miércoles, 25 de julio de 2018

Capítulo 14

C

Clases de baile

Al principio fue por buscar algo nuevo.
Algo que me pareciera interesante.
Pasaba por una fase de esas de tedio absoluto.
Si digo la verdad, no pensé que durara más de un mes.
Pero ahí estaba, dos meses después y me gustaba.

Hubo un tiempo en el que pensé que ser ama de casa y madre abnegada era lo mejor. Que mis hijos serían felices con tenerme ahí para ellos, siempre.
Pues no. Básicamente no.
De pronto y sin previo aviso, me di cuenta que la que no era feliz era yo.

Rafa me hizo dar una vuelta completa y me sacó de mi ensimismamiento.
Le sonreí.
Y puse atención al baile, porque evidentemente no lo estaba haciendo. Bailábamos bachata, que no es uno de mis bailes preferidos
Así que en medio del lío mental que yo tenía, lo de jugar a los movimientos sexis, no me estaba saliendo bien.

Rafa se acercó a mi oído:
-¿Estás bien? bueno, mejor pregunto dónde estás, porque juraría que aquí no.
-Perdóname. Creo que mejor me voy.
-Ven, vamos a tomarnos algo y hablamos.
Nos retiramos de la pista de baile.

-Va, cuéntame dónde está tu cabeza...
-Pues...exactamente en ningún sitio... tal vez estoy un pelín melancólica. Los niños se van con su padre el próximo viernes. Voy a estar bien, no es que vaya a llorar por las esquinas de la casa, pero me da una punzadita de tristeza estar sin ellos.
-Vamos C, eso lo tienes superado. 
Joder.
Superadisimo.

-Vale mira. Acopio de sinceridad. He decidido hacer un viaje. Quiero irme, lejos. 
Y no me da pena dejar a los niños o a mis amigas...no quiero dejarte a ti. ¿Vienes conmigo?
Se quedó estupefacto.
-A ver, osea, no tienes con quien ir y has pensado en mi?
-No. Me iría sola. Sin ningún problema. Pero voy a echarte menos. Me parece una idea genial que vengas conmigo, o mejor dicho, que vayamos juntos.
-Vale...podríamos ir juntos de viaje, claro...noté como se recomponía...tienes pensado dónde quieres ir?
-Thailandia.
-¡Joder!
Sonreí, sabía que moría de ganas por ir.
-Sabes lo mucho que deseo ir....
-Lo seeeee. Di que si.
-Habrás pensado en los días que me quedan de vacaciones, verdad? Has pensado en todo antes de contármelo... cuánto llevas dándole vueltas al tema?
-Mmmm, unos quince días.
Desde dónde estaba casi podía escuchar los engranajes de su cerebro.
-Antes o después del día que te besé?
-Después. Confesé.

No pensé en tener nada con Rafa hasta el día que me besó. No me lo esperaba. Me estampó un beso al que evidentemente respondí, pero que no entendí.
Mi radar no había pillado ningún interés por parte de él. Éramos amigos, nada más.
Pero me besó, nos besamos. Nos liamos, y de pronto me vi en un coche a punto de tirarme a un tío al que ni tan siquiera había pensando besar.
Así que le paré. Le dije que no me lo iba a tirar en un coche y que apreciaba nuestra amistad, lo suficiente como para detenerme a pensar en eso.

Chorradas.
Desde ese día no hice otra cosa más que pensar en por qué no me lo había tirado, y en por que no me abalanzada sobre él. O en todo caso por qué o en nombre de que deidad él no se abalanzaba sobre mi, de nuevo.

Entonces pensé en salir de nuestra rutina. En vernos fuera del marco que teníamos establecido.
El viaje me pareció una idea genial.
A me ayudó a cuadrar mi agenda.
Se iba a ocupar ella de un par de cuestiones, para que yo pudiera ir a Thailandia. Si, somos unas zorras desalmadas, pero no entre nosotras, faltaría más.

Así que ahí estaba yo, plantada frente a Rafa, esperando.
Joder, qué mal se me da esto de esperar a que alguien mueva ficha.
La clase había terminado. Estábamos en medio del paso. Sonreímos y saludamos, pero continuamos uno frente al otro.
-Vamonos. 
Cogimos nuestras cosas y salimos, como siempre. Pero mudos.
-He venido en moto. ¿Dónde está tu coche?
-Por aquí.

De camino al coche ya no pude más y empecé a decir gilipolleces, del tipo, si no quieres venir, lo entiendo, sé que no te lo esperabas, blablabla. Seguí con mi verborrea, sin darme cuenta que Rafa venía pegado tras de mi, hasta la puerta del conductor.
Al darme la vuelta me choqué con él.
Dio dos pasos hasta acorralarme contra la puerta del coche.
Me besó. Y me besó. Así, redundantemente.
-Oye, no quiero pedirte que pares....pero...
-C, si me dices que no de nuevo, me matas.
-Vale, dame media hora. Voy a tu casa. Déjame llamar a la canguro para avisar que llego tarde y nos vemos allí.
Su respuesta fue besarme de nuevo.
-Media hora. Y se  fue hacia su moto.

Joder, joder, joder.
El Corte Inglés era mi salvación.
Metí el coche en el parking.
Cómo si me fuera la vida en ello, compré toallitas, desodorante, y ropa interior. Odio a D por crearme ese tipo de necesidades.
Pero debo confesar que no iba preparada para un fast and furious.
Pagué y me arreglé como pude en el baño.
Me miré al espejo y me dije: -Ahora si.

Al sacar el coche del parquing y recuperar la cobertura le marqué a Miriam, mi canguro.
No tuvo inconveniente en quedarse tardara lo que yo tardara.
Y tenía previsto tardar.
Porque después del Fast and Furious tenía previsto repetir, menos fast y menos furious...

Iba a llamar a Rafa para poder meter el coche en su parquing, justo cuando me sonó el teléfono.
Era X.
-¿Qué pasa?
-¿Qué pasa? Pues nada, ¿no puedo llamarte para charlar? ¿Qué te pasa a ti que te noto atacada?
-Estoy atacada. Estoy a punto de meter el coche en el parquing de Rafa.
-Aja. Vale. Y eso te pone nerviosa...poorqueee....
-Gilipollas eres. Que nos hemos liado, joder. Que me está esperando.
-Ahhhhhh, que vas a echar un polvo! Se partía de risa. Hay que ver lo que te cuesta ser clara. Pues ala, te dejo, ya hablamos luego y me cuentas!
Le colgué y encontré aparcamiento en la misma calle.

Mi teléfono vibró y le eché un ojo mientras caminaba hacia el portal.
X había creado un grupo de whats..."C echa un polvo"...iba a matarla, lo juro.
Menos de un minuto y 16 mensajes.
Ya les contestaría luego, después de dedicarles 50 insultos a cada una.

Me abrió casi sin dejar sonar el timbre.
Subí al segundo por las escaleras, para tranquilizarme.
No lo conseguí.
La puerta estaba abierta.
Rafa apareció tras la puerta.
-Has tardado.
-Lo bueno se hace esperar, ¿sirve como excusa?
-Cualquier cosa que dijeras serviría, tengo intención de perdonártelo todo.
Nos besamos mientras él cerraba la puerta con el pie.
Me dejé guiar hasta el sofá mientras los besos y las manos de Rafa no me daban tregua.
Una imagen mental me despistó.
No pude mas que echarme a reír.
-¿Te ríes?
-No puedo evitarlo. 
Me miraba sonriente, pero no perdió la meta de vista.
Además de bailar bien tiene unas manos casi celestiales.
Tanto como para conseguir sacarme de la cabeza a Vin Diesel echándome un Fast and Furious.

¿Cómo no iba a reírme?

































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