolsos siguen de cerca a la ropa interior, en cuanto a compras se refiere.
Así que sonreí al tiempo que miré mi whats, que no paraba de recibir mensajes.
Era C.
-No os olvidéis de mis pasteles, o dejamos de ser amigas!
-Tranquiiii. X ya los tiene.
Mentira.
Pero estábamos en el sitio correcto, no problem!

Me levanté con la excusa de los pasteles para C y me llevé la mochila conmigo.
Le encargué a la chica los pasteles para C y me fui al baño.
Al de los hombres.
Techos de pladur. Estupendo.
Saqué la camiseta de la mochila y la usé para levantar una de las placas del techo.
Pasé el cuchillo de la mochila al techo, siempre con cuidado de no tocarlo.
Coloqué de nuevo la placa.
Salí sin que nadie se hubiera percatado de mi paseo por el baño de los hombres.

Cuando regresé a la mesa X y Marcos ya habían quedado.
Esta tía es la hostia.
-D! Marcos tiene un velero... aquí, en el río. Vamos no?
Pusé los ojos en blanco.
Esta mujer me dejaba flipando.
-Yo no puedo acompañaros. Pero puedo llevarme los pasteles al hotel y dárselos a N. Así vais tranquilas.
Míralo, qué majo él.
-Perfecto! Vamos D.
-Claro! Iba a matarla, los barcos, veleros, yates y cosas flotantes no son lo mío.

Hay que decir que Marcos era simpático.
Y guapo, si, también era guapo.
Nos llevó hasta el velero y la verdad es que no presté atención a nada, dejé que los mensajes y correos ocuparan mi atención.
Pero enseguida estuvimos frente a un velero magnifico. No me gusta navegar, pero era impresionante.
A X le sonó el teléfono y se apartó de nosotros para poder hablar tranquilamente.

-Vienes?
-Aja.
Me tendió la mano para ayudarme, innecesariamente, pero aprecié el gesto.
-Hace un tiempo perfecto para salir.
Mira qué suerte la mía.
-Marcos, debo confesarte que las cosas flotantes no son lo mío.
-El Amalia es otra cosa. Vas a disfrutarlo, lo sé.
Claro, claro.
X subió detrás nuestro.
-Marcos, es una pasada, estoy alucinando.
Había personal a bordo.
Osea, quién era Marcos?
Dadme un minuto, y nos ponemos en marcha.
X y yo nos miramos sorprendidas.

Pasamos a la parte delantera y nos sentamos.
-Bua, hace un sol de justicia.
-Creo que no vamos vestidas para la ocasión.
-Esta gente seguro tiene algo para prestarnos. Verás que si.
Y desapareció en busca del bañador perdido.
Me acomodé y respiré profundamente.
La verdad es que hacer algo diferente me parecía interesante, y pensaba tumbarme en plan relax.
También esperaba poder cambiarme de ropa antes de morir asfixiada con los tejanos puestos.

X regresó con un bañador puesto y una sonrisa de oreja a oreja.
-Listo! Esto es genial verdad?
-Si, la verdad es que si. Confesé.
-Hay de todo, ves a buscar un bañador que el sol achicharra. 
Obedecí, por una necesidad inminente.
Marcos me alcanzó a mitad de camino.
-Te acompaño.Y me tendió de nuevo la mano.
Me dejé guiar hasta el camarote en el que podía cambiarme.
-Coge lo que necesites.
-Gracias.

Cogí el primer bañador que ví. Me saqué  la camiseta y al quitarme los jeans ultra skiny, no pude hacer más que pensar por que razón no era suficiente con skiny? No, claro que no, tenían que ser ultra corta circulación. Tienes que perder media vida intentando quitártelos. 
Volví a ponerme la camiseta, y unos shorts que pesqué de un cajón.
La verdad que así estaba mucho mejor.

Cuando llegué con X, estaba tumbada a lo romano, con sus gafas de sol y comiendo fruta.
-Te habías quedado con hambre?
-La fruta se come sin hambre, subnormal. Y ponte protección que tu blancura deslumbra.
-Que te follen
Y nos reímos como las locas que eramos.
Nuestra manera de hablar le pareció divertida a Marcos, que se rió con nosotras.
-Sin querer dar la razón a nadie...si creo que deberías ponerte protección.
-Seeee, lo se, el sol y yo no somos amigos.
-Tu tranquila que lo solucionamos.
Tranquila estaba.

No se como ni cuando me quedé dormida en ese almohadón gigante y acogedor.
Abrí los ojos y me incorporé, me senté con las piernas cruzadas y reconocí la desembocadura del Duero.
Marcos y X estaban de pie observando las aves.
Él se volteó y me pilló mirándole.
Se acercó a los almohadones y se sentó a mi lado.
-Necesitabas descansar.
-Bueno si te soy sincera, los barcos me mecen o me marean. El Amalia me mece.
-A mi también.
Sonreímos mirando hacia X.

El teléfono me sacó del ensimismamiento.
A.
Nada más descolgar me soltó un rollazo en plan maternal y pensé que había pasado algo.
Marcos me miró y le puse los ojos en blanco.
-.... N me ha contado que el vaquero os dejó con un amigo suyo y blablabla porque si tengo que esperar a que me lo contéis vosotras.... blabla...
-Que si mama, que tienes razón. Somos unas imbéciles integrales. Pero pensé que estarías con Luis y sabía que N estaría con el vaquero....Estamos biennn. Relájate. Estamos en el hotel en un par de horas. 
Miré a Marcos para que me confirmara lo de las dos horas, y asintió con una sonrisa. ¿Este hombre siempre sonreía?
-D...
Le miré.
-¿Si?
-Creo que deberías quedarte una noche más....
Joder.
El caso es que ... esa idea ya había pasado por mi mente, justo una sonrisa atrás.

-Marcos, sabes dónde canta Celeste Rodrigues?
Asintió sonriendo.
Tendría que cambiar el regreso...
Lisboa y Celeste bien merecían una noche más....

Qué bonito es el estuario del río Duero visto desde el Amalia.



                                                                                                                                                       





























viernes, 15 de junio de 2018

Capítulo 12

A
Porto

Conducir me había venido bien.
Pero mi estado de ánimo había ido cambiando, a medida que llegábamos a Porto.
La idea de quedarnos, casi todas, en la ciudad me había parecido genial.
Pero conociendo a D, algo me tenía intranquila.
Tenía la sensación de que había algo más que no nos había contado.

Pero por otro lado...Porto me tiene loca.
Me encantan sus calles.
Sus tiendas.
Encuentro mil elementos decorativos a precios increíbles.
Y Luis.
Si, también está Luis.
Ese barman me quita el sueño, literalmente.
En ese balance absurdo, conclusioné, del verbo conclusionar de toda la vida, que estos días iban a ser geniales!

Después de hacer el check in subí directa a la habitación. Necesitaba tumbarme un rato.
Mandé un mensaje a C, prometiéndole un pastel de nata de los que a ella le encantan. Qué menos después de perderse nuestro akelarre.
Me quedé dormida en 0,5.

Cuando volví a abrir los ojos había pasado una hora.
Está claro que necesitaba un descanso.
Descorrí las cortinas, descubriendo un enorme ventanal con unas vistas fabulosas, de un atardecer rosado.
Me senté en la butaca y contesté 16 correos de posibles clientes, 10 mensajes histéricos de 3 novias histéricas, más una suegra, histérica también, y 33 mensajes de whatsapp. La mayoría de ellos de colegas,a los que ya había llegado la noticia de la novia muerta.
Fingí. Va inherente en nosotras, fingir, ocultar o mentir, según se tercie.
Comenté la sorpresa, la estupefacción, lo inverosímil del hecho en cuestión.
En realidad, ya había sacado ese trabajo de mi mente.

Pensaba salir a cenar con mis amigas, reir hasta el desencaje de mandíbula, tomarme unos cuantos de los gintonics de Luis, y tirarme al barman hasta el amanecer.
Dicho así me sonó a título de peli porno y me eché a reir.

Sincronicé mi Iphone con el reproductor de la suite.
Don't stop me now de Queen sonó lo suficientemente fuerte como para poder cantar con ellos.
Hice todo un tributo a Freddie Mercury.
Pero saliendo de la ducha cambié la lista de reproducción, por algo más tranquilo.
Me pusé la ropa interior, escogida con una intencionalidad clara.
Me maquillé dejando los ojos smokey, porque en conjunto con mi pelo corto rubio, quedaba muy, como lo diría, me parecía seductor, y de eso iba la historia.
Justo en el momento en el que me ponía la camisa, alguien llamó a mi puerta.

Era D.
De negro, evidentemente.
El negro prometía ser el color de la noche.
-Pero que ojazos tia!
-Seeee, le he pillado el truquillo a esto del smokey.
Se abrió paso, sin más. Nosotras no nos damos besos de cortesía. Creo que nos parece una gilipollez innecesaria.
Se acomodó en el sofá. Cruzó las piernas y me clavó la mirada.
Pensé que me iba a soltar una bomba.
Algo había, lo sabía.
-¿Recuerdas a Javi?
-¿Qué Javi?
-El de N.
Joder.
-Si, recuerdo a ese gilipollas integral. ¡Suéltalo ya!¿Qué pasa?Nombrar a según que elementos, de subespécies por catalogar, me pone de los nervios.
Se partió de risa. Nuestro humor deja mucho que desear, estoy consciente de ello.
-Lo he matado esta tarde. Lo dijo mientras se comía una chuche de las de cortesía del hotel.
-¿Y ya está? ¿Nada más que contar?
Era un puto parásito. No paso por mi mente nada de nada, más que una especie de alivio. El mundo estaba mucho mejor sin él. Además yo sentía que se saldaban cuentas pendientes.
N nos pidió que nos olvidáramos, pero eso es algo difícil cuando ves a alguien a quién quieres, encadenada a una cama, llena de moratones e inconsciente.
A la mierda Javi.
-Le he pedido a X que me acompañara. Ha sido algo rápido.
Y me contó como lo había encontrado unos meses atrás y como sin tan siquiera darse cuenta, había urdido ese plan.
-Pues no seré yo quien te diga que ha estado mal. Se lo que dijo N, y se que fue su manera de superar todo eso. Pero esta ha sido tu manera de superarlo, y confieso que también la mía. A tomar por culo Javi. No hay más que hablar.
Chocamos nuestras chuches a modo de brindis.
-Y ahora lo importante....ya has avisado al barman noooo??
Nos reímos.
-Clarooooo, ese barman no se puede pasar por alto. Es parada obligatoria.

Me levanté para terminar de vestirme y arreglarme, justo cuando sonaba de nuevo mi puerta. Lancé una mirada a D para que se encargara ella.
-Vaaaleeeee, ya voy yoooo, tu termina tu obra de arte.
Las escuché des del baño, era N.
Se reian.
Al verme entrar N se levantó de un salto y gesticulando como payaso.
-Pero nenaaaaa, estás de muerteeee.¿El barman no?
Era vox populi. Estas brujas tenian demasiada información sobre mi.
-Seeeee, ya sabes que de Porto me quedo con las tiendas de antigüedades y con el barman. Pero mujer, no te quedes solo con eso, cuéntame todo lo jugoso e interesante del Llanero solitario!
D se rió con ganas viendo la mueca de N.
-Puede decir lo que quiera, pero el Llanero está cañón y es simpático.
-Que siiii, que es verdad, que me pone. Confesó N muy a su pesar. De hecho....le he dicho que puede unirse a nosotras después de cenar.
-Bueno, dijimos D y yo a la vez, no hay problema.

X mandó un mensaje al grupo.
-Me falta una puerta a la que llamar. No os habéis ido sin mi, verdad... Guarras!!
Y sonó mi puerta al mismo tiempo que nuestras risas.
-¿Qué pasa aquí, me ocultáis algo? ¿Me estabais poniendo verde? 
-Clarooo, eres nuestro tema preferido. 
Reimos y nos pusimos en marcha.
-Tías, muero de hambreeeeee. Y lo dije en serio estaba hambrienta.

Llegamos al restaurante animadas.
Todas necesitábamos un respiro.
La cena fue de risas y charlas. Mandamos fotos a C, que se cagó en todos los muertos de todas, por no estar con nosotras.
Justo en los postres, que no nos saltamos, N recibió mensaje de su Llanero. Quedamos con él una hora más tarde, en el lounge bar de Luis.
N le mandó la localización, está claro que no quería que se le perdiera. Me provocaba cierta curiosidad ese vaquero.

Fuimos andando al bar.
El aire nocturno nos despejó.
Entramos en el bar casi a la vez y ruidosamente, aunque la música estaba tan alta que no creo que nadie se percatara de nuestra llegada. A excepción del barman...Él si nos vio. Assshh qué guapo estaba cuando sonreía....
D pasó medio cuerpo por encima de la barra para estamparle un beso a MI barman. Las otras dos saludaron con la mano, al mismo tiempo que se sentaban en la barra.
Yo me acerqué a la entrada de la barra.
Me pasó la mano por la cintura y me acercó a él, dándome un beso.
Se acercó a mi oído y me dijo:
-¡Pero qué guapa estás A!
Sonreí juguetona y fui a sentarme con las brujas.
Nos puso lo que quiso, porque ninguna de nosotras le pidió nada.

X estaba de cara a la puerta y viendo a entrar al vaquero, exclamó casi gritando:
-Ya está aquí el Llanero solitario.
Nos reímos ruidosamente.
Luis se giró a ver cuál era el motivo de nuestra exaltación.
Sonrió al pobre que entraba, a modo de solidaridad.
-¡Hola a todas!
-Hio Silver
Todos nos echamos a reir, vaquero incluido.

La noche se cargó de buen humor y gintonics, tal vez, a partes iguales.
Y con la claridad que me proporciona la ginebra, casi podía asegurar que el Llanero solitario había sido cliente mío. Seeeee, yo había preparado su boda.
Él no se acordaba de mi, evidentemente, poca gente recuerda la cara de la florista de la boda.
Yo si me acordaba de él. Pero dejé esa investigación para más tarde.
Mi barman me hizo una señal y le seguí al almacén.

Me pegó a la pared mientras me besaba con deseo.
-Hace mucho calor aquí. Dijo al mismo tiempo que me desabrochaba la camisa.
Sonreí y le dejé hacer, mientras seguía besándole.
Qué bien besa ese hombre.
Me acarició por encima de la ropa interior y apartó el sujetador para liberar mis pechos. El calor del ambiente y las caricias nos pusieron tan a mil, que con una habilidad casi olímpica, me levantó la falda y aprovechándose de la sujeción que nos daba la pared, enlazó mis piernas a su espalda.
Si señor, eso era la clara definición de un buen empotrador.
De ese barman, sus gintonics no eran ni de lejos, lo que más interesante me parecía.
Con sus manos en mis nalgas apartó mi tanga, sabiendo cuánto le deseaba y me penetró.
Me empujó contra esa pared, sin darme un respiro.
Fue algo rápido y bruto.
Pero muy satisfactorio.
No nos dijimos nada. Justo cuando terminamos casi en un susurro me dijo, con su cabeza apoyada en mi hombro:
-Te echaba de menos
-Creo que era mútuo.
Sentí como sonreía, al mismo tiempo que me soltaba. Devolviendo mis pies al suelo.
Me coloqué la ropa e intenté recomponer mi pintalabios y mi cabello.
-Sigues estando perfecta.
Claro que si, guapi. Un cromo estaba hecha.
Pero el hombre era galán, que vamos a hacerle. Le sonreí y salimos del cuartucho.

D que parece un puto policía, con una simple mirada ya me había escaneado entera.
A veces, la odio.
Me sonrío y le saqué la lengua.
Se partía de risa.
Salió a la calle justo cuando yo llegué hasta ellos. Estaba hablando por teléfono.... a las 3 de la madrugada?

N y el vaquero estaban charlando con X.
Pero la verdad es que N parecía cansada.
Cuando D regresó N dijo que quería ir al hotel.
Todos asentimos.
Le dejé la llave de la suite a Luis y me guiñó un ojo.
-No tardo.

Regresamos tranquilamente al hotel.
Sin prisas.
La noche no nos daba miedo.
Bueno, a decir verdad pocas cosas nos dan miedo.
Las cucarachas me ponen frenética, grito y hago ruiditos si se me escapan mientras quiero aplastarlas. Pero creo que eso no es miedo exactamente.

N y el vaquero desaparecieron tras la puerta de la suite.
Me despedí de X y D que quedaron para salir a correr al día siguiente.
¿A correr?¿D?
Estas dos estaban planeando algo, pero yo tenía pensado dormirme muy tarde y despertarme muy bien acompañada.

Ya pensaría en eso al día siguiente.
Esa frase volvió a recordarme a una película, esta vez sin ser porno.
Me había visualizado como Scarlata O'Hara en Tara.
Sonreí mientras cruzaba la puerta de mi habitación y me disponía a esperar a mi Barman.
-A Dios pongo por testigo que nunca volveré a pasar hambre. Lo dije en voz alta y no evité reirme también, en voz alta.

Y aunque ya ninguna de ellas podía escucharme dije:
-Buenas noches brujas. 
Y la puerta se cerró tras de mi.
















































viernes, 25 de mayo de 2018

Capítulo 11

Porto

D

Cancelé el masaje nada más entrar en la habitación.
Quiero a N y que decidiera venir de relax con nosotras me pareció estupendo, pero me complicaba los planes.

En cambio Jordi, ese vaquero me había venido de perlas!
Pasaría con N un buen rato, así ella no se daría cuenta de mi ausencia, ni se preocuparía por si tardaba. El Llanero Solitario cumpliría, estaba segura.

Salí de la habitación apenas cinco minutos después de haber entrado.
Tenía el tiempo justo.
Solo eran dos calles desde el hotel. Por eso lo había escogido.
Quería cerciorarme de que Javi seguía dónde lo había localizado, unas semanas atrás.
Había tenido la precaución de salir del hotel con una gorra de béisbol. Odio esas gorras, pero no quería tentar a la suerte y que ese bicho me reconociera.
Ahí estaba el pequeño local de tatuajes.
La imagen del interior se reflejaba en el escaparate de la tienda de enfrente.
Fingí mirar zapatos. En realidad le estaba viendo a él.
Agachado en una mesa de dibujo.

Tenía localizado su apartamento. Su trabajo. Sus itinerarios. Parecía que todo seguía como unas semanas atrás. No había cambios.
Fui paseando hasta el final de la calle. Deteniéndome en las tiendas. Mirando aquí y allí.
Ninguno de los establecimientos de la calle tenía cámaras de seguridad.
Incluido el local de tatuajes.
Dí la vuelta al llegar al final y recorrí la distancia hasta la tienda de Javi contando los pasos.
Justo a tiempo, puntual. Salió a cerrar. Tenía por costumbre regresar a su apartamento a comer.
Vivía cerca, a un par de calles.
Le seguí a una distancia prudencial.
Le ví saludar a un vecino y entrar en su portal.
Tenía al bicho e iba a aplastarlo.

Regresé al hotel, pero entré por la cocina. Necesitaba un cuchillo.
La entrada de la calle da a una zona común, no había nadie. Entré a la cocina y sin tan siquiera detenerme cogí un cuchillo y lo coloque en mi espalda, sujeto con la cintura del pantalón. Nadie me preguntó, los únicos chicos que estaban en la cocina siguieron trabajando como si nada.

Subí a mi suite dispuesta a darme una ducha.
Leí un mensaje de whats de  N:
-Eres una cabrona
Estaba claro que el plan había funcionado a la perfección
-Estoy como nueva! ¿Nos vemos en 30 minutos? ¿Vienes a mi habitación?
Me contestó con un Ok y me metí en la ducha.
Javi estaba en mi cabeza y no podía sacarlo.
Ese tio destrozó a N. La dejo hecha añicos. Tardó un año entero en parecerse a la que era antes de él.
Ella había apartado a ese imbécil de su mente. A él y a las ganas de hacerle pagar lo que le hizo.
N prefirió borrarle del mapa, del mundo.
Y nosotras también. Por supuesto respetamos su voluntad.
Habían pasado 5 años desde la última vez que le había visto. Hasta esa tarde en Porto.
Nos cruzamos en una calle.
Yo llevaba peluca y gafas de sol y ese pobre no tenía manera de reconocerme, pero él estaba prácticamente igual.
Iba con un amigo y conversaban en portugués, animádamente.
Justo pasar por mi lado me di la vuelta y les seguí.
No tenía pensado nada, solo le seguí.
Alargué mi estancia en la ciudad sólo para tener los máximos datos sobre su vida.
Me fui con toda la información, pero sin decirle nada a ninguna de ellas.
Tardé dos semanas en pensar que hacer.
No iba a contárselo a N, pero había decidido borrarle del mapa, definitivamente.

Salí de la ducha y  me vestí de negro. Estaba adelantándome al luto. N llamó a mi puerta justo cuando terminaba de maquillarme.
Fue abrir la puerta y me soltó:
-Eres una lianta, una puta manipuladora
-Y estás encantada de la vida de que lo sea
Nos echamos a reir.
-Vaaaaa, cuentameeeeee, ¿qué tal el Llanero solitario?
-Buaaa, pues tampoco es muy allá...
-Mentirosa.
-Está bieeeen, ha sido podium.
Nos reimos con ganas. Un podium no es fácil de conseguir, tiene su mérito.
-Vamos, me cuentas comiendo, estoy muerta de hambre.

Fuimos en taxi, no estaba muy lejos, pero lo de que estaba muerta de hambre era verdad.
El Tapabento es uno de mis restaurantes preferidos.
Pedí marisco y pescado, mi estado de ánimo era como de celebración.
N empezó a contarme de Jordi. Hay que decir que el tío tenía interés, impresionar a N no era tarea fácil.
Hablamos de mis hijos, blablabla.
A mandó un mensaje a N, para decirle que ya estaban en el hotel.
Un poco cansadas, pero bien.
Decidimos regresar al hotel dando un paseo.
Le mandé un mensaje a X.
-Te necesito.
-¡Ha sonado desesperado tia! jajajaja
-Bueno, desesperada no, pero un poco justa de tiempo.
-Pásate por mi suite y hablamos
-¡10 minutos!

Pusimos atención a las tiendas todavía cerradas y llegamos al hotel agarradas del brazo, como las viejas.
N mandó mensaje al grupo.
-¿Descansamos y nos vemos más tarde?
Un ok de todas nos llevo a las habitaciones.
Me puse una sudadera negra, coloqué el cuchillo en mi espalda y salí directa a la suite de X.
Tardó medio segundo en abrirme.

-No vas ni a decirme buenas tardes, verdad?
-Pues no. Pilla una camiseta para cambiarte y cálzate que nos vamos. Te lo cuento por el camino.
Salimos del hotel y le solté la bomba.
-Vas a matarle.
-Pues es justo lo que tengo pensado. A ti es a la única que no conoce personalmente. Necesito que lo despistes y lo entretengas. Yo haré el resto.
-Todo controlado? No me acostumbro a verte con esa gorra.
-Tenemos 25 minutos antes de que abran las tiendas de la calle, somos invisibles hasta entonces... y no me hables de la gorra, ni de las gafas de sol.
La puerta tiene un timbre, como un portero automático. En cuanto salgamos quedará cerrada. ¿Estamos?
Asintió. Estaba colocando toda la información en su cabeza.

Caminamos rápido y en silencio. Al entrar en la calle bajé la velocidad y me coloqué un guante en la mano derecha, saqué el cuchillo de mi espalda y metí mano y cuchillo en el bolsillo de la sudadera.
X me miró y asintió.
Pulsó el timbre de la puerta con la manga de la sudadera.
Fingí entretenerme con la zapatería de enfrente.
Un Javi sonriente nos abrió la puerta.
X le sonrió y su hola sonó risueño.
-Oyeee, esto es genial!! Ana, pasas? 
-Si,voy, espera.
-Los zapatos la vuelven loca. Bueno te cuento, quiero hacerme un tatuaje, pero a mi esto de las agujas, no se, me da como un poco de pánico...
Entré tras ellos y la puerta se cerró. Me quedé cinco pasos por detrás viendo sus dibujos colgados en la pared y las camisetas y mochilas que tenía a la venta.
Me puse el otro guante.

-No te preocupes, ven, te enseño y te explico un poco todo.
-Ooowwww eres muy amable.
Me dí la vuelta
Tres pasos largos y era mío.
Uno...dos.. tres..
Le pasé el brazo izquierdo por la parte delantera del cuello, le ladeé la cabeza y le clavé el cuchillo en el cuello.
Con fuerza.
Sus piernas le fallaron.
Le sujeté y acompañé su caída hasta justo el punto en que nadie le vería.
Sus ojos estaban abiertos, pánico, el bicho tenía un pánico atroz.
Saqué el cuchillo de su garganta, al mismo tiempo que lo movía circularmente. No iba a dejar nada al azar.
Ese moría hoy si o si.
Pasé por su lado. Guantes y cuchillo todo en uno, X me pasó su sudadera, me saqué la mía. Hicimos una bola con todo.
Nos movimos hasta la puerta.
X revisó mentalmente todo.
Desde donde estábamos no se veía a Javi.
Agarré una mochila de las que estaban  a la venta. Con una calavera en el centro. Adecuada.
Coloqué todo dentro y X se la colgó a la espalda.
X Abrió la puerta usando la camiseta para no tocarla.
Salimos a la calle, todavía vacía, nos habían sobrado 5 minutos de invisibilidad.

Regresamos al hotel, digamos que por el camino largo.
Me quité esa gorra y la tiré en el primer cubo de basura que vi.
Hablamos de su último trabajo, de la boda, del novio, del policía, nos pusimos al día de lo acontecido.
Entré en el hotel más liviana.
Nos plantamos en las puertas de los ascensores.
X se sacó la mochila.
-¿Te encargas tu?
-Claro
Me pasó la mochila y las puertas se abrieron.

Jooooderrrr. El  Llanero Solitario cabalga de nuevo.
Ahí estaba él...Y yo visionandolo en un podium.
-¡¡D!! ¿Debo agradecerte que no tomaras nada con nosotros?. Y ahí estaba esa sonrisa profident que tenía el vaquero.
-Holaaaa Jordi!! No tengo ni idea de que me hablas. Ella es X. Y él es...
-El Llanero solitario.
Joooderrrr X
Jordi estalló en una carcajada.
-¿ Me habéis puesto nombre, tan pronto?
- Podría decir que no, pero es tan evidente que no voy a molestarme en negarlo. Me reí porque la verdad es que Jordi era simpático y la situación graciosa. Y yo, bueno nosotras, unas sociópatas.
-Oye, sé que cenáis las chicas juntas esta noche, pero si os apetece que os acompañe, por mi encantado.
-Vale! Te digo algo luego...
-Nos vemos!

Entramos en el ascensor al tiempo que X le daba la última repasada a Jordi.
-Tranquila, le dije, N ya le habrá investigado, si seguimos aquí es porque ella ya le habrá dado el ok.
-Es verdad. Y le ha dado el ok?
-Me ha dicho que le ha dado el podium.
-jajajajajaja, eso es más que un ok.
-¡Exacto!
Las puertas se abrieron en nuestro piso y quedamos en mandarnos un mensaje a eso de las siete y ponernos de acuerdo para la cena.

Mi suite era la única que tenía balcón.
Ya había estado alojada allí en otra ocasión.
Lavé el cuchillo en la bañera, era mejor la lejía, pero no tenía, así es que el jabón neutro tenía que servir, de momento.
Lo sequé y me dirigí al balcón.
Miré a la calle.
Nadie a la vista.
Palpé la pared más allá del balcón. La hendidura estaba ahí. Metí el cuchillo en ella. Lo más adentro que pude.
Era un buen escondite.
Eché un vistazo al río y al movimiento de la calle.

Me apoyé en la barandilla.
Si hubiera fumado, ese sería un momento genial para fumarse un cigarrillo.
Mi teléfono vibró des del bolsillo trasero de mi pantalón.
Vuelta a la realidad.
Aunque visto lo visto, cuál era la realidad?
Filosofar tendría que esperar.

Atardecía en Porto, dulcemente, casi idílicamente.

















































miércoles, 23 de mayo de 2018

Capítulo 10

Porto
N

Mil años desde la última vez que había estado allí.
Bajé la ventanilla del coche. Soy medio perruna, me gusta sentir el aire cuando voy en coche.
El trayecto entre el aeropuerto y el hotel fue realmente corto.
Jordi  y D estaban animados conversando y riendo.
En cambio yo no podía dejar de pensar ... demasiadas coincidencias.

Bajé la primera del coche, quería hacer el check-in de las suites, A y X todavía tardarían, pero yo necesitaba aclarar las ideas.
D me miró por encima de las gafas de sol. Me conoce tan bien, que creo que estaba escuchando los engranajes de mi cerebro. Así que la chica lista se quedó entreteniendo a Jordi en lo que yo entraba.

El hotel no era ni de lejos el mejor de Porto, pero D es una cuadriculada mental. Tiene una lista de hoteles en los que le gusta alojarse, vete tu a saber por qué. Si se lo preguntáramos dudo que tuviera una respuesta lógica. Pero le hago caso, siempre que es posible.
Por eso nos alojamos en el Vincci. Eso si, la señora quiere suite. Pues suites, claro que si.

Entregué la documentación de las dos y recordé solicitar un servicio de masaje para D.
La chica me recordó que había dos suites más en la reserva.
Le dije que era correcto, pero llegaban más tarde y que no hacía falta que nos acompañaran a las habitaciones.
Justo me entregó las llaves cuando ellos entraban.
D se despidió de él. -¡Nos hablamos!
Nos sonreimos, al tiempo que le dije -Nos vemos luego

Como si se sacara el disfraz, al entrar en el ascensor D cambió el tono de su voz.
-Estás de malas. Y lo sabes. 
No creo que esto sea una conspiración. 
Las coincidencias existen. 
No la pagues con el pobre tío, que me cae bien.
-Pues ya está, si te cae bien a ti, todo resuelto.
-Puaj tía, disfruta de estos días. No te ofusques.
Van a estrujarme la espalda?
-Seeeee, a las 13.
-Genial!!

Las suites eran contiguas.
-Oye,  subimos a la terraza a tomarnos algo, no?
-Media hora!
Era justo lo que necesitaba para stalkear a Jordi.
Iba a pensar que era una coincidencia....después de rastrearlo en la red.

Dejé la maleta a los pies de la cama. La abrí, pero sólo saqué mi macbook.
Lo puse a cargar e introduje todo lo que sabía sobre Jordi en mi buscador.
Le dejé pensando. Me lavé la cara y me miré al espejo.
La imagen que vi me gustó. En otra vida no me habría gustado. La autoestima a veces se te lacera. O te la laceran, para ser más exactos.

Me llevé el portátil al sofá.
Nada fuera de lo normal en cuanto a Jordi.
Todo lo que contaba parecía ser cierto.
Me quedé más tranquila.
Ahora ya podía salir a tomarme algo, y buena falta que me hacía, que caray!

Subí a la terraza sin avisar a D.
Ella todavía no había llegado y decidí sentarme de cara al río.
El sol primaveral me venía a medida.
Me pedí unas aceitunas y un vino blanco, mientras la esperaba.
X mandó mensaje a nuestro nuevo grupo.
Les conté que D tenía masaje y que yo me iba a echar una siesta.
Íbamos a comer a uno de los restaurantes preferidos de D.
¡Pero la noche era para las cuatro!

D me mandó un mensaje.
-Me ducho y ya espero a la masajista. Estás en el bar?
-Yes, no te preocupes. Yo voy a echarme un rato y nos vemos para comer.
-Ok
Apoyé el cuello en el respaldo de la silla y subí los pies a la silla de enfrente. Es posible que estas cosas no deban hacerse. Pero no había nadie. Cerré los ojos y me relajé.
Escuché como se movía una silla a mi derecha y abrí un ojo para ver que pasaba.
Allí estaba el llanero solitario.
-Hola. Ahora si pareces relajada. El sol te sienta bien.
 D me dijo que nos tomábamos algo antes de comer, no ha llegado? 
D es lo más.
-Nooo, está esperando a la masajista.
Pero le mandé un mensaje.
-Eres una cabrona.

Jordi se pidió lo mismo que yo y se colocó en la misma posición.
Agradecí que no empezara a preguntarme a que me dedico, ni ninguna de esas preguntas típicas que se dan cuando acabas de conocer a alguien.
Empezó una charla banal.
-Estas vistas del río son espectaculares
-Si, D escoge siempre los hoteles. Nunca se qué criterios la rigen, pero suele acertar.
-Con este, no me cabe duda, ha acertado.
Le miré por encima de mis gafas de sol. No estaba mirándome, tenía los ojos cerrados. Pero llevaba pintada una media sonrisa.
El llanero solitario estaba tirándome el lazo.
Estuvimos unos cinco minutos en silencio, saboreando el vino y el sol.
Escuché como se movía. Se sentó con la espalda pegada al respaldo de la silla y me miró.
Me pilló mirándole y le pareció gracioso, porque ahí estaba de nuevo esa media sonrisa.
-Cowgirl, estás en una suite?
Hay que joderse. Normalmente la directa soy yo.
-Puessss si.
-Las vistas son así de extraordinarias?
-Mmmm, pues confieso que no me he fijado. Pero si quieres bajamos a averiguarlo.
Queria, claro que queria.
Se levantó tranquilamente y se quedó mirándome.
-Vamos?
Quise decir: hi-yo Silver!
Pero me levanté tranquilamente como él había hecho y eché a andar hacia el ascensor.
Él me siguió y se plantó a mi lado mientras esperábamos que el ascensor subiera del lobby.
Me pasó una mano por la cintura. Sus dedos se metieron por debajo de mi camisa y me acarició suavemente.
Fue casi una corriente eléctrica.
Dejó su mano en mi piel y seguimos los dos mirando a la puerta cerrada del ascensor.
Un suave clic y la puerta se abrió. Entramos prácticamente corriendo.
Su boca se lanzó a la mía y no me dio tregua.
Su mano subió por mi espalda, rozándome.
La puerta se abrió de nuevo y nos separamos.
Me dejo salir a mi primero.

Me siguió hasta la puerta de mi suite. Pasé la tarjeta y abrió, él sujetó la puerta, mientras yo colocaba la tarjeta en el dispositivo de la pared.
La cerró tras de él y se quedó apoyado en la puerta.
Avancé hasta los sofás y me descalcé. Seguí caminando descalza hasta la cama. Me volteé a mirarle.
El llanero solitario sonreía.
-¿Vienes?
Se lo pregunté mientras me desabrochaba la camisa, qué fue a parar al sillón de la esquina.
Me saqué los pantalones.
Mi ropa interior no era como la de D, y estaba dando gracias a todas las deidades por haberme vestido tan conjuntadita.

Jordi se acercó, descalzándose en el mismo punto donde quedaron mis zapatos.
Se sacó su camisa que fue a parar al suelo y me alcanzó con su boca.
Había una necesidad, no era algo dulce, era un instinto primario.
Desabroché sus pantalones, que cayeron al suelo.
Le toqué por encima de la ropa interior y agarré sus nalgas para pegarlo a mi.
Sus manos se deshicieron de mi sujetador y con dos pasos caímos sobre la cama.
Mordió y lamió mi cuerpo a partes iguales.
Recorrí su cuerpo con lengua y uñas.
Tuvo que alcanzar sus pantalones para sacar un preservativo de su bolsillo. Está claro que era prevenido.
Se colocó entre mis piernas y cada una de mis piernas en sus hombros.
Agarró mi pierna izquierda, me penetró y los dedos de su mano derecha siguieron acariciándome hasta que mis gemidos me delataron y me preguntó
-¿No puedes más?
-Nooooo
Agarró mis dos piernas y empujó más fuerte hasta que acabamos los dos al mismo tiempo, con un grito.

Sudaba. Hay polvos de podium. Este lo había sido.
Al César lo que es del César.
Se puso de lado y me observó.
Caray, yo debía estar horrible, sudada, despeinada, con el maquillaje corrido, en cambio él estaba radiante. Le odié, es lo mínimo cuando un hombre así, te mira de frente y estás hecha unos zorros.

-Vaquera, ¿te duchas conmigo?
En ese instante me di cuenta que decirle que no al Llanero Solitario no me resultaría fácil.






































jueves, 3 de mayo de 2018

Capítulo 9

Barcelona - Oporto
Western girl

Dejé el cuchillo en la encimera de la cocina.
El teléfono sonaba en alguna parte del salón.
Era N.
-Pasa a buscarme, voy contigo.
-Geniaaaaal!! En media hora bajas.
N y yo somos primas.
Somos las únicas que tenemos una relación familiar.  He sido vecina de X toda la vida. Jugábamos juntas antes incluso de saber hablar.
La relación entre nosotras se remonta, por lo menos, a 40 años atrás.
Joder.
40 son un montón.

Regresé a la cocina y terminé lo que estaba haciendo.
Les dejé comida preparada a los niños, para no sentirme mala madre.
Para dos días en Porto no necesitaba mucho, así es que no me había molestado en preparar nada.
Lo que llevaba puesto, un par de camisetas, ropa interior, el neceser de viaje que siempre tengo preparado y unos jeans. Listo. Todo dentro de mi bolsa de viaje.
Soy experta en viajes relámpago.
Una se hace experta, con el tiempo, en muchas cosas.

N ya me esperaba con una pequeña maleta.
Su notebook estaba dentro estaba segura. No sabe vivir sin él.
Se montó en mi coche y hablamos de las últimas ideas que había tenido para mi negocio y del último tío que había pasado por su vida.
N no se tomaba ninguna relación en serio. Bueno, yo no soy quién para hablar de este tema. Las normas establecidas en cuanto a relaciones se refiere me producen tedio.
N que se apunta a un bombardeo se tiró a un tío en la fiesta vaquera. Lo que me pareció sorprendente es que fuera a una fiesta vaquera!
Textualmente dijo: -Follé con las botas puestas.
Nos reímos hasta llorar.
La expresión me pareció sumamente westerniana.
Reirse hasta llorar es una de esos placeres fantásticos de la vida.

Aparcamos cerca de la terminal en la que embarcábamos.
Teníamos tiempo, así es que fuimos tranquilamente, charlando.
Con el check in hecho y sin equipaje más que el de mano, pasamos por el control de seguridad.

Íbamos a pillar unos frappuccinos en Starbucks. Pero al pasar por La Perla se me fueron los ojos. Assshhh, la ropa interior...es mi perdición.
Y justo ahí, reflejado en ese escaparate, me di cuenta de que alguien que ya había visto antes, estaba mirándonos.
Una alarma sonó en mi mente.
Lo había visto en el parking.
Estaba segura, pero no quería parecer paranoica.
Porque al fin y al cabo, del parking a las puertas de embarque, es el camino más común, para la gran mayoría de los que visitan el aeropuerto.
Así es que no le dije nada a N.
Pero N me soltó: -Por favor tía!! No necesitas más ropa interior! ¿40€ unas bragas?Espavila!
Y tiró de mi. Lo cual no hizo que dejara de pensar que esas bragas iban a ser mías. Pese a N.


Nos sentamos frente a la puerta de embarque mientras saboreábamos los frappuccinos.
Él se sentó en el otro lado. Pero iba a la misma puerta.
Nos miraba. Sin disimular.

N y yo seguíamos comentando el tema de publicidad de mi Bakery.
Hornear me desestresa y en mi mente me siento menos zorra inhumana.
Y parece ser que se me da bien. Así es que si, tengo una bakery, horneo bollitos y ajusticio. Porque decir que mato me suena algo fuerte.
Aunque el cambio de verbo no lo hace menos cierto. Matar, mato.

Nos formamos frente al mostrador, para embarcar.
Él se colocó justo detrás nuestro.
Sentía su mirada clavada en nosotras.
En cambió N seguía hablando como si nada.
Nada se alteró en su radar.
¿Lo tendría fundido?

Embarcamos sin problemas en un vuelo que iba bastante vacío.
Nuestros asientos estaban en el centro del avión. El suyo más adelante.
Colocamos nuestro equipaje sin problemas.
Siempre que me siento en un avión, reviso todo lo que hay en el bolsillo del asiento delantero.
Así es que revisé mierdas varias que vendían a bordo y le eché un ojo a la revista de la compañía. Hablaba de Porto y de Lisboa. Nada que a estas alturas no supiera ya.
Lo curioso es que él hizo lo mismo que yo.
N en cambio se sumió en una revisión de su teléfono. Esta mujer controla mil cosas con ese teléfono.
Las azafatas empezaron el tema de como sobrevivir a la falta de oxigeno a bordo, a si se estrella el avión, a si caemos al mar....Tengo tendencia a pensar, que en el supuesto caso que una de estas desgracias pasara, ni Dios nos salvaría.

El avión empezó a deslizarse por la pista, para coger velocidad.
Él giró la cabeza y sus ojos encontraron los míos. Me sonrió. Le sonreí y se volteó de nuevo.
¿Quién coño era ese tío?
No era nadie de ninguno de nuestros trabajos. Estaba segura porque reviso cada uno de ellos con obsesión.
N que controla todos los archivos no había puesto atención en él para nada. Entonces, ¿qué estaba pasando?

Despegamos y N decidió cerrar los ojos un rato y apoyó su cabeza en la ventanilla. Yo saqué mi Kindle para leer un rato.

A los 30 minutos de estar en el aire, vi como él se levantaba de su asiento y se dirigía hacia nosotras. Yo seguí haciendo ver que leía. Pasó por mi lado. Iba al baño.
Me levanté de mi asiento para ir detrás suyo.
El baño estaba ocupado.
Caminó hasta el final del avión y se dió la vuelta. Nos miramos sonrientes y caminé hacia él.
-Hola. ¿Nos conocemos? Ahí yo, directa. Las directas descolocan al adversario.
-Hola. Pues diría que no. Sin duda me acordaría de ti.
Anda mira, nos había salido galán.
-A la que si conozco es a tu amiga.
¡Joder! ¿ N?
-¿En serio? Pues ella no me ha parecido que te reconociera.
-Bueno... digamos que el día que nos conocimos íbamos disfrazados.
-Perdonaaa. Y me reí con ganas. ¿N?
-Si. Él parecía divertido con mi reacción. Estábamos en una fiesta vaquera. Y tal vez por eso, o más bien por no llevar el sombrero vaquero y las botas, no me ha reconocido....bueno y... era de noche...
¡Pta madre!¡Era el vaquero!
-¿Y tienes nombre?¿o te llamo llanero solitario?
-Jordi. Encantado...
-Ow, me llamo D.
-¿D?
-Si. Su expresión me pareció divertida. El llanero solitario me parecía de fiar.
No le iba a llamar Jordi pudiendo llamarle Llanero solitario, no?

Entablamos una conversación donde me contó que iba a solucionar, no se que historias, de un concesionario automovilístico. No me interesaba.
Nosotras? Mmmm un par de días de chicas sin más.
Nos alojábamos en el mismo hotel. A N no le iba a gustar. Para nada.
Hablamos de quedar para tomar algo y blablabla. N se negaría.
Por supuesto como mentirosa sociópata que soy le dije que si...claaaroooo.
Me despedí para regresar a mi lugar y dejar a ese hombre entrar en el baño.
Joder.
Joder.
La desperté, sin miramientos.
-¿Estás loca? ¿Qué pasa?
-Nena... a ver cómo te cuento esto...recuerdas al vaquero?
-¿Qué vaquero?
-El vaquero de la fiesta vaquera. El puto Llanero solitario, joder!
Me miró flipando.
-Si, vale, el llanero solitario. ¿Qué pasa con él?
Le solté todo el rollo desde las bragas de La Perla hasta hacía apenas unos minutos.
-¡No jodas!
-Seeeeee
-Mierda.
No le gustó.
En cambio a mi si. Estaba bueno. Siendo objetiva...muy bueno.
Él pasó sin mirarnos y se sentó en su lugar.
-Cámbiame el sitio.
Ay Diós.
Su culo aguantó en el asiento un par de segundos.
Fue a por él.
Ví como le pasaba por delante para sentarse en el asiento vacío que estaba a su lado.
No escuché nada de nada, evidentemente.
Pero ví que él charlaba y gesticulaba.
Le escuché reir.
N se levantó, le sonrió y volvió a mi lado.
-¿Qué?
-Le he contado que estamos en plan rollo chicas, pero que tomábamos algo con él.
-Aja...y lo haremos?
- Iba a decirle que nanai. ¿Pero tu lo has visto?
- Seee. Está bueno, si.
-Pues eso.
-Tiene un coche alquilado. Nos va a llevar al hotel, que hay que joderse con las coincidencias. Como si no hubiera hoteles en Porto.

Pasamos los veinte minutos restantes de vuelo hablando de nuestras cosas. Y yo pensando en un super masaje que tenía claro que me merecía.

Él salió antes que nosotras, pero nos esperó.
Caminaba delante nuestro. Iba parloteando.
Creé un grupo de whats para las cuatro.
Hi-yo Silver!
No podía tener otro nombre.
Hice un resumen de la situación.
X se partía de risa.
A iba conduciendo.
Nos veíamos más tarde.

Tiempo de sobra para comer, masaje y un lo que surja para N...
La musiquita de cabecera de El llanero solitario sonaba en mi mente. Qué simple soy.
Nos montamos en su coche.
N ojeó las notificaciones de Whats y me dedicó una mirada asesina.
No pude más que estallar a reir.
Y cambié el nombre de N de mi contacto: Western girl.
Le quedaba mucho mejor, sin duda.