jueves, 6 de febrero de 2020

capítulo 28

O


¿Que por qué estaba allí?
Sencillísimo.
No era mi zona. Pero quiso el destino que Marquez estuviera enfermo. Tócate los huevos.
Así de sencillo y ohhh puto destino, ahí estaba yo, frente a esa cama ensangrentada.
Todo estupendo.
La noche anterior me había librado a duras penas de esa panda de colgados.
Y ahora tenía que soltar una montaña de gilipolleces a mi compañero. Eso ya no era mentir, era nivel master en mentiras.
Escuchaba la voz de Marcos de fondo.
-... da asco pisar aquí dentro. Esto es claramente un ajuste de cuentas entre esta gentuza....
Aja, pues nada. ¿Podíamos irnos ya?
-O! Estoy flipando! ¿Qué le ha pasado a tu pelo?
Me reí.
-Ayer se me fue la olla y decidí raparme, sin más. Y oye, me veo bastante bien.
Mireia se fijó bien y no pudo más que darme la razón.
-Es verdad, te queda  bien. Menuda ida de olla, nena.
No lo sabes tu bien, alma candida.

Mireia se agachó frente al cadáver del hombre.
-Qué pieza era este cabrón
-Seee, eso estaba diciendo yo. Convino Marcos.
Asentí.
A ver como les decía que me parecía una pérdida de tiempo estar allí. Que ese gilipollas estaba mejor muerto y que me importaba una mierda, quién era la tía que había muerto a los pies de esa puta cama. Estaba muerta antes de estar muerta.
Las cicatrices de los pinchazos abarcaban sus brazos y sus pies. La imagen post mortem de ambos era un poema.
La mujer, de no haber estado tan deteriorada habríamos podido decir que era guapa. Seguramente lo fue en otra época....prácticamente en otra vida.
Marcos atendió una llamada de teléfono y Mireia y yo nos quedamos ahí, de pie, mirando los cuerpos.
-A veces me preocupa lo de perder sensibilidad frente a estas situaciones, frente la muerte.
Lo dijo sin apartar la mirada de los cadáveres.
Me giré a mirarla.
-A mi me preocupa más perder la sensibilidad frente a la vida. Casi diría que su muerte seguro que le da paz a muchas personas.
Me miró y asintió, antes de volver la mirada a los cuerpos.
-Nos vamos?
-Pues no veo que más podemos hacer aquí. Así que nos fuimos de esa habitación dónde el aire empezaba a faltar.

Al salir a la calle, justo en la acera de enfrente estaba la mano derecha del muerto.
El desgraciado que casi me pilla la noche anterior.
No creí que pudiera reconocerme.
De hecho no noté que se fijara en mi, más de lo necesario.
Estando ahí, en medio de esa situación rocambolesca sólo atiné a pensar en mi chaqueta.
Con un poco de suerte seguiría en ese puto contenedor.
Pero Marcos me sacó de mi elucubración.
-El de la chaqueta verde, el que está en la acera de enfrente, es el segundo del muerto. Creo que estaría bien que O y yo nos acercáramos a charlar con él. Mireia asintió.
Joder lo bien que me estaba yendo el día. Estupendamente era poco.
Pues nada, a hablar con esa perlita.

Nos acercamos al tipo, que ni se inmutó. La policía no le ponía nervioso, eso estaba claro.
-Juan, a tu jefe no le ha ido nada bien....
El susodicho arrugó la nariz, pero no soltó palabra.
-¿Qué puedes contarnos?
-Nada. Ni puta idea de qué ha pasado aquí, pero os puedo asegurar que quién haya sido, lo pagará. Y como si así firmara la sentencia de muerte del asesino, escupió con desdén.
Asesina, en realidad.
-Juanito, ¿nadie vió nada? Siempre estabais pegados a su culo, era un puto paranoico. No puede ser que nadie viera nada.
-Una mujer. Fue una mujer.
A tomar por culo.
-¿Una mujer? Preguntar quién tenía algo en su contra sería una estupidez, no?
Juan sacó una media sonrisa con dientes mellados incluidos.
-¿Qué sabemos de esa mujer? Venga Juan, échanos una mano.
-De alta como yo....pelo rizado. Creo que morena...
-¿La habías visto antes?
-No. Ya te he dicho que no tengo ni idea de qué va esto.
Juan estaba siendo sincero, pero a Marcos no se lo parecía. Marcos quería que Juan le diera algún dato más. Yo no pensaba que eso fuera posible.
Le hice una señal con la cabeza, para que lo dejáramos ahí.
Marcos asintió.
-Juan, si sabes algo me llamarás verdad?
-Aja.
Seee, estaba claro que lo haría, seguro.
Mientras nos alejábamos Marcos soltó un bufido.
-Bfff, una tía? A ver si no han sido ellos mismos y ahora nos cuentan eso para despistarnos.
Marcos tiene la absurda teoría de que las mujeres no son asesinas por naturaleza.
Aja.
Ni le contesté. A mi que Marcos tuviera esa teoría me beneficiaba enormemente.

Fuimos directos al coche.
Mireia me llamó.
-Dime.
-Todos parecen coincidir en que la asesina es una mujer.
Nomejodashostiaputa
-Eso mismo nos a contado Juan. Aunque también podrían estar mintiendo. Con esta gente, uno no sabe qué pensar. Está claro que prefieren solucionarlo ellos. No veo que quieran cooperar.
-Si, eso también podría ser. Bueno, vamos a darle tres vueltas a ver que sacamos en claro y vemos a qué punto llegamos.
Colgué el teléfono y Marcos me dio la razón. Por suerte.
Se lió a darme una larga explicación. Mi única respuesta fueron varios: mmmm, aja, mmm.
No tenía yo la cabeza para mucho más.
Le mandé un mensaje a N, para contarle lo maravilloso del  día.
-Tranquila, seguro que esos colgados no te reconocerán.
-No, yo tampoco lo creo. Veremos como avanza la investigación. Hablamos luego.

Llegamos a comisaría y me encerré en el baño.
Qué puta pereza tenía.
Estaba cansada, tenía sueño y quería desaparecer bajo las sábanas de mi cama.
Y mi cabeza que va por libre, en medio de todo el lío que tenía, evocó a Sandra.
Saqué el teléfono y le mandé un mensaje.
-Rubia. ¿Qué tal tu día?
Respondió casi al segundo.
-Bastante bien.  Qué hay del tuyo?
Una puta mierda.
-Lo normal en la vida de un policía. ¿Nos vemos luego?
-¿Me echas de menos? y un sin fin de corazones.
-Siempre rubia, ya lo sabes.
-Te espero en tu casa, ok?
-Ok! 
Sandra era una vía de escape estupenda.
Era mi vía de escape.
Y estaba claro que la necesitaba.
Sólo tenía que aguantar un par de horas más con los ojos abiertos.

Salí del baño para ir directa a la máquina de café.
¿Las drogas seguían siendo ilegales?
Joder.
Qué difícil le ponen las cosas a una. Tendría que conformarme con el horrible café de esa puta máquina.
Sonreí.
-O, qué guapa estás cuando sonríes!
Puse los ojos en blanco.
-Si estoy seria me convierto en el jorobado de Notredam?
Rafa se rió con ganas.
-Qué rancia eres. Eres guapa siempre. Hasta rapada. Si decides probar con los hombres, me avisas?
-Si decido probar con los hombres, intentaré que no sean gilipollas! Así que quedas descartado.
Se fue riéndose a carcajadas.

Me senté en mi silla, bueno en realidad la de Marquez,  crucé las piernas y clavé la mirada a la pizarra que Marcos y Mireia habían empezado a montar.
Ahí frente a mi, en medio de las fotos de los muertos, escrito en rotulador rojo:
MUJER, BLANCA, 1.75, CABELLO RIZADO
Estaba por añadir:
RANCIA, BORDE, QUE NO SABE RESPIRAR MIENTRAS CORRE Y CON ESPECIAL PREDILECCIÓN POR LAS RUBIAS.
-Se te ocurre algo más... Me preguntó Mireia con el puto rotulador rojo en la mano.
-Mmmmmnaaaaa. Bueno, apunta....este café es un puto asco.
Y esa iba a ser toda mi aportación a esa pizarra.
Miré el reloj del fondo de la sala.
Solo tenía que aguantar una hora y media más....
Bfff












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