miércoles, 27 de marzo de 2019

Capítulo 21

Punta Allen, QROO
D

Estaba a punto de clavarle la pata de la silla en el ojo.
Ese puto holandés estaba taladrándome la poca materia gris que debía quedarme sobria.
Me levanté dispuesta a largarme de ahí sin tan siquiera despedirme de ese elemento, del que evidentemente no recordaba ni el nombre.
Pero no va el impresentable y me agarra del brazo...
-¿Qué haces, subnormal?
Y me contestó, todo airado, no entendí una mierda de lo que dijo. Lo malo es que no me soltó el brazo. Con imbécil me quedo corta.
-Déjala.
Hostia, ahí teníamos al príncipe azul.
No se si lo hice a cámara lenta o solo me lo pareció, pero el caso es que al darme la vuelta, ahí estaba mi príncipe azul, todo un surfero propio de X.
Le sonreí, cuando quiero soy encantadora.
A ver, no necesitaba que el surfero me salvara de nada....
¿Pero, he mencionado que estaba cañón?
Pues estaba cañón. Y yo fatal.
La parte sobria de mi cerebro me aconsejó que saliera por patas. Que me veía venir.
La otra parte, que en ese momento debía sobrepasar el 80% me dijo, quietaaaaaa, pon un surfero en tu vida.
El caso es que el holandés me soltó y en lugar de salir corriendo, que en ese momento hubiera sido lo más sensato, caminé, acompañada por mi príncipe azul, hasta mi coche.
¿Sensata yo? ¿Cuándo?

-¿Estás bien?
Qué majo, oigan.
-Sip, gracias. La verdad es que el holandés no era peligroso, pero gracias de todos modos.
-Se ve que sabes defenderte sola. Pero era mi oportunidad para acercarme a ti...
Anda, mira tu qué bien.
-Confieso que llamas la atención.
-¿Yo? Yo? En serio?
-No formas parte de ninguno de los grupos turísticos. Pareces local, pero está claro que no lo eres. Tu -no bronceado- lo confirma.
-Jajajajajajajajaja. No pude hacer más que mearme de la risa. Todo cierto, al 100%.
Nos reímos juntos.
-Además, antes de irte le has dedicado un movimiento de cabeza al camarero, y juraría que te has ido sin pagar.
Vaya, vaya, el tipo era observador.
-Me sorprendes.
-¿Gratamente?
-Mmm, puesss diría que si. Haciendo un análisis rápido, el surfero debía estar en los 35, era de buen ver, inteligente, interesante, en definitiva.
-Me llamo D. Dije tendiéndole la mano.
-Scott. Sonrió al tiempo que asía mi mano.
-Un nombre muy inglés para alguien con un aire tan latino.
-Madre escocesa, padre mexicano.
-Ahh, eso lo explica todo. ¿Qué haces en Punta Allen?
-Desconectar. Ecoturismo lo llaman.
Sonreímos.
-Este es mi coche. Dije justo al quedar al lado de mi Wrangler lleno de mierda. Antes, era blanco.
El escocés no me preguntó qué estaba haciendo yo, en la nada idílica, que es esté rincón del mundo.
Eso no hizo más que hacerle ganar puntos.


-¿Y si te propongo algo para que no te vayas tan pronto?
A tomar por culo la sensatez y la cordura, lo veía venir.
-Te escucho atentamente. Todo lo atentamente de lo que era capaz.
- Vamos a nadar.
-No se puede nadar de noche en esta playa...y está a punto de apagarse la electricidad. En este paraíso no llegan las señales de móvil y la electricidad está restringida. Siempre que no tengas algún sistema en casa, que te permita tener electricidad, fuera de la red pública. Si, yo si tenía electricidad e internet...
Y en mi casa hay una piscina que quita el sentido....
Pero no iba a ser yo la que lo propusiera, iba a ver hasta dónde llegaba el surfero.
-¿Vives cerca? Vale, el escocés sabía lo que quería.
-Hmm, si.
No medió palabra y me abrió la puerta del coche con una sonrisa. Me senté al volante en lo que él cerraba mi puerta y se pasaba al lado del copiloto.
Voy a decir que se puede vivir aquí sin un coche tipo Jeep, pero a veces la única carretera que une esta zona con el resto del mundo es un barrizal y uno agradece tener uno de estos vehículos.
El motor ronroneó. Adoro este coche.
Scott no dijo nada durante el trayecto.
Para el que no vive en esta zona, no deja de sorprenderle que esta carretera sea un simple camino, lleno de arena, la mayoría del tiempo, rodeado por ambos lados de una espesa vegetación.
Levanté la vista al cielo.
El firmamento estrellado era un lujo.
Scott me imitó.
-Esto es una pasada.
Sonreí.
-Lo es

No hay una señal que indique el camino de entrada a mi casa. Se lo pasaría cualquiera que no hubiera venido antes. Giré el volante a la izquierda, para meterme en el camino de acceso, por el que solo pasa un coche. Las ramas golpeaban la carrocería y los neumáticos.
Tengo un jardinero, cuidador o llamémosle lo que sea, que mantiene todo esto habitable, todo el año.
Pero está claro que su coche es más pequeño que este.
El camino se hace más ancho, hasta terminar en  un medio circulo de tierra que sirve de distribuidor, de acceso y de estacionamiento.
Aparqué de cualquier manera. Como siempre.
Bajamos al mismo tiempo. Scott echó una mirada.
Las lámparas solares iluminaban perfectamente el espacio.
Frente a nosotros había dos escaleras amplias, de peldaños bajos y anchos, también iluminadas con las mismas lámparas.
-¿Derecha o izquierda? Dijo mientras señalaba las dos opciones con ambos brazos.
-Izquierda. Dije abriendo camino.
Scott me siguió.

La casa acaba uniéndose, subas por donde subas.
Pero esa escalera nos llevaba directamente a la piscina.
Scott se quedó de pie frente a la piscina y me secundó en lo de quitarse las chanclas.
Fui a por dos toallas. Cuando regresé Scott ya estaba dentro del agua.
-Oye, esto es genial.
-Lo se.
Me saqué la ropa que tiré al suelo de cualquier manera.
Vivir aquí es sencillo. Fácil. Descomplicado.
Salté al agua con cero estilo.
El escocés besaba estupendamente bien. Todo lo hacía bien. Demasiado bien. Demasiado como a mi me gusta. ¿Como si le hubieran pasado un guión?
Mal pensar va inherente en mi.
Pero decidí bajar la guardia, dejarme llevar...a lo mejor solo era alguien que fortuitamente, se había cruzado en mi vida....
Consiguió que me olvidara por completo de todo.
Terminamos tumbados en uno de esos sofás que decoraban tan bien y en los que nunca me había tumbado antes. Hice, sin duda, una buena compra.
Si la cuestión fuera alabar las virtudes de Scott, teniendo en cuenta el hecho de que no sabía más que lo bien que se desempeñaba en el tema sexual, decir que sabía guardar silencio sin duda sería una de ellas.
Así caí, en brazos de Morfeo.

Desperté un par de horas más tarde totalmente descolocada, física y mentalmente.
Tuve que agudizar mis sentidos para ubicarme.
Reconozco que encontrarme a Scott desnudo a mi lado me ayudó bastante.
Pensé en fugarme sigilosamente a casa y dejarlo ahí dormido. Ya estaba de pie y envuelta con la toalla a punto de irme....pero pensé en sacar provecho, al hecho de tener a un hombre desnudo, ahí mismo, para mi.
El sexo me proporciona un cierto nivel de poder. Me hace sentir bien, no solo físicamente.
-Scott. Susurré.
-Mmmm
Ptm. Hasta los tatuajes me gustaban, demasiado perfecto D, recuerda.
-Despierta...vamos a dentro.
Entreabrió los ojos y me sonrió. -Voy contigo a donde tu quieras...
Parfavar.
Se levantó y me dió la mano.
-Guiamé

Me detuve frente a la puerta de acceso al interior de la casa. Scott no guardó las distancias, se pegó a mi y me dijo al oido: -Esta toalla me molesta.
No, puesss, la toalla no impedía que notara de lo que estaba hablando.
Tecleé el código que abría la puerta, sin que él se percatara.
Entramos justo cuando había empezado a lamerme el cuello.
Llegamos a la puerta de la habitación de invitados. No iba a llevarle a la mía.
Me dio la vuelta y me quitó la toalla.
-¿Dime D, tu despertador va a sonar? ¿Tienes algo que hacer a primera hora?
-Si tenía algo que hacer, lo acabo de olvidar.
Y le besé, le  mordí y abrí la puerta de esa habitación dispuesta a fotografiar mentalmente sus tatuajes.
Yo que soy poco de sectas, casi me vi siguiendo a ese culo a cualquier cueva de las montañas de Utah. Si hay que venerar, pues una venera y se pone de rodillas, ya sea en Punta Allen o en Utah.


Estaba amaneciendo cuando nos quedamos dormidos.
Un segundo antes de caer en coma, anoté en mi puta mente calculadora:

  • Revisar su ropa, que ha quedado tirada en la piscina
  • Sacar imágenes precisas de las grabaciones de seguridad.
  • Investigar a este perfecto, perfecto, desconocido.
  • Llamar a N.
  • No dejar que Scott se vaya de aquí sin volver a apropiarme de su cuerpo.

Me reí.
-¿De qué te ríes?Dijo medio adormilado.
-De mi.
Y justo en ese momento  recordé que era madre.
Ptm.
Anoté en el número uno de mi lista, desbancando las mierdas detectivescas: Llamar a los niños.


Amanecía en la reserva de sian ka'an.
Media tarde en casa.
Media noche en mi mente cansada.