Estaba pensando en ti.
Eso fue lo que me dijo a las 3 de la mañana.
Si alguien te llama solo para decirte eso, ha de haber alguna cláusula implícita que te obligue a quererle, si o si.
No quería nada más ( y nada menos).
Cuando llegué al hotel llevaba una sonrisa estúpida pintada en los labios.
La noche estuvo genial.
Me reí un montón.
Moría de sueño, eso si.
Había quedado con X el día siguiente.
Necesitaba deshacerme del cuchillo.
Joder, moría de sueño, pero me obligué a desmaquillarme y a lavarme los dientes.
Me quité la ropa y me metí en la cama. Creo que me quedé dormida en apenas un minuto. Porque en un abrir y cerrar de ojos era de día.
Me habría quedado en esa cama como mínimo dos horas más.
Pero quería desayunar fuera y pasear por las calles de la ciudad.
Pasear sin ningún motivo, sin ir a ningún sitio, solo caminar.
Me metí en la ducha, y me deleité con una de esas duchas largas.
Es uno de esos placeres que pocas veces puedo darme.
Me sequé y esa misma toalla me la enrollé en la cabeza para sacar la humedad de mi cabello.
Mientras contestaba a los mensajes de mis hijos, me puse la ropa interior.
X golpeó mi puerta.
Sabía que era ella, es como un relojito suizo.
Le abrí la puerta en ropa interior.
-La tía con la ropa interior más sexi del planeta... lo dijo partiéndose de risa.
-Y la más cara, joder, qué vicios tengo!
-Pero, nena eso levanta a un muerto!
-Mamona!
Pasé de ella que se tiró en el sofá con el mando a distancia del televisor, mientras yo regresaba al baño, para terminar de arreglarme.
Miré mi imagen en el espejo. Tenía que cortarme el cabello. Lo llevaba demasiado largo. Meter una cabellera en una peluca era siempre un reto.
Perdí poco tiempo en peinarme y quedé lista con unos jeans y una camiseta.
-Venga vamos, que muero de hambre.
Recuperé el cuchillo y lo metí en la mochila de nuevo.
-Vamos, exagerada. ¿Buscamos una pelu?
-Siiiii.
Siempre lleva el pelo corto, si le crece creo que el resto de mortales no lo percibimos, pero al parecer también necesitaba una peluquería.
Justo salir a la calle y respirar aire fresco, me contagié del buen humor de X.
-Vamos a hacernos un selfie con los azulejos de esa casa, esa, ya sabes cual quiero decir...bueno pues con esos azulejos de fondoooooo.
Paseamos animadamente haciendo fotos aquí y allá.
Casi se me había olvidado el desayuno, hasta que la pobre criatura desfallecida por inanición chilló de emoción a ver una super pastelería justo enfrente.
Puta loca.
Pero me hizo reir.
Soy de risa fácil, para qué engañarnos.
Entramos, porque la criatura moría de hambre, y no podía esperar ni un minuto más, evidentemente.
Era una pastelería-cafetería preciosa.
Decorada con un aire retro, que la hacía encantadora.
Y al hacer un barrido visual...zas... joder, el llanero solitario.
Qué pasaba con ese hombre? En serio. Era como Dios, estaba en todas partes.
Nos saludo levantando la mano y con una sonrisa.
-Ei!! Dije al acercarnos a su mesa.
Porque lo de que estaba pensando que era como una deidad no me pareció un buen saludo.
-Hola! Sois las únicas que habéis despertado temprano, verdad? Las otras dos deben estar roncando.
-Pues si, pero si hubiera tenido que apostar, hubiera apostado a que tu también seguías entre las sábanas...
-Ojalá y me sonrío pícaramente. Tenía una reunión temprano. Marcos, ellas son X y D.
-Encantada! Y X le plantó dos sonoros besos.
-Hola Marcos, qué tal?
-Bien, bien, desayunáis con nosotros?
Tenía un acento portugués ....y unos ojos verdes de impresión.
Que mentiría si dijera que su acento fue lo que más me llamó la atención.
A mi los aires portugueses no me sentaban bien. Todos me parecían atractivos.
-Siiii, claarooo.
Pues yo iba a decir que no, que blablabla, pero X se me adelantó y me guiñó un ojo.
-D, qué quieres?
- Un té negro, con leche y algo con nata.
Me senté con ellos.
-D, te gusta mi ciudad?
La has comprado?
El borderio me sale naturalmente.
Pero me controlé y le hablé sonriendo.
-Siii, es una de mis ciudades preferidas.
-Vienes mucho?
Siempre que hay que matar a alguien.
-Bueno....tal vez una vez al año.
-Me parece poco....seguro que te falta mucho por ver. Otra puta sonrisa profident.
Seguro era yo, porque ese tipo me acababa de conocer,no me estaba tirando los trastos. Estaba siendo amable y yo paranoica.
X llegó a la mesa con desayuno para un regimiento.
Esos pobres hombres la miraron estupefactos.
Yo no, esta mujer come lo que quiere y todo le sienta fenomenal.
Les contó que íbamos a la pelu, que nos compraríamos algo en alguna tienda, qué probablemente en mi caso serían unos zapatos.
Tenía razón, los zapatos y los bolsos siguen de cerca a la ropa interior, en cuanto a compras se refiere.
Así que sonreí al tiempo que miré mi whats, que no paraba de recibir mensajes.
Era C.
-No os olvidéis de mis pasteles, o dejamos de ser amigas!
-Tranquiiii. X ya los tiene.
Mentira.
Pero estábamos en el sitio correcto, no problem!
Me levanté con la excusa de los pasteles para C y me llevé la mochila conmigo.
Le encargué a la chica los pasteles para C y me fui al baño.
Al de los hombres.
Techos de pladur. Estupendo.
Saqué la camiseta de la mochila y la usé para levantar una de las placas del techo.
Pasé el cuchillo de la mochila al techo, siempre con cuidado de no tocarlo.
Coloqué de nuevo la placa.
Salí sin que nadie se hubiera percatado de mi paseo por el baño de los hombres.
Cuando regresé a la mesa X y Marcos ya habían quedado.
Esta tía es la hostia.
-D! Marcos tiene un velero... aquí, en el río. Vamos no?
Pusé los ojos en blanco.
Esta mujer me dejaba flipando.
-Yo no puedo acompañaros. Pero puedo llevarme los pasteles al hotel y dárselos a N. Así vais tranquilas.
Míralo, qué majo él.
-Perfecto! Vamos D.
-Claro! Iba a matarla, los barcos, veleros, yates y cosas flotantes no son lo mío.
Hay que decir que Marcos era simpático.
Y guapo, si, también era guapo.
Nos llevó hasta el velero y la verdad es que no presté atención a nada, dejé que los mensajes y correos ocuparan mi atención.
Pero enseguida estuvimos frente a un velero magnifico. No me gusta navegar, pero era impresionante.
A X le sonó el teléfono y se apartó de nosotros para poder hablar tranquilamente.
-Vienes?
-Aja.
Me tendió la mano para ayudarme, innecesariamente, pero aprecié el gesto.
-Hace un tiempo perfecto para salir.
Mira qué suerte la mía.
-Marcos, debo confesarte que las cosas flotantes no son lo mío.
-El Amalia es otra cosa. Vas a disfrutarlo, lo sé.
Claro, claro.
X subió detrás nuestro.
-Marcos, es una pasada, estoy alucinando.
Había personal a bordo.
Osea, quién era Marcos?
Dadme un minuto, y nos ponemos en marcha.
X y yo nos miramos sorprendidas.
Pasamos a la parte delantera y nos sentamos.
-Bua, hace un sol de justicia.
-Creo que no vamos vestidas para la ocasión.
-Esta gente seguro tiene algo para prestarnos. Verás que si.
Y desapareció en busca del bañador perdido.
Me acomodé y respiré profundamente.
La verdad es que hacer algo diferente me parecía interesante, y pensaba tumbarme en plan relax.
También esperaba poder cambiarme de ropa antes de morir asfixiada con los tejanos puestos.
X regresó con un bañador puesto y una sonrisa de oreja a oreja.
-Listo! Esto es genial verdad?
-Si, la verdad es que si. Confesé.
-Hay de todo, ves a buscar un bañador que el sol achicharra.
Obedecí, por una necesidad inminente.
Marcos me alcanzó a mitad de camino.
-Te acompaño.Y me tendió de nuevo la mano.
Me dejé guiar hasta el camarote en el que podía cambiarme.
-Coge lo que necesites.
-Gracias.
Cogí el primer bañador que ví. Me saqué la camiseta y al quitarme los jeans ultra skiny, no pude hacer más que pensar por que razón no era suficiente con skiny? No, claro que no, tenían que ser ultra corta circulación. Tienes que perder media vida intentando quitártelos.
Volví a ponerme la camiseta, y unos shorts que pesqué de un cajón.
La verdad que así estaba mucho mejor.
Cuando llegué con X, estaba tumbada a lo romano, con sus gafas de sol y comiendo fruta.
-Te habías quedado con hambre?
-La fruta se come sin hambre, subnormal. Y ponte protección que tu blancura deslumbra.
-Que te follen
Y nos reímos como las locas que eramos.
Nuestra manera de hablar le pareció divertida a Marcos, que se rió con nosotras.
-Sin querer dar la razón a nadie...si creo que deberías ponerte protección.
-Seeee, lo se, el sol y yo no somos amigos.
-Tu tranquila que lo solucionamos.
Tranquila estaba.
No se como ni cuando me quedé dormida en ese almohadón gigante y acogedor.
Abrí los ojos y me incorporé, me senté con las piernas cruzadas y reconocí la desembocadura del Duero.
Marcos y X estaban de pie observando las aves.
Él se volteó y me pilló mirándole.
Se acercó a los almohadones y se sentó a mi lado.
-Necesitabas descansar.
-Bueno si te soy sincera, los barcos me mecen o me marean. El Amalia me mece.
-A mi también.
Sonreímos mirando hacia X.
El teléfono me sacó del ensimismamiento.
A.
Nada más descolgar me soltó un rollazo en plan maternal y pensé que había pasado algo.
Marcos me miró y le puse los ojos en blanco.
-.... N me ha contado que el vaquero os dejó con un amigo suyo y blablabla porque si tengo que esperar a que me lo contéis vosotras.... blabla...
-Que si mama, que tienes razón. Somos unas imbéciles integrales. Pero pensé que estarías con Luis y sabía que N estaría con el vaquero....Estamos biennn. Relájate. Estamos en el hotel en un par de horas.
Miré a Marcos para que me confirmara lo de las dos horas, y asintió con una sonrisa. ¿Este hombre siempre sonreía?
-D...
Le miré.
-¿Si?
-Creo que deberías quedarte una noche más....
Joder.
El caso es que ... esa idea ya había pasado por mi mente, justo una sonrisa atrás.
-Marcos, sabes dónde canta Celeste Rodrigues?
Asintió sonriendo.
Tendría que cambiar el regreso...
Lisboa y Celeste bien merecían una noche más....
Qué bonito es el estuario del río Duero visto desde el Amalia.
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