viernes, 25 de mayo de 2018

Capítulo 11

Porto

D

Cancelé el masaje nada más entrar en la habitación.
Quiero a N y que decidiera venir de relax con nosotras me pareció estupendo, pero me complicaba los planes.

En cambio Jordi, ese vaquero me había venido de perlas!
Pasaría con N un buen rato, así ella no se daría cuenta de mi ausencia, ni se preocuparía por si tardaba. El Llanero Solitario cumpliría, estaba segura.

Salí de la habitación apenas cinco minutos después de haber entrado.
Tenía el tiempo justo.
Solo eran dos calles desde el hotel. Por eso lo había escogido.
Quería cerciorarme de que Javi seguía dónde lo había localizado, unas semanas atrás.
Había tenido la precaución de salir del hotel con una gorra de béisbol. Odio esas gorras, pero no quería tentar a la suerte y que ese bicho me reconociera.
Ahí estaba el pequeño local de tatuajes.
La imagen del interior se reflejaba en el escaparate de la tienda de enfrente.
Fingí mirar zapatos. En realidad le estaba viendo a él.
Agachado en una mesa de dibujo.

Tenía localizado su apartamento. Su trabajo. Sus itinerarios. Parecía que todo seguía como unas semanas atrás. No había cambios.
Fui paseando hasta el final de la calle. Deteniéndome en las tiendas. Mirando aquí y allí.
Ninguno de los establecimientos de la calle tenía cámaras de seguridad.
Incluido el local de tatuajes.
Dí la vuelta al llegar al final y recorrí la distancia hasta la tienda de Javi contando los pasos.
Justo a tiempo, puntual. Salió a cerrar. Tenía por costumbre regresar a su apartamento a comer.
Vivía cerca, a un par de calles.
Le seguí a una distancia prudencial.
Le ví saludar a un vecino y entrar en su portal.
Tenía al bicho e iba a aplastarlo.

Regresé al hotel, pero entré por la cocina. Necesitaba un cuchillo.
La entrada de la calle da a una zona común, no había nadie. Entré a la cocina y sin tan siquiera detenerme cogí un cuchillo y lo coloque en mi espalda, sujeto con la cintura del pantalón. Nadie me preguntó, los únicos chicos que estaban en la cocina siguieron trabajando como si nada.

Subí a mi suite dispuesta a darme una ducha.
Leí un mensaje de whats de  N:
-Eres una cabrona
Estaba claro que el plan había funcionado a la perfección
-Estoy como nueva! ¿Nos vemos en 30 minutos? ¿Vienes a mi habitación?
Me contestó con un Ok y me metí en la ducha.
Javi estaba en mi cabeza y no podía sacarlo.
Ese tio destrozó a N. La dejo hecha añicos. Tardó un año entero en parecerse a la que era antes de él.
Ella había apartado a ese imbécil de su mente. A él y a las ganas de hacerle pagar lo que le hizo.
N prefirió borrarle del mapa, del mundo.
Y nosotras también. Por supuesto respetamos su voluntad.
Habían pasado 5 años desde la última vez que le había visto. Hasta esa tarde en Porto.
Nos cruzamos en una calle.
Yo llevaba peluca y gafas de sol y ese pobre no tenía manera de reconocerme, pero él estaba prácticamente igual.
Iba con un amigo y conversaban en portugués, animádamente.
Justo pasar por mi lado me di la vuelta y les seguí.
No tenía pensado nada, solo le seguí.
Alargué mi estancia en la ciudad sólo para tener los máximos datos sobre su vida.
Me fui con toda la información, pero sin decirle nada a ninguna de ellas.
Tardé dos semanas en pensar que hacer.
No iba a contárselo a N, pero había decidido borrarle del mapa, definitivamente.

Salí de la ducha y  me vestí de negro. Estaba adelantándome al luto. N llamó a mi puerta justo cuando terminaba de maquillarme.
Fue abrir la puerta y me soltó:
-Eres una lianta, una puta manipuladora
-Y estás encantada de la vida de que lo sea
Nos echamos a reir.
-Vaaaaa, cuentameeeeee, ¿qué tal el Llanero solitario?
-Buaaa, pues tampoco es muy allá...
-Mentirosa.
-Está bieeeen, ha sido podium.
Nos reimos con ganas. Un podium no es fácil de conseguir, tiene su mérito.
-Vamos, me cuentas comiendo, estoy muerta de hambre.

Fuimos en taxi, no estaba muy lejos, pero lo de que estaba muerta de hambre era verdad.
El Tapabento es uno de mis restaurantes preferidos.
Pedí marisco y pescado, mi estado de ánimo era como de celebración.
N empezó a contarme de Jordi. Hay que decir que el tío tenía interés, impresionar a N no era tarea fácil.
Hablamos de mis hijos, blablabla.
A mandó un mensaje a N, para decirle que ya estaban en el hotel.
Un poco cansadas, pero bien.
Decidimos regresar al hotel dando un paseo.
Le mandé un mensaje a X.
-Te necesito.
-¡Ha sonado desesperado tia! jajajaja
-Bueno, desesperada no, pero un poco justa de tiempo.
-Pásate por mi suite y hablamos
-¡10 minutos!

Pusimos atención a las tiendas todavía cerradas y llegamos al hotel agarradas del brazo, como las viejas.
N mandó mensaje al grupo.
-¿Descansamos y nos vemos más tarde?
Un ok de todas nos llevo a las habitaciones.
Me puse una sudadera negra, coloqué el cuchillo en mi espalda y salí directa a la suite de X.
Tardó medio segundo en abrirme.

-No vas ni a decirme buenas tardes, verdad?
-Pues no. Pilla una camiseta para cambiarte y cálzate que nos vamos. Te lo cuento por el camino.
Salimos del hotel y le solté la bomba.
-Vas a matarle.
-Pues es justo lo que tengo pensado. A ti es a la única que no conoce personalmente. Necesito que lo despistes y lo entretengas. Yo haré el resto.
-Todo controlado? No me acostumbro a verte con esa gorra.
-Tenemos 25 minutos antes de que abran las tiendas de la calle, somos invisibles hasta entonces... y no me hables de la gorra, ni de las gafas de sol.
La puerta tiene un timbre, como un portero automático. En cuanto salgamos quedará cerrada. ¿Estamos?
Asintió. Estaba colocando toda la información en su cabeza.

Caminamos rápido y en silencio. Al entrar en la calle bajé la velocidad y me coloqué un guante en la mano derecha, saqué el cuchillo de mi espalda y metí mano y cuchillo en el bolsillo de la sudadera.
X me miró y asintió.
Pulsó el timbre de la puerta con la manga de la sudadera.
Fingí entretenerme con la zapatería de enfrente.
Un Javi sonriente nos abrió la puerta.
X le sonrió y su hola sonó risueño.
-Oyeee, esto es genial!! Ana, pasas? 
-Si,voy, espera.
-Los zapatos la vuelven loca. Bueno te cuento, quiero hacerme un tatuaje, pero a mi esto de las agujas, no se, me da como un poco de pánico...
Entré tras ellos y la puerta se cerró. Me quedé cinco pasos por detrás viendo sus dibujos colgados en la pared y las camisetas y mochilas que tenía a la venta.
Me puse el otro guante.

-No te preocupes, ven, te enseño y te explico un poco todo.
-Ooowwww eres muy amable.
Me dí la vuelta
Tres pasos largos y era mío.
Uno...dos.. tres..
Le pasé el brazo izquierdo por la parte delantera del cuello, le ladeé la cabeza y le clavé el cuchillo en el cuello.
Con fuerza.
Sus piernas le fallaron.
Le sujeté y acompañé su caída hasta justo el punto en que nadie le vería.
Sus ojos estaban abiertos, pánico, el bicho tenía un pánico atroz.
Saqué el cuchillo de su garganta, al mismo tiempo que lo movía circularmente. No iba a dejar nada al azar.
Ese moría hoy si o si.
Pasé por su lado. Guantes y cuchillo todo en uno, X me pasó su sudadera, me saqué la mía. Hicimos una bola con todo.
Nos movimos hasta la puerta.
X revisó mentalmente todo.
Desde donde estábamos no se veía a Javi.
Agarré una mochila de las que estaban  a la venta. Con una calavera en el centro. Adecuada.
Coloqué todo dentro y X se la colgó a la espalda.
X Abrió la puerta usando la camiseta para no tocarla.
Salimos a la calle, todavía vacía, nos habían sobrado 5 minutos de invisibilidad.

Regresamos al hotel, digamos que por el camino largo.
Me quité esa gorra y la tiré en el primer cubo de basura que vi.
Hablamos de su último trabajo, de la boda, del novio, del policía, nos pusimos al día de lo acontecido.
Entré en el hotel más liviana.
Nos plantamos en las puertas de los ascensores.
X se sacó la mochila.
-¿Te encargas tu?
-Claro
Me pasó la mochila y las puertas se abrieron.

Jooooderrrr. El  Llanero Solitario cabalga de nuevo.
Ahí estaba él...Y yo visionandolo en un podium.
-¡¡D!! ¿Debo agradecerte que no tomaras nada con nosotros?. Y ahí estaba esa sonrisa profident que tenía el vaquero.
-Holaaaa Jordi!! No tengo ni idea de que me hablas. Ella es X. Y él es...
-El Llanero solitario.
Joooderrrr X
Jordi estalló en una carcajada.
-¿ Me habéis puesto nombre, tan pronto?
- Podría decir que no, pero es tan evidente que no voy a molestarme en negarlo. Me reí porque la verdad es que Jordi era simpático y la situación graciosa. Y yo, bueno nosotras, unas sociópatas.
-Oye, sé que cenáis las chicas juntas esta noche, pero si os apetece que os acompañe, por mi encantado.
-Vale! Te digo algo luego...
-Nos vemos!

Entramos en el ascensor al tiempo que X le daba la última repasada a Jordi.
-Tranquila, le dije, N ya le habrá investigado, si seguimos aquí es porque ella ya le habrá dado el ok.
-Es verdad. Y le ha dado el ok?
-Me ha dicho que le ha dado el podium.
-jajajajajaja, eso es más que un ok.
-¡Exacto!
Las puertas se abrieron en nuestro piso y quedamos en mandarnos un mensaje a eso de las siete y ponernos de acuerdo para la cena.

Mi suite era la única que tenía balcón.
Ya había estado alojada allí en otra ocasión.
Lavé el cuchillo en la bañera, era mejor la lejía, pero no tenía, así es que el jabón neutro tenía que servir, de momento.
Lo sequé y me dirigí al balcón.
Miré a la calle.
Nadie a la vista.
Palpé la pared más allá del balcón. La hendidura estaba ahí. Metí el cuchillo en ella. Lo más adentro que pude.
Era un buen escondite.
Eché un vistazo al río y al movimiento de la calle.

Me apoyé en la barandilla.
Si hubiera fumado, ese sería un momento genial para fumarse un cigarrillo.
Mi teléfono vibró des del bolsillo trasero de mi pantalón.
Vuelta a la realidad.
Aunque visto lo visto, cuál era la realidad?
Filosofar tendría que esperar.

Atardecía en Porto, dulcemente, casi idílicamente.

















































miércoles, 23 de mayo de 2018

Capítulo 10

Porto
N

Mil años desde la última vez que había estado allí.
Bajé la ventanilla del coche. Soy medio perruna, me gusta sentir el aire cuando voy en coche.
El trayecto entre el aeropuerto y el hotel fue realmente corto.
Jordi  y D estaban animados conversando y riendo.
En cambio yo no podía dejar de pensar ... demasiadas coincidencias.

Bajé la primera del coche, quería hacer el check-in de las suites, A y X todavía tardarían, pero yo necesitaba aclarar las ideas.
D me miró por encima de las gafas de sol. Me conoce tan bien, que creo que estaba escuchando los engranajes de mi cerebro. Así que la chica lista se quedó entreteniendo a Jordi en lo que yo entraba.

El hotel no era ni de lejos el mejor de Porto, pero D es una cuadriculada mental. Tiene una lista de hoteles en los que le gusta alojarse, vete tu a saber por qué. Si se lo preguntáramos dudo que tuviera una respuesta lógica. Pero le hago caso, siempre que es posible.
Por eso nos alojamos en el Vincci. Eso si, la señora quiere suite. Pues suites, claro que si.

Entregué la documentación de las dos y recordé solicitar un servicio de masaje para D.
La chica me recordó que había dos suites más en la reserva.
Le dije que era correcto, pero llegaban más tarde y que no hacía falta que nos acompañaran a las habitaciones.
Justo me entregó las llaves cuando ellos entraban.
D se despidió de él. -¡Nos hablamos!
Nos sonreimos, al tiempo que le dije -Nos vemos luego

Como si se sacara el disfraz, al entrar en el ascensor D cambió el tono de su voz.
-Estás de malas. Y lo sabes. 
No creo que esto sea una conspiración. 
Las coincidencias existen. 
No la pagues con el pobre tío, que me cae bien.
-Pues ya está, si te cae bien a ti, todo resuelto.
-Puaj tía, disfruta de estos días. No te ofusques.
Van a estrujarme la espalda?
-Seeeee, a las 13.
-Genial!!

Las suites eran contiguas.
-Oye,  subimos a la terraza a tomarnos algo, no?
-Media hora!
Era justo lo que necesitaba para stalkear a Jordi.
Iba a pensar que era una coincidencia....después de rastrearlo en la red.

Dejé la maleta a los pies de la cama. La abrí, pero sólo saqué mi macbook.
Lo puse a cargar e introduje todo lo que sabía sobre Jordi en mi buscador.
Le dejé pensando. Me lavé la cara y me miré al espejo.
La imagen que vi me gustó. En otra vida no me habría gustado. La autoestima a veces se te lacera. O te la laceran, para ser más exactos.

Me llevé el portátil al sofá.
Nada fuera de lo normal en cuanto a Jordi.
Todo lo que contaba parecía ser cierto.
Me quedé más tranquila.
Ahora ya podía salir a tomarme algo, y buena falta que me hacía, que caray!

Subí a la terraza sin avisar a D.
Ella todavía no había llegado y decidí sentarme de cara al río.
El sol primaveral me venía a medida.
Me pedí unas aceitunas y un vino blanco, mientras la esperaba.
X mandó mensaje a nuestro nuevo grupo.
Les conté que D tenía masaje y que yo me iba a echar una siesta.
Íbamos a comer a uno de los restaurantes preferidos de D.
¡Pero la noche era para las cuatro!

D me mandó un mensaje.
-Me ducho y ya espero a la masajista. Estás en el bar?
-Yes, no te preocupes. Yo voy a echarme un rato y nos vemos para comer.
-Ok
Apoyé el cuello en el respaldo de la silla y subí los pies a la silla de enfrente. Es posible que estas cosas no deban hacerse. Pero no había nadie. Cerré los ojos y me relajé.
Escuché como se movía una silla a mi derecha y abrí un ojo para ver que pasaba.
Allí estaba el llanero solitario.
-Hola. Ahora si pareces relajada. El sol te sienta bien.
 D me dijo que nos tomábamos algo antes de comer, no ha llegado? 
D es lo más.
-Nooo, está esperando a la masajista.
Pero le mandé un mensaje.
-Eres una cabrona.

Jordi se pidió lo mismo que yo y se colocó en la misma posición.
Agradecí que no empezara a preguntarme a que me dedico, ni ninguna de esas preguntas típicas que se dan cuando acabas de conocer a alguien.
Empezó una charla banal.
-Estas vistas del río son espectaculares
-Si, D escoge siempre los hoteles. Nunca se qué criterios la rigen, pero suele acertar.
-Con este, no me cabe duda, ha acertado.
Le miré por encima de mis gafas de sol. No estaba mirándome, tenía los ojos cerrados. Pero llevaba pintada una media sonrisa.
El llanero solitario estaba tirándome el lazo.
Estuvimos unos cinco minutos en silencio, saboreando el vino y el sol.
Escuché como se movía. Se sentó con la espalda pegada al respaldo de la silla y me miró.
Me pilló mirándole y le pareció gracioso, porque ahí estaba de nuevo esa media sonrisa.
-Cowgirl, estás en una suite?
Hay que joderse. Normalmente la directa soy yo.
-Puessss si.
-Las vistas son así de extraordinarias?
-Mmmm, pues confieso que no me he fijado. Pero si quieres bajamos a averiguarlo.
Queria, claro que queria.
Se levantó tranquilamente y se quedó mirándome.
-Vamos?
Quise decir: hi-yo Silver!
Pero me levanté tranquilamente como él había hecho y eché a andar hacia el ascensor.
Él me siguió y se plantó a mi lado mientras esperábamos que el ascensor subiera del lobby.
Me pasó una mano por la cintura. Sus dedos se metieron por debajo de mi camisa y me acarició suavemente.
Fue casi una corriente eléctrica.
Dejó su mano en mi piel y seguimos los dos mirando a la puerta cerrada del ascensor.
Un suave clic y la puerta se abrió. Entramos prácticamente corriendo.
Su boca se lanzó a la mía y no me dio tregua.
Su mano subió por mi espalda, rozándome.
La puerta se abrió de nuevo y nos separamos.
Me dejo salir a mi primero.

Me siguió hasta la puerta de mi suite. Pasé la tarjeta y abrió, él sujetó la puerta, mientras yo colocaba la tarjeta en el dispositivo de la pared.
La cerró tras de él y se quedó apoyado en la puerta.
Avancé hasta los sofás y me descalcé. Seguí caminando descalza hasta la cama. Me volteé a mirarle.
El llanero solitario sonreía.
-¿Vienes?
Se lo pregunté mientras me desabrochaba la camisa, qué fue a parar al sillón de la esquina.
Me saqué los pantalones.
Mi ropa interior no era como la de D, y estaba dando gracias a todas las deidades por haberme vestido tan conjuntadita.

Jordi se acercó, descalzándose en el mismo punto donde quedaron mis zapatos.
Se sacó su camisa que fue a parar al suelo y me alcanzó con su boca.
Había una necesidad, no era algo dulce, era un instinto primario.
Desabroché sus pantalones, que cayeron al suelo.
Le toqué por encima de la ropa interior y agarré sus nalgas para pegarlo a mi.
Sus manos se deshicieron de mi sujetador y con dos pasos caímos sobre la cama.
Mordió y lamió mi cuerpo a partes iguales.
Recorrí su cuerpo con lengua y uñas.
Tuvo que alcanzar sus pantalones para sacar un preservativo de su bolsillo. Está claro que era prevenido.
Se colocó entre mis piernas y cada una de mis piernas en sus hombros.
Agarró mi pierna izquierda, me penetró y los dedos de su mano derecha siguieron acariciándome hasta que mis gemidos me delataron y me preguntó
-¿No puedes más?
-Nooooo
Agarró mis dos piernas y empujó más fuerte hasta que acabamos los dos al mismo tiempo, con un grito.

Sudaba. Hay polvos de podium. Este lo había sido.
Al César lo que es del César.
Se puso de lado y me observó.
Caray, yo debía estar horrible, sudada, despeinada, con el maquillaje corrido, en cambio él estaba radiante. Le odié, es lo mínimo cuando un hombre así, te mira de frente y estás hecha unos zorros.

-Vaquera, ¿te duchas conmigo?
En ese instante me di cuenta que decirle que no al Llanero Solitario no me resultaría fácil.






































jueves, 3 de mayo de 2018

Capítulo 9

Barcelona - Oporto
Western girl

Dejé el cuchillo en la encimera de la cocina.
El teléfono sonaba en alguna parte del salón.
Era N.
-Pasa a buscarme, voy contigo.
-Geniaaaaal!! En media hora bajas.
N y yo somos primas.
Somos las únicas que tenemos una relación familiar.  He sido vecina de X toda la vida. Jugábamos juntas antes incluso de saber hablar.
La relación entre nosotras se remonta, por lo menos, a 40 años atrás.
Joder.
40 son un montón.

Regresé a la cocina y terminé lo que estaba haciendo.
Les dejé comida preparada a los niños, para no sentirme mala madre.
Para dos días en Porto no necesitaba mucho, así es que no me había molestado en preparar nada.
Lo que llevaba puesto, un par de camisetas, ropa interior, el neceser de viaje que siempre tengo preparado y unos jeans. Listo. Todo dentro de mi bolsa de viaje.
Soy experta en viajes relámpago.
Una se hace experta, con el tiempo, en muchas cosas.

N ya me esperaba con una pequeña maleta.
Su notebook estaba dentro estaba segura. No sabe vivir sin él.
Se montó en mi coche y hablamos de las últimas ideas que había tenido para mi negocio y del último tío que había pasado por su vida.
N no se tomaba ninguna relación en serio. Bueno, yo no soy quién para hablar de este tema. Las normas establecidas en cuanto a relaciones se refiere me producen tedio.
N que se apunta a un bombardeo se tiró a un tío en la fiesta vaquera. Lo que me pareció sorprendente es que fuera a una fiesta vaquera!
Textualmente dijo: -Follé con las botas puestas.
Nos reímos hasta llorar.
La expresión me pareció sumamente westerniana.
Reirse hasta llorar es una de esos placeres fantásticos de la vida.

Aparcamos cerca de la terminal en la que embarcábamos.
Teníamos tiempo, así es que fuimos tranquilamente, charlando.
Con el check in hecho y sin equipaje más que el de mano, pasamos por el control de seguridad.

Íbamos a pillar unos frappuccinos en Starbucks. Pero al pasar por La Perla se me fueron los ojos. Assshhh, la ropa interior...es mi perdición.
Y justo ahí, reflejado en ese escaparate, me di cuenta de que alguien que ya había visto antes, estaba mirándonos.
Una alarma sonó en mi mente.
Lo había visto en el parking.
Estaba segura, pero no quería parecer paranoica.
Porque al fin y al cabo, del parking a las puertas de embarque, es el camino más común, para la gran mayoría de los que visitan el aeropuerto.
Así es que no le dije nada a N.
Pero N me soltó: -Por favor tía!! No necesitas más ropa interior! ¿40€ unas bragas?Espavila!
Y tiró de mi. Lo cual no hizo que dejara de pensar que esas bragas iban a ser mías. Pese a N.


Nos sentamos frente a la puerta de embarque mientras saboreábamos los frappuccinos.
Él se sentó en el otro lado. Pero iba a la misma puerta.
Nos miraba. Sin disimular.

N y yo seguíamos comentando el tema de publicidad de mi Bakery.
Hornear me desestresa y en mi mente me siento menos zorra inhumana.
Y parece ser que se me da bien. Así es que si, tengo una bakery, horneo bollitos y ajusticio. Porque decir que mato me suena algo fuerte.
Aunque el cambio de verbo no lo hace menos cierto. Matar, mato.

Nos formamos frente al mostrador, para embarcar.
Él se colocó justo detrás nuestro.
Sentía su mirada clavada en nosotras.
En cambió N seguía hablando como si nada.
Nada se alteró en su radar.
¿Lo tendría fundido?

Embarcamos sin problemas en un vuelo que iba bastante vacío.
Nuestros asientos estaban en el centro del avión. El suyo más adelante.
Colocamos nuestro equipaje sin problemas.
Siempre que me siento en un avión, reviso todo lo que hay en el bolsillo del asiento delantero.
Así es que revisé mierdas varias que vendían a bordo y le eché un ojo a la revista de la compañía. Hablaba de Porto y de Lisboa. Nada que a estas alturas no supiera ya.
Lo curioso es que él hizo lo mismo que yo.
N en cambio se sumió en una revisión de su teléfono. Esta mujer controla mil cosas con ese teléfono.
Las azafatas empezaron el tema de como sobrevivir a la falta de oxigeno a bordo, a si se estrella el avión, a si caemos al mar....Tengo tendencia a pensar, que en el supuesto caso que una de estas desgracias pasara, ni Dios nos salvaría.

El avión empezó a deslizarse por la pista, para coger velocidad.
Él giró la cabeza y sus ojos encontraron los míos. Me sonrió. Le sonreí y se volteó de nuevo.
¿Quién coño era ese tío?
No era nadie de ninguno de nuestros trabajos. Estaba segura porque reviso cada uno de ellos con obsesión.
N que controla todos los archivos no había puesto atención en él para nada. Entonces, ¿qué estaba pasando?

Despegamos y N decidió cerrar los ojos un rato y apoyó su cabeza en la ventanilla. Yo saqué mi Kindle para leer un rato.

A los 30 minutos de estar en el aire, vi como él se levantaba de su asiento y se dirigía hacia nosotras. Yo seguí haciendo ver que leía. Pasó por mi lado. Iba al baño.
Me levanté de mi asiento para ir detrás suyo.
El baño estaba ocupado.
Caminó hasta el final del avión y se dió la vuelta. Nos miramos sonrientes y caminé hacia él.
-Hola. ¿Nos conocemos? Ahí yo, directa. Las directas descolocan al adversario.
-Hola. Pues diría que no. Sin duda me acordaría de ti.
Anda mira, nos había salido galán.
-A la que si conozco es a tu amiga.
¡Joder! ¿ N?
-¿En serio? Pues ella no me ha parecido que te reconociera.
-Bueno... digamos que el día que nos conocimos íbamos disfrazados.
-Perdonaaa. Y me reí con ganas. ¿N?
-Si. Él parecía divertido con mi reacción. Estábamos en una fiesta vaquera. Y tal vez por eso, o más bien por no llevar el sombrero vaquero y las botas, no me ha reconocido....bueno y... era de noche...
¡Pta madre!¡Era el vaquero!
-¿Y tienes nombre?¿o te llamo llanero solitario?
-Jordi. Encantado...
-Ow, me llamo D.
-¿D?
-Si. Su expresión me pareció divertida. El llanero solitario me parecía de fiar.
No le iba a llamar Jordi pudiendo llamarle Llanero solitario, no?

Entablamos una conversación donde me contó que iba a solucionar, no se que historias, de un concesionario automovilístico. No me interesaba.
Nosotras? Mmmm un par de días de chicas sin más.
Nos alojábamos en el mismo hotel. A N no le iba a gustar. Para nada.
Hablamos de quedar para tomar algo y blablabla. N se negaría.
Por supuesto como mentirosa sociópata que soy le dije que si...claaaroooo.
Me despedí para regresar a mi lugar y dejar a ese hombre entrar en el baño.
Joder.
Joder.
La desperté, sin miramientos.
-¿Estás loca? ¿Qué pasa?
-Nena... a ver cómo te cuento esto...recuerdas al vaquero?
-¿Qué vaquero?
-El vaquero de la fiesta vaquera. El puto Llanero solitario, joder!
Me miró flipando.
-Si, vale, el llanero solitario. ¿Qué pasa con él?
Le solté todo el rollo desde las bragas de La Perla hasta hacía apenas unos minutos.
-¡No jodas!
-Seeeeee
-Mierda.
No le gustó.
En cambio a mi si. Estaba bueno. Siendo objetiva...muy bueno.
Él pasó sin mirarnos y se sentó en su lugar.
-Cámbiame el sitio.
Ay Diós.
Su culo aguantó en el asiento un par de segundos.
Fue a por él.
Ví como le pasaba por delante para sentarse en el asiento vacío que estaba a su lado.
No escuché nada de nada, evidentemente.
Pero ví que él charlaba y gesticulaba.
Le escuché reir.
N se levantó, le sonrió y volvió a mi lado.
-¿Qué?
-Le he contado que estamos en plan rollo chicas, pero que tomábamos algo con él.
-Aja...y lo haremos?
- Iba a decirle que nanai. ¿Pero tu lo has visto?
- Seee. Está bueno, si.
-Pues eso.
-Tiene un coche alquilado. Nos va a llevar al hotel, que hay que joderse con las coincidencias. Como si no hubiera hoteles en Porto.

Pasamos los veinte minutos restantes de vuelo hablando de nuestras cosas. Y yo pensando en un super masaje que tenía claro que me merecía.

Él salió antes que nosotras, pero nos esperó.
Caminaba delante nuestro. Iba parloteando.
Creé un grupo de whats para las cuatro.
Hi-yo Silver!
No podía tener otro nombre.
Hice un resumen de la situación.
X se partía de risa.
A iba conduciendo.
Nos veíamos más tarde.

Tiempo de sobra para comer, masaje y un lo que surja para N...
La musiquita de cabecera de El llanero solitario sonaba en mi mente. Qué simple soy.
Nos montamos en su coche.
N ojeó las notificaciones de Whats y me dedicó una mirada asesina.
No pude más que estallar a reir.
Y cambié el nombre de N de mi contacto: Western girl.
Le quedaba mucho mejor, sin duda.