D
Bariloche
15/09
Hacía frío, no uno glaciar, pero comparado con los 27 grados que había dejado en casa, mi cuerpo sintió el frío de Bariloche más, tal vez, de lo que era en realidad.
Adoro esta parte de Argentina, pero este viaje no estaba siendo de mi agrado.
Estaba de malas.
Y si tuviera que explicar el por que, no hallaría razón.
O si.
Estaba enfadada conmigo misma.
Me había estado olvidándo de disfrutar de las pequeñas cosas.
Demasiado trabajo. Demasiados viajes.
Necesitaba poner en orden mi cabeza.
Pero en lugar de eso, de tomarme un tiempo, había viajado hasta el otro lado del mundo, para liquidar a Matias.
Esa mañana al sentarme a desayunar, uno de esos chocolates que tan típicos son de esta región, el periódico local me recordó que estábamos a quince de septiembre.
Joder.
15 días para mi cumpleaños.
El tiempo pasa demasiado rápido.
Mis cumpleaños después del número 39 no hacían más que recordarme el paso inexorable del tiempo.
El puto reloj de arena, con la arena escurriéndose sin freno alguno.
Sentada con el periódico en las manos, pero pensando en lo efímero de la vida, le vi pasar con su tabla al cuello.
Iba a practicar snowboard.
Tal y como tenía previsto.
Solo estaba ahí para asegurarme de que todo seguía el plan establecido.
Me terminé el chocolate al tiempo que él se dirigía a las pistas.
Me monté en el 4x4 que tenía alquilado y fuí hacia el parque Nahuel Huapi.
Diego era el guarda que me ayudaba en mi reportaje.
Si, era una afamada fotografa, haciendo un reportaje del parque. El parque es una maravilla.
Pero mis dotes como fotógrafa no iban a engrandecer su fama.
Estaba claro.
Pero Diego, estaba siendo de mucha ayuda. Su acceso a la radio de las emergencias de la zona, también.
Iba a pasar todo el día con él, y su radio. Tenía que saber que Matías sufría el accidente previsto.
Las fotos de ese día eran del punto en el que el lago, del mismo nombre que el parque, se junta con el río Negro.
La naturaleza de la zona es deslumbrante.
La verdad es que no soy una gran fotógrafa pero fijar la vista en todo ese paisaje me ayudaba a desenfocar mi mente, a liberar un poquito del estrés, que había en ella.
Una cosa tenía clara, iba a volver.
Tal vez con H.
Joder.
H.
Nunca hablábamos de nuestra relación, pero últimamente mi grandiosa mente sociopata, había colocado a H , solo, en mi vida real.
Le había obviado en mis otras identidades.
H no formaba parte de ese mundo.
Pero si otros hombres.
Era infiel en mayúsculas.
No iba a explicarle nada que no necesitara saber.
Porque no, no creo que me entendiera.
Ptm.
Necesitaba centrarme.
Diego era un acompañante maravilloso.
Era silencioso.
No me daba conversación.
Tan solo conversábamos cuando yo lo iniciaba.
Era el oro de los compañeros.
-Diego, nos tomamos un café?
-Un mate?
-Vaaa, cada uno a lo suyo?
Odio el mate, no digo más.
Nos sonreimos
Nos sentamos juntos en su camioneta, a resguardarnos un poco del aire mientras nos tomábamos nuestras bebidas.
-Cuánto llevas trabajando en el parque?
-10 años.
-Wala, te sabes cada rincón de este paraje?
-¡Para nada! A veces me sorprende una ave, o un árbol, un rincón...
Asentí silenciosamente.
Fijamos la vista al frente.
Mi reloj marcaba las 13.24
La radio hizo ruido.
Alguien habló al otro lado.
Diego ajustó para que escucháramos que decían.
Accidente mortal.
Un hombre.
37 años.
Probablemente debido a un fijador de la tabla que estaba mal fijado.
Diego y yo nos miramos.
-Qué lástima!
Asentí con la cabeza mientras me tomaba mi café.
-¿Volvemos?
Ahora fue él quien asintió silenciosamente.
Pasamos las siguientes dos horas en silencio. Tan solo el click de mis cámaras lo rompían.
-Diego, mañana haremos las fotos del otro lado. Necesitaremos el arnés de seguridad y la ropa para meterme en el agua.
-Si Ana, lo tendré preparado.
-Gracias. Terminamos por hoy!
Regresé al hotel. Confieso que cansada.
Andar arriba y abajo del parque , al final del día, resultaba agotador.
Mandé mi ok a N.
No tenía ganas de hablar más de Matías. Trabajo hecho. Punto.
Contesté los mensajes de mis hijos.
Medié en sus disputas y amenacé a cada uno de ellos con el castigo más idóneo.
Tenía un par de mensajes de H.
Pero no abrí la conversación.
No estaba preparada para lidiar con la culpa.
Me di una merecida ducha y juro que iba a meterme en la cama.
Pero mi mente no paraba de acecharme.
Pensé que era mucho mejor inundarla con alcohol.
Con la cabeza divagando y sin perder de vista el número de mi próximo cumpleaños me dispuse a tomarme un gintonic... o dos...o tres...Nada que me hiciera perder el control de la situación, pero algo que entumeciera mi mente inquieta.
Me senté en la barra, dispuesta a no moverme hasta que la vocecilla dejara de hablarme.
-¿D?
No me moví.
-¿D? Y sentí como alguien tocaba mi brazo.
Joder
-Si? Casi susurre al tiempo que me daba la vuelta.
-Me ha costado reconocerte. Tienes el cabello diferente, pero sabía que eras tu...
¿Qué haces en este lado del mundo?
En ese momento morirme.
-Nacho! Por Dios, que sorpresa! Qué haces por aquí? También me ha costado reconocerte! Cuánto hacía que no nos veíamos?
#mecagoenlaputadeoros
-Mil años. Pero te veo estupenda! El pelirrojo te sienta estupendo. ¿Dime, que se te ha perdido aquí?
La suerte, la vida, joder que se yo, pero francamente en ese momento lo que menos necesitaba era encontrarme a un conocido y para más INRI a Nacho.
-Pues voy a escribir un libro de recetas. Y ya sabes que el chocolate de la zona es mítico. Añadí Bariloche a mi viaje, para hacerme una idea de si podía integrarlo en el libro. Así es que ya ves....investigación.
¿Y Tu, dónde vas tan trajeado?
Sonrió.
-Vengo. A veces los inversores programan reuniones en sitios como estos. Esquían, van a los spa, se relajan, y cierran acuerdos desde alguno de estos lugares, como este, privilegiados. Así es que vengo de una reunión, por eso el traje.
-En eso tienes razón, el lugar es maravilloso. Bueno, el traje te queda como un guante.
Pero él ya lo sabía.
-Cuéntame, que tal mi hermanita? Es más, vamos a hacernos una foto, para que vea que estamos juntos.
Joder.
C iba a hiperventilar.
-Owww siii, deja se la mando yo. Más que nada para explicarle la trola que le había soltado.
Quedamos muy bien en la foto, que mandé a C, con : Mira a quién me he encontrado! Yo trabajando en mi libro de recetas y él cerrando acuerdos internacionales! Y un puto corazón para adornarlo.
C tardó en contestar, porque creo que pasó la información al grupo antes de asimilarlo.
N me mandó un mensaje:
-¿Tienes la situación controlada?
-No jodas tía! Es Nacho, yo tengo un lío mental de tres pares, voy de pelirroja Xdios, y me acabo de inventar no se qué mierdas de no se qué libro. ¿Quieres volver a preguntarme si tengo la situación controlada?
-Aguanta. Tu puedes.
-Amén hermana.
C escribió a Nacho directamente, que me mostró el mensaje sonriendo felizmente.
-Bro!! Estás con la pelirroja más guapa del mundo. Pasadlo bien!
Tu dale ideas a este hombre!
Apuré ese gintonic que tenía que salvarme de mi misma.
-Diría que necesitas otro.
Y si, me pidió otro.
El problema era que con Nacho, no podía tener la mente entumecida. Con la mente entumecida no podría decirle que no y él era de los que negocian sin rendición. Y yo, yo soy de las que no saben decir que no a un Nacho trajeado.
-Dime que la tercera copa puede ser en tu habitación.
Si claaaro, con las cámaras, los objetivos, ibas a flipar guapo.
-Va a ser que no.
-¿Vas a decirme que no? ¿Después de no habernos visto en años?
-Convenceme.
Enya sonaba de fondo.
Había dos opciones claras. Me dormía sobre la barra de ese bar con la música que me acunaba.
O me dejaba acunar por Nacho.
Y ahí mi mente, esa que se había pasado todo el día dando por culo con la culpabilidad, se quedó callada. Enmudeció.
Recordé mi próximo cumpleaños y en mi mente sonó un:
- Quemequitenlobailao
Pero en la recámara, cual proyectil esperando se quedó un: D eres tu, esto no es una identidad falsa.
San Carlos de Bariloche,
sábado 15 de Septiembre
20.03
-2ºC
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