miércoles, 23 de mayo de 2018

Capítulo 10

Porto
N

Mil años desde la última vez que había estado allí.
Bajé la ventanilla del coche. Soy medio perruna, me gusta sentir el aire cuando voy en coche.
El trayecto entre el aeropuerto y el hotel fue realmente corto.
Jordi  y D estaban animados conversando y riendo.
En cambio yo no podía dejar de pensar ... demasiadas coincidencias.

Bajé la primera del coche, quería hacer el check-in de las suites, A y X todavía tardarían, pero yo necesitaba aclarar las ideas.
D me miró por encima de las gafas de sol. Me conoce tan bien, que creo que estaba escuchando los engranajes de mi cerebro. Así que la chica lista se quedó entreteniendo a Jordi en lo que yo entraba.

El hotel no era ni de lejos el mejor de Porto, pero D es una cuadriculada mental. Tiene una lista de hoteles en los que le gusta alojarse, vete tu a saber por qué. Si se lo preguntáramos dudo que tuviera una respuesta lógica. Pero le hago caso, siempre que es posible.
Por eso nos alojamos en el Vincci. Eso si, la señora quiere suite. Pues suites, claro que si.

Entregué la documentación de las dos y recordé solicitar un servicio de masaje para D.
La chica me recordó que había dos suites más en la reserva.
Le dije que era correcto, pero llegaban más tarde y que no hacía falta que nos acompañaran a las habitaciones.
Justo me entregó las llaves cuando ellos entraban.
D se despidió de él. -¡Nos hablamos!
Nos sonreimos, al tiempo que le dije -Nos vemos luego

Como si se sacara el disfraz, al entrar en el ascensor D cambió el tono de su voz.
-Estás de malas. Y lo sabes. 
No creo que esto sea una conspiración. 
Las coincidencias existen. 
No la pagues con el pobre tío, que me cae bien.
-Pues ya está, si te cae bien a ti, todo resuelto.
-Puaj tía, disfruta de estos días. No te ofusques.
Van a estrujarme la espalda?
-Seeeee, a las 13.
-Genial!!

Las suites eran contiguas.
-Oye,  subimos a la terraza a tomarnos algo, no?
-Media hora!
Era justo lo que necesitaba para stalkear a Jordi.
Iba a pensar que era una coincidencia....después de rastrearlo en la red.

Dejé la maleta a los pies de la cama. La abrí, pero sólo saqué mi macbook.
Lo puse a cargar e introduje todo lo que sabía sobre Jordi en mi buscador.
Le dejé pensando. Me lavé la cara y me miré al espejo.
La imagen que vi me gustó. En otra vida no me habría gustado. La autoestima a veces se te lacera. O te la laceran, para ser más exactos.

Me llevé el portátil al sofá.
Nada fuera de lo normal en cuanto a Jordi.
Todo lo que contaba parecía ser cierto.
Me quedé más tranquila.
Ahora ya podía salir a tomarme algo, y buena falta que me hacía, que caray!

Subí a la terraza sin avisar a D.
Ella todavía no había llegado y decidí sentarme de cara al río.
El sol primaveral me venía a medida.
Me pedí unas aceitunas y un vino blanco, mientras la esperaba.
X mandó mensaje a nuestro nuevo grupo.
Les conté que D tenía masaje y que yo me iba a echar una siesta.
Íbamos a comer a uno de los restaurantes preferidos de D.
¡Pero la noche era para las cuatro!

D me mandó un mensaje.
-Me ducho y ya espero a la masajista. Estás en el bar?
-Yes, no te preocupes. Yo voy a echarme un rato y nos vemos para comer.
-Ok
Apoyé el cuello en el respaldo de la silla y subí los pies a la silla de enfrente. Es posible que estas cosas no deban hacerse. Pero no había nadie. Cerré los ojos y me relajé.
Escuché como se movía una silla a mi derecha y abrí un ojo para ver que pasaba.
Allí estaba el llanero solitario.
-Hola. Ahora si pareces relajada. El sol te sienta bien.
 D me dijo que nos tomábamos algo antes de comer, no ha llegado? 
D es lo más.
-Nooo, está esperando a la masajista.
Pero le mandé un mensaje.
-Eres una cabrona.

Jordi se pidió lo mismo que yo y se colocó en la misma posición.
Agradecí que no empezara a preguntarme a que me dedico, ni ninguna de esas preguntas típicas que se dan cuando acabas de conocer a alguien.
Empezó una charla banal.
-Estas vistas del río son espectaculares
-Si, D escoge siempre los hoteles. Nunca se qué criterios la rigen, pero suele acertar.
-Con este, no me cabe duda, ha acertado.
Le miré por encima de mis gafas de sol. No estaba mirándome, tenía los ojos cerrados. Pero llevaba pintada una media sonrisa.
El llanero solitario estaba tirándome el lazo.
Estuvimos unos cinco minutos en silencio, saboreando el vino y el sol.
Escuché como se movía. Se sentó con la espalda pegada al respaldo de la silla y me miró.
Me pilló mirándole y le pareció gracioso, porque ahí estaba de nuevo esa media sonrisa.
-Cowgirl, estás en una suite?
Hay que joderse. Normalmente la directa soy yo.
-Puessss si.
-Las vistas son así de extraordinarias?
-Mmmm, pues confieso que no me he fijado. Pero si quieres bajamos a averiguarlo.
Queria, claro que queria.
Se levantó tranquilamente y se quedó mirándome.
-Vamos?
Quise decir: hi-yo Silver!
Pero me levanté tranquilamente como él había hecho y eché a andar hacia el ascensor.
Él me siguió y se plantó a mi lado mientras esperábamos que el ascensor subiera del lobby.
Me pasó una mano por la cintura. Sus dedos se metieron por debajo de mi camisa y me acarició suavemente.
Fue casi una corriente eléctrica.
Dejó su mano en mi piel y seguimos los dos mirando a la puerta cerrada del ascensor.
Un suave clic y la puerta se abrió. Entramos prácticamente corriendo.
Su boca se lanzó a la mía y no me dio tregua.
Su mano subió por mi espalda, rozándome.
La puerta se abrió de nuevo y nos separamos.
Me dejo salir a mi primero.

Me siguió hasta la puerta de mi suite. Pasé la tarjeta y abrió, él sujetó la puerta, mientras yo colocaba la tarjeta en el dispositivo de la pared.
La cerró tras de él y se quedó apoyado en la puerta.
Avancé hasta los sofás y me descalcé. Seguí caminando descalza hasta la cama. Me volteé a mirarle.
El llanero solitario sonreía.
-¿Vienes?
Se lo pregunté mientras me desabrochaba la camisa, qué fue a parar al sillón de la esquina.
Me saqué los pantalones.
Mi ropa interior no era como la de D, y estaba dando gracias a todas las deidades por haberme vestido tan conjuntadita.

Jordi se acercó, descalzándose en el mismo punto donde quedaron mis zapatos.
Se sacó su camisa que fue a parar al suelo y me alcanzó con su boca.
Había una necesidad, no era algo dulce, era un instinto primario.
Desabroché sus pantalones, que cayeron al suelo.
Le toqué por encima de la ropa interior y agarré sus nalgas para pegarlo a mi.
Sus manos se deshicieron de mi sujetador y con dos pasos caímos sobre la cama.
Mordió y lamió mi cuerpo a partes iguales.
Recorrí su cuerpo con lengua y uñas.
Tuvo que alcanzar sus pantalones para sacar un preservativo de su bolsillo. Está claro que era prevenido.
Se colocó entre mis piernas y cada una de mis piernas en sus hombros.
Agarró mi pierna izquierda, me penetró y los dedos de su mano derecha siguieron acariciándome hasta que mis gemidos me delataron y me preguntó
-¿No puedes más?
-Nooooo
Agarró mis dos piernas y empujó más fuerte hasta que acabamos los dos al mismo tiempo, con un grito.

Sudaba. Hay polvos de podium. Este lo había sido.
Al César lo que es del César.
Se puso de lado y me observó.
Caray, yo debía estar horrible, sudada, despeinada, con el maquillaje corrido, en cambio él estaba radiante. Le odié, es lo mínimo cuando un hombre así, te mira de frente y estás hecha unos zorros.

-Vaquera, ¿te duchas conmigo?
En ese instante me di cuenta que decirle que no al Llanero Solitario no me resultaría fácil.






































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