C.
Boeuf bourguignon
Cinco minutos antes ya estaba entrando al edificio, con los auriculares puestos y sonriendo.
Confieso que esas tres semanas me habían hecho feliz.
Al principio pensé que no sabría hacerlo. Pero sabía. Sé.
Saludé a Silvia, la chica de recepción. Es un amor.
Hay un camino directo a los vestuarios, pero yo siempre paso por recepción y así saludo a los "chicos".
Miguel sentado en su silla, justo en el marco de la puerta, me dedica una sonrisa. Buenos días Miguel!!! Lo digo alto y claro porque el pobre está sordo como una tapia.
Asunción me suelta un beso desde la cama. Cuánta dulzura tiene esta señora.
La siguiente es la habitación de Augusto. Está conectado a una máquina que le mantiene respirando, así es que entro y digo Buenos días, lo suficientemente alto, para que Asunción desde la habitación de al lado, vea que no me olvido de él.
Lo que no escucha, porque lo digo susurrando, es "hijo de puta" que es lo que siempre le digo después de Buenos días.
Hay que mantener el teatro. Unas horas más.
Confieso que la idea de dejar ese trabajo no me estaba gustando.
Disfrutaba.
Nunca me imaginé volviendo a trabajar.
Cuando me divorcié pensé que lo necesitaría, pero la verdad es que lo había dejado apartado. Hasta que Augusto entró en nuestras vidas.
Entré en los vestidores justo cuando Julia empezaba con la receta, en mi oído izquierdo.
Siempre me he defendido cocinando, pero no para 70 personas y sus complicaciones alimentarias.
Digamos que a nivel hogar.
Me tomé como un reto lo de cocinar para esta gran "familia". Superando las recetas especiales, los digamos que "normales"ya llevaban una semana degustando las recetas de Julia Child...y estaban encantados.
Me encantaba cocinar con ella. Bueno con ella en el oído. Siguiendo sus instrucciones.
Dejé todo en la taquilla y ya cambiada al modo cocinera me metí en la cocina.
Saludé a mis compañeros. Ellos también me gustaban.
Descontando a Augusto, los demás eran encantadores.
Hoy: Boeuf bourguignon
Los ingredientes ya estaban listos desde el día anerior. Me sabía los pasos. Pero Julia me ayudaba a concentrarme.
Mi ayudante ya había cortado las verduras en rodajas.
Procedí con la mise en place.
Y mientras empezaba con la elaboración mi mano derecha palpó la jeringuilla que estaba en el bolsillo de mi pantalón. Todo según lo planeado.
Augusto podría parecer un pobre anciano a las puertas de la muerte. Y todo en la frase sería cierto, menos lo de pobre venerable o cualquiera de esos adjetivos lastimeros. No daba lástima. Llevaba en las puertas de la muerte, demasiado tiempo, y no moría.
Ibamos a ....agilizar ese paso.
Una jeringuilla con aire en su arteria femoral y zas, adiós a Augusto.
Seguí a Julia:
Agregue la sal y la pimienta y mezcle. Espolvoree con la harina y mezcle, para que la carne se reboce ligeramente....
La carne iba a estar en el horno entre 3 y 4 horas.
Ese era el preciso momento.
Coloqué la carne a 160º.
Salí de la cocina sin decir nada, sin que nadie se diera cuenta que no estaba.
Caminé hacia las habitaciones.
No estaban, era la hora de la psicomotricidad. Sólo Augusto.
Entré sin mi acostumbrado saludo. Silenciosamente.
Mi mano izquierda tocó su pierna izquierda.
Hola Augusto.
Vas a morir, porque esto tiene que acabar.
Metí mi mano derecha en el bolsillo del pantalón. Saqué la jeringuilla.
Le metí aire.
Mi mano izquierda tenía localizada la femoral. No vacilé.
Le inyecté.
Milésima de segundo.
Me saqué los guantes, uno dentro del otro. La jeringuilla dentro de ellos.
De vuelta al bolsillo y de vuelta a la cocina.
Nadie se percató de que no estaba.
Cada uno en sus obligaciones, no habían tenido tiempo de preguntarse cuánto hacia que no estaba frente al fuego.
Seguí con las preparaciones como si nada.
Augusto fue General.
En otra vida.
En otro país.
En 1982 después de que Videla se retirara y fuera sucedido por Viola, decidió huir de Argentina.
Cabe decir que inteligentemente.
Se sintió libre de todo cargo.
Nunca pensó que después de tantos años alguien le reconocería.
Dudamos de la historia de Isabel, hasta que conseguí una muestra de ADN. Augusto tenía una sobrina que se prestó al análisis.
Era él, no nos cabía duda.
Con miles de muertos a su espalda y quién sabe cuántos niños robados, finalizó así su vida, postrado en esa cama.
Antes de servir la comida, mandé un mensaje a N: ok
Cuando los postres estaban saliendo con normalidad , di por terminada mi jornada.
Me cambié como siempre.
Al pasar por delante de la puerta de Augusto, vi la cama vacía.
Saludé a Asunción y a Miguel, con un hasta mañana.
Me acerqué a Silvia para preguntar por Augusto.
Ay Dios, qué pena, parece que falleció...
Una pena, si, si.
Un hasta mañana y salí.
Pensé en la receta del día siguiente.
No podía desaparecer el día después de morir Augusto.
Iba a disfrutar unos días más de esa cocina.
¿Mañana? Canard en croûte.
Hoy tocaba chimenea...nada romántico.
No hacía mucho frío, pero iba a quemar los guantes con la jeringuilla.
A mis hijos les parecería genial. Les encanta esa chimenea.
Confieso que Augusto me había dejado una pasión por los tangos.
Sonreí, al tiempo que la "Cumparsita" sonaba en mi coche.
Tomé nota mental, iba a aprender a bailar tango.
(...)
Los amigos ya no vienen
Ni siquiera a visitarme,
Nadie quiere consolarme
En mi aflicción....
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