jueves, 3 de mayo de 2018

Capítulo 9

Barcelona - Oporto
Western girl

Dejé el cuchillo en la encimera de la cocina.
El teléfono sonaba en alguna parte del salón.
Era N.
-Pasa a buscarme, voy contigo.
-Geniaaaaal!! En media hora bajas.
N y yo somos primas.
Somos las únicas que tenemos una relación familiar.  He sido vecina de X toda la vida. Jugábamos juntas antes incluso de saber hablar.
La relación entre nosotras se remonta, por lo menos, a 40 años atrás.
Joder.
40 son un montón.

Regresé a la cocina y terminé lo que estaba haciendo.
Les dejé comida preparada a los niños, para no sentirme mala madre.
Para dos días en Porto no necesitaba mucho, así es que no me había molestado en preparar nada.
Lo que llevaba puesto, un par de camisetas, ropa interior, el neceser de viaje que siempre tengo preparado y unos jeans. Listo. Todo dentro de mi bolsa de viaje.
Soy experta en viajes relámpago.
Una se hace experta, con el tiempo, en muchas cosas.

N ya me esperaba con una pequeña maleta.
Su notebook estaba dentro estaba segura. No sabe vivir sin él.
Se montó en mi coche y hablamos de las últimas ideas que había tenido para mi negocio y del último tío que había pasado por su vida.
N no se tomaba ninguna relación en serio. Bueno, yo no soy quién para hablar de este tema. Las normas establecidas en cuanto a relaciones se refiere me producen tedio.
N que se apunta a un bombardeo se tiró a un tío en la fiesta vaquera. Lo que me pareció sorprendente es que fuera a una fiesta vaquera!
Textualmente dijo: -Follé con las botas puestas.
Nos reímos hasta llorar.
La expresión me pareció sumamente westerniana.
Reirse hasta llorar es una de esos placeres fantásticos de la vida.

Aparcamos cerca de la terminal en la que embarcábamos.
Teníamos tiempo, así es que fuimos tranquilamente, charlando.
Con el check in hecho y sin equipaje más que el de mano, pasamos por el control de seguridad.

Íbamos a pillar unos frappuccinos en Starbucks. Pero al pasar por La Perla se me fueron los ojos. Assshhh, la ropa interior...es mi perdición.
Y justo ahí, reflejado en ese escaparate, me di cuenta de que alguien que ya había visto antes, estaba mirándonos.
Una alarma sonó en mi mente.
Lo había visto en el parking.
Estaba segura, pero no quería parecer paranoica.
Porque al fin y al cabo, del parking a las puertas de embarque, es el camino más común, para la gran mayoría de los que visitan el aeropuerto.
Así es que no le dije nada a N.
Pero N me soltó: -Por favor tía!! No necesitas más ropa interior! ¿40€ unas bragas?Espavila!
Y tiró de mi. Lo cual no hizo que dejara de pensar que esas bragas iban a ser mías. Pese a N.


Nos sentamos frente a la puerta de embarque mientras saboreábamos los frappuccinos.
Él se sentó en el otro lado. Pero iba a la misma puerta.
Nos miraba. Sin disimular.

N y yo seguíamos comentando el tema de publicidad de mi Bakery.
Hornear me desestresa y en mi mente me siento menos zorra inhumana.
Y parece ser que se me da bien. Así es que si, tengo una bakery, horneo bollitos y ajusticio. Porque decir que mato me suena algo fuerte.
Aunque el cambio de verbo no lo hace menos cierto. Matar, mato.

Nos formamos frente al mostrador, para embarcar.
Él se colocó justo detrás nuestro.
Sentía su mirada clavada en nosotras.
En cambió N seguía hablando como si nada.
Nada se alteró en su radar.
¿Lo tendría fundido?

Embarcamos sin problemas en un vuelo que iba bastante vacío.
Nuestros asientos estaban en el centro del avión. El suyo más adelante.
Colocamos nuestro equipaje sin problemas.
Siempre que me siento en un avión, reviso todo lo que hay en el bolsillo del asiento delantero.
Así es que revisé mierdas varias que vendían a bordo y le eché un ojo a la revista de la compañía. Hablaba de Porto y de Lisboa. Nada que a estas alturas no supiera ya.
Lo curioso es que él hizo lo mismo que yo.
N en cambio se sumió en una revisión de su teléfono. Esta mujer controla mil cosas con ese teléfono.
Las azafatas empezaron el tema de como sobrevivir a la falta de oxigeno a bordo, a si se estrella el avión, a si caemos al mar....Tengo tendencia a pensar, que en el supuesto caso que una de estas desgracias pasara, ni Dios nos salvaría.

El avión empezó a deslizarse por la pista, para coger velocidad.
Él giró la cabeza y sus ojos encontraron los míos. Me sonrió. Le sonreí y se volteó de nuevo.
¿Quién coño era ese tío?
No era nadie de ninguno de nuestros trabajos. Estaba segura porque reviso cada uno de ellos con obsesión.
N que controla todos los archivos no había puesto atención en él para nada. Entonces, ¿qué estaba pasando?

Despegamos y N decidió cerrar los ojos un rato y apoyó su cabeza en la ventanilla. Yo saqué mi Kindle para leer un rato.

A los 30 minutos de estar en el aire, vi como él se levantaba de su asiento y se dirigía hacia nosotras. Yo seguí haciendo ver que leía. Pasó por mi lado. Iba al baño.
Me levanté de mi asiento para ir detrás suyo.
El baño estaba ocupado.
Caminó hasta el final del avión y se dió la vuelta. Nos miramos sonrientes y caminé hacia él.
-Hola. ¿Nos conocemos? Ahí yo, directa. Las directas descolocan al adversario.
-Hola. Pues diría que no. Sin duda me acordaría de ti.
Anda mira, nos había salido galán.
-A la que si conozco es a tu amiga.
¡Joder! ¿ N?
-¿En serio? Pues ella no me ha parecido que te reconociera.
-Bueno... digamos que el día que nos conocimos íbamos disfrazados.
-Perdonaaa. Y me reí con ganas. ¿N?
-Si. Él parecía divertido con mi reacción. Estábamos en una fiesta vaquera. Y tal vez por eso, o más bien por no llevar el sombrero vaquero y las botas, no me ha reconocido....bueno y... era de noche...
¡Pta madre!¡Era el vaquero!
-¿Y tienes nombre?¿o te llamo llanero solitario?
-Jordi. Encantado...
-Ow, me llamo D.
-¿D?
-Si. Su expresión me pareció divertida. El llanero solitario me parecía de fiar.
No le iba a llamar Jordi pudiendo llamarle Llanero solitario, no?

Entablamos una conversación donde me contó que iba a solucionar, no se que historias, de un concesionario automovilístico. No me interesaba.
Nosotras? Mmmm un par de días de chicas sin más.
Nos alojábamos en el mismo hotel. A N no le iba a gustar. Para nada.
Hablamos de quedar para tomar algo y blablabla. N se negaría.
Por supuesto como mentirosa sociópata que soy le dije que si...claaaroooo.
Me despedí para regresar a mi lugar y dejar a ese hombre entrar en el baño.
Joder.
Joder.
La desperté, sin miramientos.
-¿Estás loca? ¿Qué pasa?
-Nena... a ver cómo te cuento esto...recuerdas al vaquero?
-¿Qué vaquero?
-El vaquero de la fiesta vaquera. El puto Llanero solitario, joder!
Me miró flipando.
-Si, vale, el llanero solitario. ¿Qué pasa con él?
Le solté todo el rollo desde las bragas de La Perla hasta hacía apenas unos minutos.
-¡No jodas!
-Seeeeee
-Mierda.
No le gustó.
En cambio a mi si. Estaba bueno. Siendo objetiva...muy bueno.
Él pasó sin mirarnos y se sentó en su lugar.
-Cámbiame el sitio.
Ay Diós.
Su culo aguantó en el asiento un par de segundos.
Fue a por él.
Ví como le pasaba por delante para sentarse en el asiento vacío que estaba a su lado.
No escuché nada de nada, evidentemente.
Pero ví que él charlaba y gesticulaba.
Le escuché reir.
N se levantó, le sonrió y volvió a mi lado.
-¿Qué?
-Le he contado que estamos en plan rollo chicas, pero que tomábamos algo con él.
-Aja...y lo haremos?
- Iba a decirle que nanai. ¿Pero tu lo has visto?
- Seee. Está bueno, si.
-Pues eso.
-Tiene un coche alquilado. Nos va a llevar al hotel, que hay que joderse con las coincidencias. Como si no hubiera hoteles en Porto.

Pasamos los veinte minutos restantes de vuelo hablando de nuestras cosas. Y yo pensando en un super masaje que tenía claro que me merecía.

Él salió antes que nosotras, pero nos esperó.
Caminaba delante nuestro. Iba parloteando.
Creé un grupo de whats para las cuatro.
Hi-yo Silver!
No podía tener otro nombre.
Hice un resumen de la situación.
X se partía de risa.
A iba conduciendo.
Nos veíamos más tarde.

Tiempo de sobra para comer, masaje y un lo que surja para N...
La musiquita de cabecera de El llanero solitario sonaba en mi mente. Qué simple soy.
Nos montamos en su coche.
N ojeó las notificaciones de Whats y me dedicó una mirada asesina.
No pude más que estallar a reir.
Y cambié el nombre de N de mi contacto: Western girl.
Le quedaba mucho mejor, sin duda.



































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