D
México DF
Un coche me había pasado a buscar por el Aeropuerto de la Ciudad de México.
Demasiado tiempo sin pisar esa ciudad.
Miré por la ventanilla de cristales oscuros.
El tráfico, a cualquier hora, es una locura.
El olor.
Esa ciudad siempre era un viaje mental al pasado.
Tengo mente asociativa. Me acabo de inventar el término, pero no encuentro otra manera de explicar qué me pasa. Asocio lugares con personas, u objetos, pero principalmente, ciudades.
Desde el minuto uno, supe que acudir a esa invitación sería un reto mental para mi.
Pero no supe negarme. No quise. Decir no es algo que no se me da bien. Es un hecho.
Vi el Ángel de la Independencia e imaginé el bosque de Chapultepec un poco más adelante... el museo Nacional de Antropología...
El coche me dejó en la entrada del hotel. Al bajarme me volví a ver a la Diana Cazadora. La melancolía no suele estar en mi pero ese día me acompañaba.
Juan, mi conductor, bajó mis maletas y se las entregó al portero uniformado del hotel. Me despedí de él, dándole las indicaciones necesarias para el día siguiente. Mi plan para el resto del día no le incluía.
-Buenas tardes señora, es un placer que vuelva a hospedarse con nosotros. Y me dedicó una sonrisa sincera.
-Buenas tardes Jaime, encantada de volver a verte.
Dejó mis maletas en recepción y le dí una propina, qué guardo rápidamente.
Entregué mi pasaporte para poder hacer el check in.
-Señora, es un placer volver a recibirla en nuestro hotel.
-Siempre es una buena elección.
-¿Tiene previsto disfrutar de la piscina y la zona de spa?
-No creo que tenga tiempo, Andrea, gracias.
Me gusta dirigirme a ellos por sus nombres. Hace de esa relación algo más cercano. Hace que se acuerden de mi y eso viene bien.
-Nuestra chef ha pedido que le informáramos cuando usted llegara al hotel. Si usted me da su conformidad le pasaremos una nota ahora mismo.
Sonreí.
-Claro, me parece estupendo. Gracias de nuevo.
-Aquí tiene su llave. Le subirán el equipaje inmediatamente.
-Gracias.
Entré en el ascensor completamente absorta en mis pensamientos.
Habían pasado 2 años desde la última vez que había visto a Mary. Conseguimos coincidir en Barcelona en un curso de pastelería.
Nuestra relación se remontaba a unos cuantos años atrás. A pesar de vernos poco, siempre estábamos en contacto.
Pasó a ser chef en ese hotel hacía apenas unos meses.
Había regresado a México después de una década en Europa, pensando que solucionaría no se cuántos problemas familiares.
Craso error.
Los problemas se la estaban comiendo viva.
La suite tenía unas vistas imponentes.
Conecté mi teléfono al Wifi del hotel.
Mandé mensajes a mis hijos. Creían que estaba en Mallorca ... no le había contado a nadie donde estaba.
Mejor así.
Mary llamó a la puerta diez minutos después de que llegaran mis maletas.
Nos abrazamos.
-Te veo estupendamente.
-No mames. Tu si que estás estupenda.
-¿Vamos a echarnos flores mutuamente? Nos reímos.¿Has terminado de trabajar?
-No wei, me queda una hora más o menos. Te da tiempo a arreglarte y descansar un poco si quieres.
La observé. Esa mujer necesitaba descargarse de problemas.
-Me doy una ducha y me echo una minisiesta. ¿Te veo en hora y media? ¿Va?
-Va! Me abrazó de nuevo, creo que aliviada de que hubiera aparecido para ayudarle.
Después de la ducha reparadora fue cuestión de minutos que me quedara frita.
Caí en un sueño profundo, hasta que mi alarma me devolvió a la realidad.
Empecé un trabajo arduo de chapa y pintura, porque frente al cansancio y la falta de sueño, o le llamo chapa y pintura o magia directamente.
Me faltaba peinarme cuando Mary tocó a la puerta.
-Ya estoooy. Al tiempo que abrí la puerta.
Mary ya llevaba ropa de calle. Sonreía de oreja a oreja.
-Qué alegría que estés aquíiiii. Y me abrazó de nuevo. Con lo rancia que yo soy y lo efusiva que es esa mujer.
-Ya estáaaaa....suéltame ya!
-jajajajaja
También reí.
Salíamos de la habitación diez minutos después.
La seguí por el hotel, hasta llegar a donde estaba aparcado su coche.
La verdad es que ese coche había pasado mejores épocas, estaba claro.
-Sé que crees que se cae a cachos. Pero es el coche de mi madre.
Levanté las manos a modo de expresión, lo que tu digas! Al tiempo que me montaba en el auto.
Salimos a Reforma y a pesar del tráfico, en veinte minutos, a lo lejos reconocí el Palacio de Bellas Artes.
-¿Has conseguido descansar? Estás muy callada.
-He dormido un poco, si. Pero desde que he pisado suelo mexicano que me invade una especie de melancolía.
Justo en ese momento estábamos un poco lejos, pero a la altura de la plaza de las tres culturas.
-2 de octubre no se olvida. Musité.
Sonrió. -Ya sabes que no! Así no ha manera de pasarse por alto tu cumpleaños.
-Exactamenteeeee.
Sonreí al tiempo que Mary entraba en Tepito.
Miré al cielo. Recordé la historia de los papalotes sobrevolando el cielo de Tepito, allá por la década de los 80, antes del temblor. Intenté imaginar como se debían ver esas calles por aquel entonces. Recordé a mami Martha. Recordé, como si fuera una película.
Los años arañan la memoria.
Mary metió el vehículo en la cochera de una casa baja. De la misma época que el coche, a juzgar por su aspecto. No me bajé del coche hasta que ella hubo cerrado la puerta y ya no podían vernos desde fuera.
-Ven, por aquí.
La casa, que por fuera parecía modesta, por dentro era amplia y con muebles nuevos. No modernos, pero si nuevos.
La señora que se acercó a nosotras era la mama de Mary. No nos conocíamos en persona, pero la reconocí por las fotos que había visto de ella.
-Owww, eres D, qué alegría conocerte al fin!! Qué contenta estoy!
-Igualmente señora. Su hija me ha contado tanto de ustedes, que es prácticamente, como si les conociera.
-Pasa, pasa.... estaba cocinando.
Me dirigió a la cocina, espaciosa como el resto de la casa. Daba a un patio interior que propiciaba una luz extra a la casa.
Sentada en un banco, frente a la mesa de la cocina estaba la que adiviné era la hermana de Mary. Estaba desgranando judías. Levantó la mirada y me sonrió al tiempo que me dijo hola.
-Hola, tu eres Daniella, verdad? Le tendí la mano.
-Si, así es. Encantada. Y me dió la mano.
Hice como si no viera las heridas de su cara.
Estaba claro que todos las veíamos, mi sorpresa no habría servido para nada.
Tenía tres grandes heridas sin cicatrizar, que surcaban su cara y dos de ellas se adentraban en su cabello.
#ptamadre !
-Siéntate... ¿Quieres un tecito?
-Gracias señora.
Mary se quedó de pie y empezó a hablar. No tenía intención de alargar esa situación.
-Dani, D va a ayudarnos. Ella sabe manejar situaciones complicadas como la nuestra.
Daniella asintió.
-Señoras, entiendo que las medidas radicales aquí no son posibles. No voy a hablar con metáforas ni adjetivos velados. Me queda claro que si la solución pasara por hacer desaparecer a ese individuo habrían sabido solucionarlo sin mi.
Su muerte provocaría una especie de vendetta y la situación en lugar de terminar se haría eterna.
Si no podemos matar al perro..... y miré directamente a Dani.
Tenemos que sacarte a ti de la ecuación. Antes de que él acabe contigo.
-Él sabe todos mis movimientos. Musitó
-No te preocupes, todo saldrá bien.
Asintió.
-Mañana acompañarás a tu madre a comprar, como todos los días. Te aseguras que todos recuerden haberte visto. Después de eso, desaparecerás. ¿Tienes todo preparado?
-Si.
La mama de Mary tomó un sorbo de su té y dejó la taza sobre la mesa con tranquilidad.
- D, mi hija estará bien?
-Yo la protegeré. Estará en México, pero lejos de aquí. Voy a brindarle toda mi ayuda. En un tiempo podrán visitarla y con un poco de suerte podrán olvidarse de toda esta mierda.
Asintió.
-¿Te quedas a cenar?
-No, se lo agradezco, pero la verdad es que estoy super cansada. Necesito dormir más que cualquier otra cosa.
Se levantó y me abrazó sinceramente.
-Gracias.
Asentí.
-Daniella, nos vemos mañana.
-Si. Sonrió, o eso creí. Su pobre cara era un poema.
Regresamos al hotel en silencio. El sol apenas se estaba retirando.
-Entro en cocina y te preparo un sandwich, no voy a permitir que te duermas sin comer nada.
-Taa bieeen... Seguí mirando la ciudad...recordé las fotos de mi hijo en el Hemiciclo a Juárez... me sentí como una anciana... ¿cuántos años habían pasado? Mil? Joder.
Entramos por la puerta de servicio, subí a mi suite al tiempo que Mary pasaba por la cocina.
Si digo la verdad, si necesitaba comer algo. Y una Coca-cola. Necesitaba una Coca-cola.
Entré en la habitación al mismo tiempo que me descalzaba.
Cambié mi camisa por una camiseta de Star Wars que rezaba: Soy del lado oscuro. Y tan cierto.
Al entrar en la zona wifi del hotel mi teléfono había enloquecido.
Parece ser que mucha gente tenía conversaciones pendientes conmigo.
Me senté en el sofá y empecé a contestar mensajes. Si digo la verdad, sólo estaba esperando mi cena. Una especie de solución para no quedarme dormida sentada.
El cansancio se me debía notar porque al llegar Mary con mi cena, no pudo más que decirme:
-Me voy, la verdad es que si se te ve cansada.
-jajajajaja, lo estoy, pa que mentirte....
-Mañana a eso de las 11 estamos aquí.
-Tranquila, ya he quedado con mi chofer y tengo la confirmación de los vuelos. Antes de que anochezca estamos en Punta Allen.
-Te quiero D.
-Y yo a ti.
Otro abrazo más. Evidentemente.
Me hubiera quedado dormida en ese sofá....pero me obligué a meterme en esa seductora cama.
Me desperté un par de veces, antes de que sonara mi despertador, pero conseguí descansar y recuperarme al 100%.
Así que cuando sonó el despertador estaba como una rosa.
Me metí en la ducha con energía renovada y justo anudarme el albornoz llamaron a la puerta, era mi desayuno. Bfff, tenía hambre canina.
Dispusieron los platos ordenadamente en la mesa del salón. Di propina y puse la televisión en marcha. Iba a desayunar tranquilamente, con tiempo, mientras me ponía al día con las noticias del mundo.
Devoraba un bol lleno de piña cuando caí en la cuenta de que mi teléfono estaba abandonado en algún sitio. Lo encontré en medio de las sábanas.
Tropecientas mil llamadas perdidas.
Trescientas mil notificaciones de whatsapp.
Bffffff.
Sentada con los pies encima de la mesa me dispuse a ver qué pasaba.
Joder.
Joder.
Lo más importante, los mensajes de Mary. No encontraban a Daniella.
Me había llamado hacía medio minuto.
Le devolví la llamada con urgencia.
Descolgó casi inmediatamente.
-La ha matado D.... No llegamos a tiempo, no pudimos... Espere demasiado... Balbuceó ininteligiblemente.
Mierda.
-Mary, estás en casa?
-Si...
-Voy!
Llamé a Juan quien por suerte estaba cerca y podía pasar por mi.
Me arreglé como pude en diez minutos y en menos de media hora estábamos camino a casa de mi amiga.
No había coches de policía.
Ni ambulancia.
Nada. Como si no hubiera pasado nada.
Le pedí a Juan que me esperara. No tenía claro que estaba pasando dentro de la casa.
-Mary, estoy aquí. Ábreme.
La puerta se abrió automáticamente.
Dentro reinaba el silencio más absoluto.
Caminé por la casa hasta llegar al patio que el día anterior me pareció tan luminoso.
En el centro, tumbado en el suelo, el cuerpo de Daniella. Su madre la acunaba mientras le acariciaba la cabeza.
La sangre las bañaba a las dos.
La señora ni me vio, su mirada estaba perdida.
Mary no estaba.
Caminé hacia la cocina sin sacarme de la mente la imagen de esas manos ensangrentadas acariciando a Daniella.
Mary estaba en la cocina.
En el banco dónde hacía apenas unas horas, Daniella desgranaba judías, había un hombre sentado. El hombre estaba manchado de sangre y tenía las manos atadas con bridas, al mismo banco.
Me miró, con resignación, no había esperanza en él.
-Mary....
-D, te quiero, pero tengo que pedirte que te vayas. Nada de lo que va a suceder aquí debería salpicarte.
Asentí.
-Te doy de nuevo las gracias, pero vete.
La abracé, como se merecía. Me marchaba, pero no estaba sola.
Le di un beso en la mejilla.
-Hablamos en unos días.
Y me fui, tranquilamente, sin prisa.
Juan me abrió la puerta del coche.
Le pedí que me llevara al hotel y no medie palabra alguna.
Me espero pacientemente mientras recogía mis cosas.
Hice un check out rápido y justo a la hora prevista estaba de camino al aeropuerto.
Llegué a Punta Allen al tiempo que el sol desaparecía en el horizonte.
La casa estaba preparada para mi llegada.
Me descalcé y me saqué los jeans. Me tiré a la piscina con la camiseta puesta. Floté en el agua durante mucho rato.
Me acerqué al borde de la piscina para coger mi teléfono.
Llamé sin importarme la hora que era en el otro lado del mundo.
Descolgó.
-Hola D, qué pasa?
-Nada... todo...no se....
- Te escucho...
-Recuerdas ese hotel en la Doctores?
-jajajajaja, si, claro que me acuerdo.
-La primera vez que fuimos a la casa azul?
-Aja.....
El día llegaba a su fin.... y la conversación apenas estaba empezando....nos llevó más de una hora.
No le dije dónde estaba, ni que había pasado pero...
Conseguí sacarme esa melancolía que me había acompañado desde la llegada a México.
Ese país llevaba el nombre de ese hombre, quisiera yo o no. Y en adelante también el de ella.
Daniella iba a acompañarme durante mucho tiempo.
Tumbada en una hamaca con la mente en blanco, solo alcancé a descubrir una gran verdad:
El cielo nocturno en Punta Allen es mágico.
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