viernes, 25 de mayo de 2018

Capítulo 11

Porto

D

Cancelé el masaje nada más entrar en la habitación.
Quiero a N y que decidiera venir de relax con nosotras me pareció estupendo, pero me complicaba los planes.

En cambio Jordi, ese vaquero me había venido de perlas!
Pasaría con N un buen rato, así ella no se daría cuenta de mi ausencia, ni se preocuparía por si tardaba. El Llanero Solitario cumpliría, estaba segura.

Salí de la habitación apenas cinco minutos después de haber entrado.
Tenía el tiempo justo.
Solo eran dos calles desde el hotel. Por eso lo había escogido.
Quería cerciorarme de que Javi seguía dónde lo había localizado, unas semanas atrás.
Había tenido la precaución de salir del hotel con una gorra de béisbol. Odio esas gorras, pero no quería tentar a la suerte y que ese bicho me reconociera.
Ahí estaba el pequeño local de tatuajes.
La imagen del interior se reflejaba en el escaparate de la tienda de enfrente.
Fingí mirar zapatos. En realidad le estaba viendo a él.
Agachado en una mesa de dibujo.

Tenía localizado su apartamento. Su trabajo. Sus itinerarios. Parecía que todo seguía como unas semanas atrás. No había cambios.
Fui paseando hasta el final de la calle. Deteniéndome en las tiendas. Mirando aquí y allí.
Ninguno de los establecimientos de la calle tenía cámaras de seguridad.
Incluido el local de tatuajes.
Dí la vuelta al llegar al final y recorrí la distancia hasta la tienda de Javi contando los pasos.
Justo a tiempo, puntual. Salió a cerrar. Tenía por costumbre regresar a su apartamento a comer.
Vivía cerca, a un par de calles.
Le seguí a una distancia prudencial.
Le ví saludar a un vecino y entrar en su portal.
Tenía al bicho e iba a aplastarlo.

Regresé al hotel, pero entré por la cocina. Necesitaba un cuchillo.
La entrada de la calle da a una zona común, no había nadie. Entré a la cocina y sin tan siquiera detenerme cogí un cuchillo y lo coloque en mi espalda, sujeto con la cintura del pantalón. Nadie me preguntó, los únicos chicos que estaban en la cocina siguieron trabajando como si nada.

Subí a mi suite dispuesta a darme una ducha.
Leí un mensaje de whats de  N:
-Eres una cabrona
Estaba claro que el plan había funcionado a la perfección
-Estoy como nueva! ¿Nos vemos en 30 minutos? ¿Vienes a mi habitación?
Me contestó con un Ok y me metí en la ducha.
Javi estaba en mi cabeza y no podía sacarlo.
Ese tio destrozó a N. La dejo hecha añicos. Tardó un año entero en parecerse a la que era antes de él.
Ella había apartado a ese imbécil de su mente. A él y a las ganas de hacerle pagar lo que le hizo.
N prefirió borrarle del mapa, del mundo.
Y nosotras también. Por supuesto respetamos su voluntad.
Habían pasado 5 años desde la última vez que le había visto. Hasta esa tarde en Porto.
Nos cruzamos en una calle.
Yo llevaba peluca y gafas de sol y ese pobre no tenía manera de reconocerme, pero él estaba prácticamente igual.
Iba con un amigo y conversaban en portugués, animádamente.
Justo pasar por mi lado me di la vuelta y les seguí.
No tenía pensado nada, solo le seguí.
Alargué mi estancia en la ciudad sólo para tener los máximos datos sobre su vida.
Me fui con toda la información, pero sin decirle nada a ninguna de ellas.
Tardé dos semanas en pensar que hacer.
No iba a contárselo a N, pero había decidido borrarle del mapa, definitivamente.

Salí de la ducha y  me vestí de negro. Estaba adelantándome al luto. N llamó a mi puerta justo cuando terminaba de maquillarme.
Fue abrir la puerta y me soltó:
-Eres una lianta, una puta manipuladora
-Y estás encantada de la vida de que lo sea
Nos echamos a reir.
-Vaaaaa, cuentameeeeee, ¿qué tal el Llanero solitario?
-Buaaa, pues tampoco es muy allá...
-Mentirosa.
-Está bieeeen, ha sido podium.
Nos reimos con ganas. Un podium no es fácil de conseguir, tiene su mérito.
-Vamos, me cuentas comiendo, estoy muerta de hambre.

Fuimos en taxi, no estaba muy lejos, pero lo de que estaba muerta de hambre era verdad.
El Tapabento es uno de mis restaurantes preferidos.
Pedí marisco y pescado, mi estado de ánimo era como de celebración.
N empezó a contarme de Jordi. Hay que decir que el tío tenía interés, impresionar a N no era tarea fácil.
Hablamos de mis hijos, blablabla.
A mandó un mensaje a N, para decirle que ya estaban en el hotel.
Un poco cansadas, pero bien.
Decidimos regresar al hotel dando un paseo.
Le mandé un mensaje a X.
-Te necesito.
-¡Ha sonado desesperado tia! jajajaja
-Bueno, desesperada no, pero un poco justa de tiempo.
-Pásate por mi suite y hablamos
-¡10 minutos!

Pusimos atención a las tiendas todavía cerradas y llegamos al hotel agarradas del brazo, como las viejas.
N mandó mensaje al grupo.
-¿Descansamos y nos vemos más tarde?
Un ok de todas nos llevo a las habitaciones.
Me puse una sudadera negra, coloqué el cuchillo en mi espalda y salí directa a la suite de X.
Tardó medio segundo en abrirme.

-No vas ni a decirme buenas tardes, verdad?
-Pues no. Pilla una camiseta para cambiarte y cálzate que nos vamos. Te lo cuento por el camino.
Salimos del hotel y le solté la bomba.
-Vas a matarle.
-Pues es justo lo que tengo pensado. A ti es a la única que no conoce personalmente. Necesito que lo despistes y lo entretengas. Yo haré el resto.
-Todo controlado? No me acostumbro a verte con esa gorra.
-Tenemos 25 minutos antes de que abran las tiendas de la calle, somos invisibles hasta entonces... y no me hables de la gorra, ni de las gafas de sol.
La puerta tiene un timbre, como un portero automático. En cuanto salgamos quedará cerrada. ¿Estamos?
Asintió. Estaba colocando toda la información en su cabeza.

Caminamos rápido y en silencio. Al entrar en la calle bajé la velocidad y me coloqué un guante en la mano derecha, saqué el cuchillo de mi espalda y metí mano y cuchillo en el bolsillo de la sudadera.
X me miró y asintió.
Pulsó el timbre de la puerta con la manga de la sudadera.
Fingí entretenerme con la zapatería de enfrente.
Un Javi sonriente nos abrió la puerta.
X le sonrió y su hola sonó risueño.
-Oyeee, esto es genial!! Ana, pasas? 
-Si,voy, espera.
-Los zapatos la vuelven loca. Bueno te cuento, quiero hacerme un tatuaje, pero a mi esto de las agujas, no se, me da como un poco de pánico...
Entré tras ellos y la puerta se cerró. Me quedé cinco pasos por detrás viendo sus dibujos colgados en la pared y las camisetas y mochilas que tenía a la venta.
Me puse el otro guante.

-No te preocupes, ven, te enseño y te explico un poco todo.
-Ooowwww eres muy amable.
Me dí la vuelta
Tres pasos largos y era mío.
Uno...dos.. tres..
Le pasé el brazo izquierdo por la parte delantera del cuello, le ladeé la cabeza y le clavé el cuchillo en el cuello.
Con fuerza.
Sus piernas le fallaron.
Le sujeté y acompañé su caída hasta justo el punto en que nadie le vería.
Sus ojos estaban abiertos, pánico, el bicho tenía un pánico atroz.
Saqué el cuchillo de su garganta, al mismo tiempo que lo movía circularmente. No iba a dejar nada al azar.
Ese moría hoy si o si.
Pasé por su lado. Guantes y cuchillo todo en uno, X me pasó su sudadera, me saqué la mía. Hicimos una bola con todo.
Nos movimos hasta la puerta.
X revisó mentalmente todo.
Desde donde estábamos no se veía a Javi.
Agarré una mochila de las que estaban  a la venta. Con una calavera en el centro. Adecuada.
Coloqué todo dentro y X se la colgó a la espalda.
X Abrió la puerta usando la camiseta para no tocarla.
Salimos a la calle, todavía vacía, nos habían sobrado 5 minutos de invisibilidad.

Regresamos al hotel, digamos que por el camino largo.
Me quité esa gorra y la tiré en el primer cubo de basura que vi.
Hablamos de su último trabajo, de la boda, del novio, del policía, nos pusimos al día de lo acontecido.
Entré en el hotel más liviana.
Nos plantamos en las puertas de los ascensores.
X se sacó la mochila.
-¿Te encargas tu?
-Claro
Me pasó la mochila y las puertas se abrieron.

Jooooderrrr. El  Llanero Solitario cabalga de nuevo.
Ahí estaba él...Y yo visionandolo en un podium.
-¡¡D!! ¿Debo agradecerte que no tomaras nada con nosotros?. Y ahí estaba esa sonrisa profident que tenía el vaquero.
-Holaaaa Jordi!! No tengo ni idea de que me hablas. Ella es X. Y él es...
-El Llanero solitario.
Joooderrrr X
Jordi estalló en una carcajada.
-¿ Me habéis puesto nombre, tan pronto?
- Podría decir que no, pero es tan evidente que no voy a molestarme en negarlo. Me reí porque la verdad es que Jordi era simpático y la situación graciosa. Y yo, bueno nosotras, unas sociópatas.
-Oye, sé que cenáis las chicas juntas esta noche, pero si os apetece que os acompañe, por mi encantado.
-Vale! Te digo algo luego...
-Nos vemos!

Entramos en el ascensor al tiempo que X le daba la última repasada a Jordi.
-Tranquila, le dije, N ya le habrá investigado, si seguimos aquí es porque ella ya le habrá dado el ok.
-Es verdad. Y le ha dado el ok?
-Me ha dicho que le ha dado el podium.
-jajajajajaja, eso es más que un ok.
-¡Exacto!
Las puertas se abrieron en nuestro piso y quedamos en mandarnos un mensaje a eso de las siete y ponernos de acuerdo para la cena.

Mi suite era la única que tenía balcón.
Ya había estado alojada allí en otra ocasión.
Lavé el cuchillo en la bañera, era mejor la lejía, pero no tenía, así es que el jabón neutro tenía que servir, de momento.
Lo sequé y me dirigí al balcón.
Miré a la calle.
Nadie a la vista.
Palpé la pared más allá del balcón. La hendidura estaba ahí. Metí el cuchillo en ella. Lo más adentro que pude.
Era un buen escondite.
Eché un vistazo al río y al movimiento de la calle.

Me apoyé en la barandilla.
Si hubiera fumado, ese sería un momento genial para fumarse un cigarrillo.
Mi teléfono vibró des del bolsillo trasero de mi pantalón.
Vuelta a la realidad.
Aunque visto lo visto, cuál era la realidad?
Filosofar tendría que esperar.

Atardecía en Porto, dulcemente, casi idílicamente.

















































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