viernes, 18 de diciembre de 2020

Capítulo 32

 O

Otoño


Abrí un ojo con dificultad.

Me dolía la cabeza horrores. ¿Qué coño había bebido la noche anterior? Por noche anterior entendíamos hacía apenas unas horas. Mierda. 

Me froté la cabeza intentando aliviarme. No lo conseguí. Pero recordé, que mi cabello estaba creciendo sin sentido alguno. Es lo que pasa cuando te rapas a lo loco. En un arrebato. Que sale como le da la gana. Saqué los pies de la cama y me incorporé, quedándome sentada. Por Diosssssss, llegar a la ducha iba a ser todo un periplo.

A duras penas y apoyándome en alguna pared llegué al baño. Calibré la opción de ducharme a oscuras, pero no había suficiente luz. El paso al invierno, antes del cambio de hora, hace que la luz del día no asome hasta las ocho de la mañana. Apenas eran las 7. Así que tenía que soportar la luz o correr el riesgo de lavarme el pelo con el gel íntimo. Me reí yo sola. Si no tenía pelo! Que más daría!

La ducha me sirvió. Conseguí abrir los ojos en su totalidad. La luz brillaba demasiado. Pero tendría que aguantarme. Culpa mía. Me sequé frente al espejo del baño. Joder. Casi no me reconocía. La imagen que reflejaba era de alguien duro e insensible. No lo soy. Pero me gusta aparentarlo, hay que confesarlo. Me hacía caminar más segura...casi imponente.

Regresé a la habitación buscando mi reloj, mis zapatillas... Y ahí estaba ella durmiendo boca abajo. Nunca he conseguido conciliar el sueño en esa posición. Pero es la posición en la que siempre duerme ella. Apacible y tranquilamente. Casi la envidio por eso. Su alarma empezó a sonar...Travis Birds cantaba.... Te vas y como los perros de caza rastrean su presa yo corro detrás.... Dejó sonar la canción, era una de sus preferidas. Confieso que a mi también me gustaba, diría que era de tanto oírla. Pero noté el cambio en su respiración, supe que estaba despierta.

Acerqué mi mano a su cabellera rubia, desparramada en mi almohada. No llegó a ser caricia... fue un roce. Rocé su cabello y su hombro, casi imperceptiblemente. Sonreí. Dios... que feliz me hacía. era una imagen casi idílica. Por eso la rocé. A veces sientes que si tocas algo bello, podrías hacerle daño, ensuciarlo, que se yo.... si, es posible que adorara a esa mujer, más allá de lo que era razonable. Pero... qué es razonable y según quién? Baaaaaaa. Mamadas.                                           Se movió justo a tiempo para ver como me alejaba de la cama. 

-Bfffffffff, ya te vas? Mierda...llego tarde?

Se sentó en la cama, con el cabello alborotado. En su camiseta se leía "The Doors". Esa era sin duda una de las imágenes que mi mente atesoraría.                                                                                 -Seeeeee, es tarde Rubia, para mi, para ti todavía no. Ya sabes, "contra el mal: La hormiga atómica". Tengo que salir a cazar a los malos.                                                                                Sonreí. Me devolvió la sonrisa a duras penas. El tequila pasa factura, está claro.

-Oye O... me prestas ropa interior, verdad?                                                                                       -Claro.... pero prefería quitársela, eso también estaba claro. -Come algo, va a ser un día duro.          - Puaj O, cállateeeeeeee, voy a vomitaaaar.                                                                                     Me reí y cerré la puerta tras de mi. Lluna vino corriendo. Se restregó contra mis piernas y fuimos juntas hacia la cocina. La dejé salir al jardín mientras yo metía una cápsula en la cafetera.

La miré a través del cristal de la ventana. Corría por el césped. Otra con la melena alborotada.  Y si alguien me estuviera viendo desde fuera, todo esto le hubiera parecido un marco de felicidad incomparable.... casi lo era....casi. Puto casi.

Metí el café en un vaso de cartón. Seeee, ahí ya se rompía el puto marco de felicidad. Un vasito de cartón no es comparable a la taza de café humeante entre las manos. Me puse las gafas de sol y cerré tras de mi, dejando a Lluna en el jardín. Habría sido imposible meterla, ni lo intenté. Me senté en el coche dejando el vaso de café en esos circulitos que son propiamente para eso... para eso y para que no hagas un puto desmadre, en el coche, a las 8 de la mañana. Puse en marcha el coche y busqué la canción del despertador. Bajé la ventanilla y salí de mi casa a toda leche. Conducir despacio me aburre.

Canté con Travis. Mal, para que engañarnos.  

Te quiero

De una manera tan extraña que cuando lo cuento
Noto algo sumergido al fondo de mi pensamiento
Que baila conmigo hasta hacerme dormir
Y en sueños te veo
Como una herida abierta inmune del paso del tiempo
Estoy casi desnuda y temo que si me convenzo
Vaya a perseguirte buscando salir
El propio argumento quizá
No sea tan tarde y aún pueda salvarte de la tempestad
Por ti a cucharadas me tomo los restos que puedan quedarte
Te vas
Y como los perros de caza rastrean su presa yo corro detrás
A tierra y barro me cubro cuando te vigilo como un animal
Oculto a la merced del viento
Que lleva por capricho mi lamento

...Y empecé el día sucediendo al día anterior, sin más, como suceden las cosas cotidianas.                  Solo me quedaba deshacerme del cuerpo que estaba en mi maletero. Lo dicho, mi vida no era exactamente un marco de felicidad... ni se le acercaba... 

Te vas
Y como los perros de caza rastrean su presa yo corro detrás
A tierra y barro me cubro cuando te vigilo como un animal
Oculto a la merced del viento
Que lleva por capricho mi lamento




No hay comentarios:

Publicar un comentario