jueves, 22 de agosto de 2019

Capítulo 24

M


Estaba tomándome el café, sentaba en el taburete de la cocina.
Observaba a mi familia.
Adoro a mi marido. Pero el hecho de que el desconozca cosas sobre mi, me hace pensar que yo desconozco cosas sobre él.
Eso no me gusta.
Todos los divorcios dejan a la luz las verdades insoportables de ambos.
Descubres que tu marido puede putearte hasta la saciedad.
Y tu puedes hacerle la vida imposible.
Y ahí estaban mis hijos.
Traemos niños a este mundo predestinado a la extinción. Vale aquí me he pasado un poco. Pero es que a este paso, poca solución le veo.
Pero soy optimista. (Quiero serlo)
Reciclo, concienzudamente.
Ayudo al prójimo.
El prójimo me da por culo.
Asisto a talleres de mindfulness.
Hago yoga dos veces por semana.
Pero el prójimo sigue dándome por culo.
Metafóricamente hablando.

Después de eso y de esos ciclos interminables, solo me quedaba participar en las actividades del grupo.
Mis funciones siempre son inofensivas. Conseguir información que no se puede conseguir en redes. Se lo inverosímil que puede parecer. Pero hay mucha información que no consta en ningún archivo de tipo informático.
También hago seguimientos.
A veces me siento como una de los Ángeles de Charlie.
Farrah Fawcett para ser más concretos.
Y lo confieso, el grupo me funciona mejor que el mindfulness de los cojones.

Volví a la realidad, porque al parecer mi amadísimo esposo me estaba hablando, quién sabe desde cuando...
-Perdona... Dije levantando la vista. Ahí estaba ese hombre mirándome perplejo.
-No has escuchado nada de lo que he dicho, verdad? Lo dijo con los brazos en jarras. Qué poco me pone esa pose. Lo miré ladeando la cabeza.
Joder.
-mmmm pues... de la cena, me estabas hablando de la cena.
-Si, exacto. Y qué opinas?
-Me parece perfecto. Ni idea de que me estaba hablando, pero no iba a preguntarle. Iba a poner los brazos en jarras de nuevo y yo no iba a soportarlo.
Mucho mejor darle la razón.
Me levanté sin gana ninguna.
Al pasar por su lado le di un beso y le susurré...no pongas los brazos en jarras, xdios.
Sonrió.
Los niños irrumpieron con sus mochilas y sus voces chillonas.
Discutían...qué novedad.
Su padre y yo nos miramos y pusimos los ojos en blanco.
Ser padre de más de uno consiste en eso. Mediar entre ellos para que no se maten, o para que no acaben con todo lo que les rodea. Incluidos sus padres.

Salieron los tres por la puerta, dejándome sola en casa.
Sincronicé mi teléfono con los altavoces.
Best guitars and machines sonó en el salón.
Canté, porque Joey de Concrete Blonde me da buen rollo.
Repartí la documentación de Armendieta por encima de la mesa.
Tenía que reconocer que era un tipo atractivo.
Hasta me parecía interesante.
Esta es la parte mala de este trabajo. La que no llevo bien. Para gestionar bien las situaciones hay que familiarizarse con las personas. Sus hábitos, sus manías....Había malos muy malos...pero había otros que no lo eran tanto.
A Armendieta no lo tenía catalogado ... todavía.
Todo el trabajo estaba programado, solo tenía que familiarizarme con él.
A tenía todo bien ordenado.
Me dispuse a estudiar todo detenidamente. Me concentré en el tema. Pensaba repasarlo una semana antes de ejecutarlo pero iba a memorizarlo para tener todos los datos en mi cabeza.
Decidí que iría en coche y que iría sola.
Concentrarme en conducir me ayudaría a estar centrada en el trabajo.

Mi teléfono vibró.
Era D.
-Qué pasoooo.??
D se rió.
Una vez escuché a D hablar  por teléfono. Ella es española, pero cuando habla con su exmarido, lo hace con acento mexicano.
No lo entenderé nunca. Pero ella no puede evitarlo. Cuando habla con él, o está en México,  es mexicana.
Por eso y por lo de mi tontería, cada vez que me llama por teléfono contesto mexicanamente e intento decir algún Wey en alguna frase.
Soy muy tonta.
Pero nos reímos.
-¿Cómo vas? Se refería a Armendieta.
-Pues bastante bien. A tiene todo listo, ya sabes como es. Solo tenía que repasar todo.
-Si quieres puedo acompañarte. Pero no quería, se le notaba en la voz.
-Para nada. Puedo hacerlo sola. Tu tómate tu tiempo, no pasa nada.
-Segura?
-Segurisima. X es mi soporte, todo saldrá perfecto.
Hablamos de sus cosas y las mías. Y de pronto estalló en risas.
-Por cierto, a ti no se te puede dejar ver series, verdad? En serio quieres que nos pongamos nombres de ciudades? Vas a querer que adoptemos el Bella Ciao como himno del grupo?
-Siiiii, tu podrías ser México... La imaginé poniendo los ojos en blanco...me reí.
-Mira nena, yo si tengo que ser alguien quiero ser Tokio que está buenisima y se beneficia a Río! México dice...no digas chorradas!
Nos reímos.

Colgamos y me quedé pensando en Río...
Río no era de los que ponían los brazos en jarras...verdad?
Me vi fantaseando con él.
La monogamia es, a veces, algo aburridísimo.
Yo quería ser una Ángel de Charlie que se tirara a Río... y en lugar de eso, tenia que preparar la comida de los niños.
No, esto no me parecía justo para nada.
Deseaba la libertad de las otras.
La facilidad del "aquí te pillo aquí te mato" de D.
La frescura de N.
Los surferos de X.
Vale a los surferos más que todo lo anterior.
Joder.
Esto debía ser la crisis de los 40 o algo así.

Llamé a X.
-M, que pasa? Su voz era somnolienta.
-Estás dormida?
-Noooo, bueno, estaba.... qué pasa? 
No estaba sola. Escuché como se movía y se encerraba, supuse que en el baño.
-Cuéntame.
-Te vienes conmigo a lo de Durango?
-Mmmm, bueno, ya eramos compis en eso. Estaba un poco desconcertada.
-Quiero decir juntas. ¿Pasamos dos días de chicas?
-Uy....qué mal te veo nena....
-Eso es un si?
-Yasssss.
Colgué, y estaba contenta.
Los Waterboys y yo cantamos The whole of the moon y cociné felizmente.
Había decidido que iba a jugar a ser una ángel de Charlie, libre.



Vale, es posible que no lo hubiera pensado mucho.....