jueves, 1 de marzo de 2018

Capítulo 2

A.
El principio.

Miércoles.
Uno nunca sabe como llega a ese preciso punto, en el que me encontraba.
El hombre que estaba a mis pies era el hombre con el que iba a casarme.
Bueno, ya no.
Mis manos....
No sé cuánto tiempo llevaba ahí, mirándome las manos.
Y sus pies. Miraba sus pies.
Me obligué a mi misma a volver a la realidad.
¿A quién iba a pedirle ayuda?
No se lo había contado a nadie. Nadie sabía el infierno en el que vivía. Creo que me avergonzaba de mi misma, por aguantar y permitir sus maltratos.

También pensé que no me creerían. Él era tan adorable con todo el mundo....menos conmigo. Conmigo era él de verdad. Un puto monstruo.

Caminé hacia atrás, por no pisar la sangre.
En la trastienda estaba mi taller. Me saqué los guantes, colocandolos uno dentro del otro. Me los guardé en el bolsillo.
Me senté en mi taburete de trabajo.
Desbloqueé mi Iphone.
Si llamaba a alguien quedaría registrado...
El whatsapp.
Levanté la vista, desde ahí sentada conseguía ver las tijeras clavadas, en el lado izquierdo de su pecho.
Mis tijeras preferidas. Anoté mentalmente que debería comprar otras.

D.
Ella siempre estaba despierta a estas horas.
Tenía que confiar en alguien.
Tenía que pedir ayuda.
El teléfono me recordó que eran las dos. Por increíble que me pareciera, todo había sucedido hacía más de una hora.
Abrí mi conversación con D.
Qué coño le iba a decir?
Escribí: AYÚDAME
Tardó apenas 1 minuto.
-Dónde estás? Te llamo?
-No, estoy en la tienda, ven.
Me quedé sentada en el mismo sitio, con el teléfono en la mano.

La tienda y mi casa están en el mismo terreno.
Simplemente me pareció lógico y cómodo colocar la tienda y el taller, en dónde en otros tiempos,guardábamos las máquinas de cortar césped y montones de objetos que ya no tenían lugar en casa.
Soy florista, de siempre.
Nací en este mundo y aquí sigo entre ramos de novia y coronas de difuntos.
Si, difunto estaba.

D llamó a la puerta de mi taller.
Diría que ya estaba vestida, tardó lo justo en calzarse unas Uggs y recorrer la distancia que separaba su casa, de la mía.
Nos miramos. Ella me analizó sin entrar.
No me preguntó.
Me volví a dejar caer en el taburete.
Ella cerró la puerta tras de si. Creo que estaba midiendo sus palabras.
Cogió unos Kleenex y me los pasó.
-Límpiate la cara.
No me había dado cuenta.
Mi cara estaba manchada de sangre.
Señalé hacia la tienda, justo para que ella se diera la vuelta y lo viera, ahí, en el suelo.

Le conté como entró, como me golpeó y como en ese momento reaccioné como no lo había hecho en los últimos dos años.
D lo sospechaba, igual que las otras, que formaban nuestro pequeño grupo.
No me juzgó.
No me dijo nada.
Lo miró.
Me ordenó, porque no fue una sugerencia. Fue una orden.
-Abre la puerta de la tienda.
-Déjame ver tus zapatos.
Comprobó que estaban limpios. No había pisado la sangre.
Se puso unos guantes,de los desechables.
Removió cajones.
Tiró dos jarrones.
Se llevó el dinero de la caja y las llaves de la furgoneta de David.
Tiró de mi hacia la entrada de la tienda, sin mediar palabra.
Abrió la puerta trasera de la furgoneta y me dejó ahí plantada.
Entró de nuevo,cargó una caja de las que estaban preparadas para el evento del viernes y la colocó en la furgo.

Sujetó la puerta para que quedara abierta. Me dio la mano y así la seguí hasta mi casa.
Se aseguró de que me duchara a conciencia.
Me dio un Myolastan y me metió en la cama, literalmente.
Me preguntó a que hora llegaba Irene, mi ayudante.
Ella siempre llegaba a las 8:30.
Activó la alarma de mi móvil que ya estaba programada a las 8.
Y volvió a ordenarme con una seguridad pasmosa.
-Te levantas, te duchas, te vistes, todo según lo que harías normalmente. En algún momento Irene te llamará, gritará o golpeará tu puerta. Vas a tener que actuar, y muy bien.
La historia es la siguiente: Él llegó, no sabes cuando, porque quedó en que te ayudaría, con las cajas pesadas, del evento del viernes.
A ti te dolía el hombro, y como hacías en esas ocasiones, te duchaste y te tomaste un Myolastan. No, no se quedaba a dormir en tu casa.
Notas en falta dinero y ves que todo está revuelto. Que será lo mismo que dirá Irene.
Todo esto lo contaras con la mirada fija en un punto en concreto. Como si estuvieras ida. No te costara mucho hacerlo.
Esto es lo que vas a decir y como vas a decirlo. No hay otra opción y no vas a tener remordimientos. Estamos?
Joder si estábamos!
Pringadas, estábamos pringadas!

Se fue, después de revisar mi ropa y llevarse mi chaqueta y los guantes desechables que estaban en el bolsillo.

Todo, absolutamente todo, pasó como planeamos.
Nos vimos al día siguiente, y el viernes, pero solo reproducimos la versión oficial.
Pasaron  quince días hasta que lo hablamos.
Nunca supe que hizo con mi ropa o con los guantes.
Sé que hizo por mi, se que somos desde ese día.
Somos un equipo.
Las siete somos un equipo.
Este fue el principio.















2 comentarios: